Pese a que la deuda mediana de las personas se redujo en el último año, aún hay un grupo significativo de chilenos que destina más de la mitad de sus ingresos mensuales al pago de obligaciones.
Créditos, tarjetas, avances en efectivo y compras en cuotas integran el conjunto de compromisos que tensionan el presupuesto de los hogares.
Para millones de personas en Chile, cerrar el mes implica cubrir el dividendo, el préstamo de consumo, las cuotas de la tarjeta y otros compromisos financieros.
No obstante, la radiografía más reciente de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) evidencia que la realidad no es homogénea entre los deudores.
Según el Informe de Endeudamiento 2025 de la CMF, a junio de ese año la deuda mediana se ubicaba en $1.680.453, lo que supuso una baja real de 16,9% frente al mismo mes de 2024.
El indicador que permite calibrar la presión sobre los hogares es la carga financiera: en junio de 2025, un 14,1% de los deudores destinaba más del 50% de sus ingresos mensuales al pago de sus compromisos.
Aunque el porcentaje cayó desde el 16,5% observado un año antes, todavía abarca a un grupo relevante que deja menos de la mitad de sus ingresos para el resto de sus gastos.
En el caso del deudor representativo, la carga financiera llegó al 11,9% de sus ingresos mensuales, frente al 13,6% registrado doce meses atrás.
La CMF vinculó parte de esta mejora a la caída de las tasas de interés en productos de consumo y al alza de las remuneraciones reales.
Equilibrio forzado
Un sondeo de DefensaDeudores.cl, respondido por 780 personas, revela que un 67%, casi 7 de cada 10, lleva más de un año realizando este “malabarismo” para cumplir con sus pagos, de los cuales un 28% lo hace desde hace entre uno y dos años y un 39% desde hace más de dos años.
Ante este ajuste persistente, las prioridades se ordenan con nitidez: primero se postergan las deudas financieras y, como última trinchera, se resguarda la vivienda.
El levantamiento de datos también muestra que la merma de ingresos no es algo aislado: un 25% de los encuestados perdió su empleo en los últimos dos años y un 48% adicional vio disminuir sus ingresos pese a mantener su trabajo. En total, cerca de tres de cada cuatro participantes sufrió algún deterioro en sus ingresos en ese lapso.
Más allá de los compromisos financieros, un 46% aplazó tratamientos médicos o la compra de medicamentos en cuotas y un 35% dejó de pagar seguros de salud, automotriz o de vida.
“Este sondeo valida lo que observamos diariamente en los procesos de renegociación: las familias privilegian no perder la casa, aun si eso implica dañar su historial crediticio. El problema es que esa decisión tiene costos y profundiza el ciclo de sobreendeudamiento, dificultando cada vez más la recuperación de la estabilidad financiera”, señaló Ricardo Ibáñez, abogado y fundador de DefensaDeudores.cl.
Tarjetas y préstamos de consumo
La deuda de consumo representa cerca de una cuarta parte del endeudamiento total considerado por la CMF. Dentro de este grupo, los créditos en cuotas son el componente principal, seguidos por las tarjetas de crédito bancarias y otros mecanismos de financiamiento.
El Banco Central también ha señalado que las condiciones para obtener créditos de consumo siguen siendo relativamente restrictivas. En su Encuesta de Crédito Bancario del segundo trimestre de 2026, parte de las entidades consultadas reportó una menor demanda por este tipo de financiamiento.
El precio del crédito también pesa. En agosto de 2026, la tasa de interés promedio de los préstamos de consumo en pesos fue de 25,46% anual, según los registros del Banco Central.
De este modo, aunque los principales indicadores evidencian un descenso de la deuda mediana, el problema persiste entre quienes cargan con una elevada carga financiera.
En ese grupo, más de la mitad de los ingresos mensuales se orienta al pago de deudas, dejando un margen mucho más estrecho para afrontar los gastos habituales del hogar.
La foto, por tanto, es menos pareja de lo que sugieren los promedios: mientras el deudor típico ha reducido su carga financiera, uno de cada siete aún dedica más del 50% de sus ingresos al servicio de sus obligaciones.
Quiebra en adultos mayores
La bancarrota o quiebra personal puede alcanzar a cualquier persona que recurre a esta vía para enfrentar una abultada carga de deudas, incluidos adultos mayores que, en numerosos casos, se encuentran en situación de vulnerabilidad.
Entre 2015 y 2025, 1.849 adultos mayores -60 años o más- se declararon en quiebra en Chile, según un análisis de Unholster junto a Defensa Deudores basado en datos del Poder Judicial.
El estudio luego profundiza en un grupo de 252 clientes de Defensa Deudores, donde el 67,1% de los casos (169) corresponde a personas de entre 60 y 69 años; si bien no es una muestra necesariamente representativa, entrega señales relevantes —y preocupantes— sobre la insolvencia en este tramo etario.
El perfil predominante muestra que casi la totalidad de poco más de 250 adultos mayores que iniciaron procesos de quiebra son arrendatarios o viven como allegados y no poseen vehículos.
“La bancarrota se concentra al inicio de la tercera edad, cuando muchos aún dependen de ingresos laborales decrecientes antes de consolidar una pensión”, indica el análisis compartido a BBCL.
De los 252 casos, 169 corresponden a hombres (67,1%) y 83 a mujeres (32,9%); además, 133 son personas casadas (52,8%). Con ello, Unholster y Grupo Defensa concluyen que “tener cónyuge no evita la insolvencia en la adultez mayor, lo que sugiere causas asociadas a ingresos fijos o a la caída de estos más que a la ausencia de red familiar”.
Por nivel socioeconómico (NSE), el medio alto encabeza con 90 casos, seguido del alto con 80, lo que “ratifica que la insolvencia no se concentra en los estratos más vulnerables”.




