El Ministerio Público indaga el descubrimiento de restos humanos sepultados en el interior de la Catedral de Rancagua, hecho ocurrido durante las obras de remodelación que se ejecutan en el recinto desde 2025.
Según informó T13, un equipo de trabajadores que realizaba excavaciones halló osamentas que corresponderían a restos humanos, entre ellas dientes, fragmentos de cráneo y huesos largos.
Los obreros denunciaron que, tras comunicar el hallazgo a la empresa a cargo y al párroco de la Catedral, los restos habrían sido extraídos y guardados en una bolsa, en lugar de informar de inmediato a las autoridades.
La denuncia también sostiene que los trabajadores habrían sido advertidos con la amenaza de perder sus puestos si revelaban lo sucedido.
Habrían sido sepultados
T13 detalló que, posteriormente, los restos habrían sido sometidos a un breve rito y sepultados de nuevo en el mismo sitio donde fueron hallados.
El fiscal jefe de Rancagua, Claudio Meneses, confirmó que esta arista forma parte de las diligencias. De acuerdo con su explicación, los restos habrían sido ubicados sobre el altar y luego cubiertos con una losa.
La investigación pretende establecer el origen de las osamentas y si revisten interés penal o arqueológico. Para ello, la Brigada de Homicidios de la PDI de Rancagua asumió las diligencias.
El subprefecto Juan Reyes señaló que será necesario intervenir el área y retirar los restos para efectuar los peritajes correspondientes.
Con todo, el hallazgo no implica necesariamente un origen delictivo. La propia historia de Rancagua da cuenta de sepultaciones antiguas en el sector: durante trabajos en la Plaza de Armas en 2000 también se encontraron restos óseos y vestigios arqueológicos.
Arzobispado descarta amenazas
Desde el Arzobispado de Rancagua, en tanto, ofrecieron una versión diferente de lo ocurrido.
La entidad indicó que la Catedral ha sido históricamente utilizada como lugar de entierro y aseguró que los trabajadores que ejecutan las faenas no mantienen vínculo contractual con la Iglesia.
Asimismo, desmintieron haber ordenado la exhumación o posterior inhumación de los restos y negaron que el párroco hubiera amenazado o presionado a los trabajadores para guardar silencio.
La Fiscalía deberá determinar ahora las circunstancias en que fueron encontrados y luego manipulados los restos, además de establecer su eventual origen arqueológico o criminal.




