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A 25 años del 11S en EE.UU., un exagente afirma que FBI y CIA pudieron impedir el atentado.

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Escrito por:César Vega Martínez

Este 11 de septiembre marca el 25º aniversario de los ataques de Al Qaeda contra Estados Unidos (11S), considerados los más graves que ha sufrido ese país en la era moderna.

La realidad es que la nación norteamericana atraviesa esta fecha en medio de una fuerte polarización y con una sociedad que ha ido transformándose. También afloran relatos de cómo se vivieron aquellos días y de ciertos protagonistas que actuaron en las sombras.

Entre ellos figura el exagente del FBI Mark Rossini, convencido de que pudo impedir los atentados del 11S. Esa certeza lo atormenta y “no hay un solo día” en que no repase, de forma obsesiva, lo ocurrido en aquella jornada trágica de hace 25 años y, sobre todo, lo que antecedió.

“Vivo con el espanto de saber que, si hubiera transmitido la información que tenía, esas dos torres seguirían en pie”, confiesa en una entrevista en Madrid, ciudad a la que este neoyorquino viajó para presentar el libro ‘Agente Rossini. La historia del hombre que pudo haber evitado el 11-S’, del periodista Álvaro Soto.

Durante su conversación con la agencia EFE, el veterano oscila entre la desolación absoluta al recordar a su antiguo jefe y amigo John O’Neill, fallecido en los atentados, y la indignación cuando rememora las palabras de los responsables de la CIA que le impidieron informar al FBI de lo que había averiguado.

En el 25º aniversario del 11S, Rossini está convencido de que “muchos quieren que aquello se olvide”, pero él se empeña en “contar la verdad”.

Mark Rossini, nacido en el Bronx, ingresó al FBI en 1991 y en 1996 fue destinado como enlace a la unidad que la CIA creó para capturar a Bin Laden.

El 5 de enero de 2000, una fecha imborrable para Rossini, leyó un cable que señalaba que uno de los asistentes a una cumbre yihadista en Kuala Lumpur había obtenido un visado para entrar en Estados Unidos.

Él y su colega consideraron la información relevante y prepararon un informe para el FBI, pero sus superiores en la CIA “no lo hicieron circular” y, cuando lo reclamó, le respondieron: “No lo vamos a pasar y tú no vas a decir nada”.

“De haber llegado esa información al FBI, se habría hecho lo que corresponde en estos casos: esperarlo en el aeropuerto, seguirlo, intervenirle el teléfono. Habríamos sabido lo que planeaba y lo habríamos evitado”, asegura.

El sospechoso al que alude es Khalid al-Mihdhar, uno de los secuestradores del avión que se estrelló contra el Pentágono el 11 de septiembre de 2001.

La persona que habría recibido la información en el FBI, si la CIA lo hubiese permitido, habría sido John O’Neill, responsable de contraterrorismo y mentor de Rossini.

O’Neill no recibió el dato, no organizó el operativo de seguimiento y, por un capricho cruel del destino, fue una de las cerca de 3.000 personas que murieron en las Torres Gemelas el 11S.

La mala relación entre el FBI y la CIA facilitó el atentado, según Rossini, pero también fue crucial que 15 de los 19 terroristas que secuestraron los cuatro aviones fueran de Arabia Saudí.

“Arabia Saudí es un tema sensible. El precio del petróleo pesa más que la sangre de las personas”, sentencia. El 11S solo ha traído desgracias, sostiene Rossini, porque desde entonces “vivimos con miedo”.

Solo hay algo que, a su juicio, ha mejorado: “Tras el 11S se tomaron medidas y ya no existe la descoordinación entre el FBI y la CIA que había hace 25 años”.

Rossini “es un personaje fascinante, con luces y sombras”, apunta Álvaro Soto, quien ha dedicado dos años a documentarse sobre él.

Tal como relata en el libro, tras el 11S Rossini atravesó episodios de depresión y alcoholismo. También vivió momentos de euforia que acabaron mal, como cuando se codeó con la élite de Hollywood hasta que fue acusado de proporcionar a una actriz información confidencial de una investigación del FBI. Por ese caso perdió su empleo.

Él reconoce que cometió “errores”, pero añade que nada habría llegado a los tribunales si así no lo hubieran querido los enemigos que se ganó dentro de la CIA cuando hizo públicos los fallos de coordinación que facilitaron el 11S.

Después inició una carrera como investigador privado salpicada de episodios polémicos. Trabajó para un mafioso de Europa del Este presuntamente implicado en las supuestas injerencias rusas en las elecciones estadounidenses que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca en 2016.

Fue precisamente Trump quien posteriormente lo indultó cuando se vio involucrado en un caso de sobornos en Puerto Rico.

El 11S cambió la vida de mucha gente y, en el caso de Rossini, además de destrozarla, lo convirtió en un personaje de novela negra.