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Milei aprovecha el giro de Trump sobre Malvinas, que presiona a Reino Unido a más gasto en defensa

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PerfilMedio de comunicación argentino en convenio de colaboración con BioBioChile.

El cambio de postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respecto de las Islas Malvinas generó una ventana política para el mandatario argentino, Javier Milei, si bien la movida de Washington se inscribe en un pulseo más amplio con el Reino Unido por su gasto en defensa. Estados Unidos (EEUU) volvió a poner bajo revisión su enfoque sobre el archipiélago justo cuando aumenta la presión sobre Londres y sus socios europeos para que incrementen sus compromisos militares.

Las Malvinas surgen más como una carta de presión de Trump hacia Londres que como una defensa explícita de los intereses argentinos.

Todo ocurre en un marco signado por el nuevo compromiso de la OTAN, que fijó para 2035 elevar al 5% del PBI el gasto vinculado a la defensa: 3,5% para necesidades militares esenciales y hasta 1,5% para infraestructura, resiliencia y otras áreas de seguridad.

Washington busca que los países europeos asuman mayor carga en la defensa del continente y reduzcan su dependencia militar de Estados Unidos. El primer ministro británico, Andy Burnham​, se enfrenta así al reto de atender las nuevas demandas de la Casa Blanca sin ceder la postura histórica del Reino Unido sobre Malvinas.

Para el Gobierno argentino, la jugada de Trump envía una señal auspiciosa en un tema especialmente sensible para la sociedad. Pero también expone una contradicción para Milei, que durante años evitó avanzar en el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas y cimentó su política exterior en un firme alineamiento con Estados Unidos.

A ello se agrega su pública admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra de 1982. Ahora, el Gobierno podría intentar capitalizar un viraje de Washington que llega en medio de las fricciones de Trump con Londres por el gasto militar en la OTAN.

El frente interno vuelve esa oportunidad aún más tentadora. Tras el eco del gesto de los jugadores de la selección argentina en el último Mundial FIFA 2026, diversos sondeos indicaron que la soberanía sobre las islas mantiene un sólido apoyo social, a la vez que se fortaleció la percepción de que el Gobierno dedica poca atención a la cuestión Malvinas.

El punto clave para interpretar la maniobra de Trump es que, desde la guerra de 1982, Estados Unidos ha sostenido una postura históricamente prudente respecto del conflicto.

Por eso, que el ocupante de la Casa Blanca declare públicamente que está revaluando esa posición constituye un mensaje político significativo. Sin embargo, no implica aún un reconocimiento de la soberanía argentina ni la apertura de una negociación entre Washington, Buenos Aires y Londres.

Milei y una oportunidad política contradictoria tras el mensaje de Trump

Para Javier Milei, no obstante, el escenario tiene otra utilidad: el Gobierno argentino tomó la señal de Washington en un momento especialmente delicado para su vínculo con la causa Malvinas, después de que el choque mundialista con Inglaterra reimpulsara el reclamo soberano con fuerte impacto emocional y político.

Los sondeos posteriores evidenciaron que ese episodio trascendió lo estrictamente futbolístico. Una encuesta de CEOP Latam señaló que el 93% de los consultados respaldaba la soberanía argentina sobre las islas, en tanto el 66,2% opinaba que a Milei le importaba poco o nada la causa Malvinas. Otro estudio mostró que el 68,6% creía que al Presidente no le interesaban las islas.

El contraste se reflejó asimismo en la medición de Zuban-Córdoba de agosto. El 54,1% de los argentinos percibió que la noción de soberanía nacional ganaba presencia en la sociedad respecto de antes, mientras el 65,7% sostuvo que esos valores pesaban menos en las decisiones del Gobierno.

Este cuadro configuró una paradoja para el mileísmo. Mientras la administración erigió gran parte de su política exterior sobre el alineamiento con Estados Unidos y un vínculo preferente con Trump, un sector amplio de la sociedad empezó a exhibir una sensibilidad creciente en torno a la soberanía, el patriotismo y Malvinas. Para el Gobierno de Milei, el dilema no era solo qué decía sobre las islas, sino quién quedaba posicionado como el principal abanderado de una causa con consenso transversal.

La reciente postura de Trump le brindó, así, una salida política conveniente. El presidente argentino podía presentarse otra vez alineado con la defensa de la soberanía argentina sin renunciar a su estrategia de aproximación a Washington. La causa Malvinas reaparece como bandera propia, aunque ahora impulsada por una disputa gestada fuera de Argentina.

La movida también arrastraba una arista doméstica. Tras el Mundial, Malvinas dejó de ser solo un asunto diplomático para transformarse en un terreno donde el Gobierno argentino había quedado especialmente expuesto. El relevamiento de CEOP indicó que el 83,9% respaldaba el gesto de los jugadores argentinos respecto de la bandera de Malvinas y que el 65,4% creía que la Casa Rosada debía haber defendido ese derecho.

El desafío para Milei es que el margen para capitalizar políticamente el asunto no es ilimitado. Los estudios de opinión revelan que el consenso sobre la soberanía supera con creces el respaldo al Gobierno y que, al mismo tiempo, se afianzó la idea de que la administración libertaria no ubica ese reclamo entre sus prioridades.

En consecuencia, el debate que instaló Trump admite dos lecturas. Para Washington, Malvinas se enlaza con la puja de poder con Londres y con la presión para que sus aliados asuman mayores costos de defensa. Para Milei, en cambio, es una chance de reconectar con una sensibilidad social que los sondeos mostraron particularmente activa tras el Mundial.

El Reino Unido profundiza sus intereses en las Islas Malvinas y el Atlántico Sur

Entretanto, en el Atlántico Sur la dimensión material del conflicto sigue en progreso. El proyecto petrolero Sea Lion, operado por Navitas Petroleum junto a Rockhopper Exploration, conserva la meta de iniciar producción en 2028, y en 2026 se pusieron en marcha obras de infraestructura asociadas a su desarrollo.

De acuerdo con la denuncia del canciller Pablo Quirno ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cerca de 1.200 militares británicos siguen desplegados en las islas. Para Argentina, ese dispositivo castrense supera las necesidades de defensa local y constituye parte de una estrategia de proyección británica en la región.

Este contraste también revela tensiones dentro del oficialismo. Mientras Javier Milei intenta capitalizar la señal de Donald Trump sobre Malvinas, en un contexto de mayor sensibilidad social por la soberanía, Victoria Villarruel mantiene una postura más próxima al reclamo soberanista tradicional argentino. Así, mientras el debate político se intensifica, los avances económicos y militares británicos en el territorio siguen afianzándose.