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Raúl Soto (PPD) dice que EE.UU. y Argentina presionan a Chile en una ofensiva geopolítica

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Escrito por:Samuel Fuentes

En conversación con BioBioChile, el timonel del PPD cuestionó especialmente el vínculo que La Moneda ha construido con Estados Unidos y Argentina, subrayando que la afinidad ideológica de Kast con Donald Trump y Javier Milei no puede condicionar las definiciones de Chile en el ámbito internacional.

En esa línea, Soto se refirió a los comentarios del embajador estadounidense Brandon Judd sobre el estallido social y afirmó que el diplomático traspasó los márgenes propios de su cargo. Si bien valoró el llamado de atención del canciller, sostuvo que las afirmaciones de Judd intentaron instalar una narrativa política sin sustento y señaló que, si este tipo de intervenciones se repiten, debería considerarse cursar una nota de protesta.

El diputado —integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores— también se refirió a las recientes fricciones con Argentina por el Estrecho de Magallanes y criticó la estrategia de La Moneda, acusando que Chile ha cedido frente a intereses geopolíticos de terceros. A la vez, instó al presidente Kast a ejercer un liderazgo más decidido y pidió que el canciller asuma plenamente la conducción de la política exterior, convocando a diversos sectores para forjar una política de Estado.

El episodio de Brandon Judd

—Esta semana el embajador Brandon Judd fue noticia por sus dichos sobre el estallido social, que luego matizó tras reunirse con Cancillería. ¿Qué lectura hace de lo ocurrido y cómo evalúa la respuesta del Gobierno?

Estamos frente a un embajador que sobrepasa límites diplomáticos razonables y que no recurre a los canales institucionales; más bien practica una suerte de diplomacia farandulera, usando redes sociales y medios para opinar sobre asuntos internos. Es algo inusual, a lo que nuestro país no está habituado y que, por cierto, no debiera normalizarse.

Me parece adecuado el llamado de atención del canciller al embajador para que se abstenga de comentar la política nacional o interna. Eso no corresponde; existen vías formales para canalizarlo. Tampoco es aceptable lanzar afirmaciones destinadas a fijar posiciones políticas sobre temas de interés nacional sin sustento ni evidencia, declaraciones de las que luego el propio embajador tuvo que retractarse.

—¿Piensa que surtirá efecto este llamado de Cancillería para que no se pronuncie sobre política interna?

Espero que sí, porque ya hubo una advertencia. El paso siguiente debiera ser una nota de protesta si el embajador no se ciñe a los márgenes de respeto diplomático propios de su investidura. Y eso aplica para él y también para los embajadores chilenos. Es el caso del embajador de Chile en Argentina, que también ha emitido opiniones de tono político sensibles, por lo que espero igualmente un llamado de atención del canciller. Lo mismo ocurrió en su momento con declaraciones del embajador en Israel. Quienes desempeñan funciones diplomáticas deben ajustarse, en el fondo y en la forma, a lo que la diplomacia permite.

—El embajador primero aseguró que la inteligencia estadounidense tenía información sobre el estallido y luego habló de datos obtenidos de “fuentes abiertas”. ¿Qué cree que hay tras esas afirmaciones?

El propio embajador terminó señalando que no existía una investigación específica de inteligencia de Estados Unidos sobre el tema, después de haber dicho lo contrario. Por ende, nos quedamos con su última versión. Claramente cometió un error en la primera entrevista, pero más que un yerro, veo también una intencionalidad política, una injerencia en la política interna por parte de Estados Unidos para instalar ciertos relatos que no necesariamente se condicen con los procesos judiciales que lleva adelante la justicia de nuestro país. Y eso preocupa, porque Chile es un Estado de derecho democrático, con poderes del Estado autónomos (…).

Resultaba, por decir lo menos, extraño que Estados Unidos dispusiera de información tan relevante y que, tras siete años, la hiciera pública sin haberla puesto antes a disposición de la justicia, del Ministerio Público o de los gobiernos que pasaron en ese lapso. Ello podría haber implicado no solo negligencia, sino un hecho grave de un Estado al omitir entregar antecedentes que conocía. Evidentemente eso llevó al embajador a desdecirse. A mi juicio, era derechamente una fake news, una falsedad, un intento de posicionar un relato con un propósito ideológico y político, impropio de un embajador.

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Era una fake news, era una mentira, el intento de instalar una narrativa con un objetivo ideológico y político, y eso no es propio de un embajador
– Raúl Soto por dichos de embajador Judd

Raúl Soto denuncia un manejo deficiente de la política exterior

—Al inicio del Gobierno de Kast, por las coincidencias ideológicas, se proyectaba una buena sintonía con Estados Unidos. Sin embargo, han surgido varias fricciones. ¿Cómo evalúa hoy el vínculo entre ambos países, considerando además el rol de Argentina, con un presidente Milei que se ha mostrado como aliado de Trump?

Considero que atravesamos la peor conducción de la política exterior chilena desde el retorno a la democracia. La política exterior se ha mostrado débil y zigzagueante, sin rumbo definido, sin posturas firmes y a merced de presiones de liderazgos internacionales. Ha sido una gestión excesivamente ingenua que ha intentado apoyarse, sin éxito, en la afinidad ideológica del presidente Kast con Milei o Trump, con resultados adversos. Suponer que, por esa cercanía, esos países no actuarán en contra de los intereses de Chile me parece una ingenuidad pocas veces vista en la diplomacia chilena.

Chile debe reafirmar y resguardar su autonomía, tomando decisiones sin injerencias externas, atendiendo exclusivamente al interés nacional. Históricamente, el país ha mantenido un punto de equilibrio entre las grandes potencias, Estados Unidos y China, conscientes de que existen intereses económicos, comerciales y estratégicos con ambos, por lo que ese balance debe preservarse. Si Chile se aproxima de manera ingenua y más allá de lo razonable a Estados Unidos, desatenderá el amplio abanico de oportunidades en Asia. Y ahí se requiere cautela, más aún cuando los intentos de acercamiento no han dado buenos frutos y, de hecho, han sido contrarios a nuestros intereses.

Pese a los esfuerzos de acercamiento, Estados Unidos impuso un arancel de 12,5% a exportaciones clave para nuestra economía como salmón, vino, madera y fruta. Chile está negociando, pero lo hace a puertas cerradas y pasando por alto el Tratado de Libre Comercio que ambas naciones firmaron y que sigue plenamente vigente, el cual establece arancel cero. Por ello, Chile debiera exigir el respeto a ese tratado y, de existir controversias, activar los mecanismos de resolución previstos en él, no negociaciones paralelas y reservadas que debilitan el derecho internacional que nos hemos dado. Evidentemente, esto también revela el amateurismo y la falta de oficio con que está actuando la Cancillería.

Espero que el canciller se empodere; que la señal positiva del último día, al llamar la atención al embajador Judd, se vuelva una línea de acción permanente. Que asuma el control y la conducción de nuestra política exterior, que se haga respetar, que muestre liderazgo y no deje vacíos, porque esos vacíos han sido ocupados por el ministro de Defensa o el del Interior, y eso no corresponde. La política exterior la encabeza el Presidente de la República y se expresa a través del Canciller, no mediante otras carteras.

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Pensar que, por tener cercanía política el presidente Kast con el presidente Milei o Trump, estos países no van a actuar contrario a los intereses de Chile, me parece que es de una ingenuidad que pocas veces se ha visto en la diplomacia chilena
– Raúl Soto

La disputa con Argentina por el Estrecho de Magallanes

—Usted mencionó cierta ingenuidad en el manejo de las relaciones internacionales. Entiendo que, en parte, alude a las declaraciones argentinas sobre el Estrecho de Magallanes. ¿Cree que tras estas reiteradas alusiones hay una pretensión territorial?

Estimo que los señalamientos de distintos actores políticos y militares de Argentina no son simples equivocaciones; responden a una tesis antigua que está ganando espacio con la permisividad del actual gobierno argentino y ante una reacción débil e ingenua del actual gobierno chileno y sus autoridades de política exterior. No me parece casual. Ya son varias las declaraciones preocupantes, incluidas las del propio ministro del gobierno de Milei. Por ende, no basta una declaración conjunta que, todo indica, fue redactada por Argentina para resguardar sus intereses y que, respecto de Chile, solo reconoce lo obvio a estas alturas: la existencia de dos tratados que ratifican la soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes. Diplomáticamente, Chile y Argentina no podían afirmar algo distinto. Eso no puede interpretarse como un logro o una ventaja política, porque no lo es.

En contrapartida, Chile ha dado respaldo a una estrategia geopolítica argentina que incluso puede chocar con nuestros intereses, porque mantenemos, por ejemplo, alianzas estratégicas en defensa con el Reino Unido, y aquello hoy se está descuidando ante esta ofensiva argentina y la pasividad de nuestro país. Y eso nos inquieta. Chile parece estar siendo presionado por Estados Unidos y Argentina, ambos en una ofensiva geopolítica, lo que está mermando su autonomía y empujándolo a decisiones que podrían afectar nuestros propios intereses. Es muy preocupante desde la óptica de la política exterior.

Es ingenuo que el presidente Kast se inhiba de actuar con firmeza en defensa del interés de Chile solo por su afinidad ideológica con Milei o con Trump. Esa ingenuidad no la habíamos visto antes. Le pido al presidente Kast que actúe con visión de Estado y no desde claves meramente ideológicas, porque en política exterior eso conduce al fracaso.

—¿Considera que hay una alianza entre Estados Unidos y Argentina a propósito de Malvinas que podría perjudicar a Chile?

Hay señales inquietantes. El presidente Trump insinuó que podría revisarse la situación de las Malvinas en favor de Argentina, incluso en contra del interés de uno de sus aliados históricos, el Reino Unido. Eso da cuenta de una relación de mayor cercanía entre Estados Unidos y Argentina que con Chile. La respuesta chilena no debe ser competir con Argentina tratando de acercarse más a Estados Unidos, en desmedro de nuestros intereses, sino plantarnos con firmeza desde nuestras convicciones, defenderlas y, desde ahí, sostener conversaciones y negociaciones diplomáticas que protejan nuestra soberanía.

—La situación en el sur austral coincidió con ejercicios militares en Magallanes y con una puesta en escena destacada de la Armada. ¿Ha percibido inquietud en las Fuerzas Armadas por la respuesta de Chile ante estos dichos argentinos?

No lo sé; no tenemos información al respecto, aunque imagino que puede existir cierta preocupación. Cuando la política exterior carece de firmeza y el timón no está bien afirmado, el rumbo se vuelve incierto. Y eso, para la seguridad nacional, la defensa de la soberanía, los intereses y la autonomía, representa un riesgo. Espero que la situación se corrija y retomemos la senda histórica de Chile: entender la política exterior como una política de Estado que nos una, no que nos divida; que el canciller convoque no solo a su sector, sino también a la oposición y a los expresidentes, para acordar una ruta de política exterior con sustento histórico y jurídico en el derecho internacional, sólida, robusta, inquebrantable y defendible por todos.

A mi juicio, eso es lo que ha faltado. Las señales no han sido las adecuadas. De hecho, el presidente Milei vino a Chile, participó en un foro, opinó sobre nuestra política interna, el gobierno guardó silencio, se reunió con el presidente Kast en La Moneda, regresó a su país sin derogar dos decretos que ponen en entredicho nuestra soberanía sobre el Estrecho de Magallanes y nos hizo suscribir una declaración conjunta que, en un 90%, favorece a Argentina y no a Chile. Insisto: la política exterior se está llevando con demasiada ingenuidad.

—Sobre estos decretos, el presidente Kast señaló que en la administración anterior no se mencionaron. ¿Cómo responde a ese planteamiento?

Es un compromiso pendiente desde hace años. La cuestión es por qué el presidente Kast no ejerce la presión diplomática necesaria para que esta vez se concrete. Si, aprovechando su cercanía política, se reúne con Milei y este lo hace firmar una declaración sin que, en contrapartida, se consiga la derogación de esos decretos, es evidente que se trata de una mala negociación para nuestro país, se mire por donde se mire.

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Chile parece ser que está siendo presionado por Estados Unidos y por Argentina, que están en una ofensiva geopolítica, y eso está haciendo que pierda autonomía
– Raúl Soto