La determinación de Argentina de impulsar una de sus mayores apuestas navales en décadas es observada con atención desde Chile. El proyecto de Presupuesto 2027 presentado por el gobierno de Javier Milei habilita recursos por hasta US$3.500 millones para la compra de tres submarinos y dos fragatas, en un contexto que en las últimas semanas ha vuelto a centrar la mirada chilena en los movimientos castrenses al otro lado de la cordillera.
El anuncio se suma a otros hechos que han captado interés en nuestro país: la polémica por declaraciones argentinas sobre el Estrecho de Magallanes, la discusión en torno a un decreto trasandino que mencionaba su control conjunto y los planes de Buenos Aires para robustecer su presencia naval en Tierra del Fuego.
A ello se añade una inversión que, de concretarse, representaría una fuerte modernización de las capacidades de la Armada Argentina.
Según consignó BioBioChile, citando antecedentes del medio especializado Zona Militar, el proyecto presupuestario contempla autorizaciones para operaciones de crédito por hasta US$2.300 millones para tres submarinos convencionales y otros US$1.200 millones para dos fragatas multimisión.
El monto global asciende a US$3.500 millones.
Pese a la envergadura del anuncio, hay una diferencia clave entre habilitar la operación y ver las nuevas plataformas en el mar.
El proyecto de Presupuesto 2027 faculta al Ejecutivo argentino a avanzar en operaciones de crédito para costear las compras. En otras palabras, no implica que los tres submarinos y las dos fragatas se incorporen a la flota el próximo año.
Fuentes consultadas por Radio Bío Bío señalan que, en Chile, un proceso de este tipo puede tardar varios años antes de que una unidad entre en servicio. Primero requiere las autorizaciones para cursar la adquisición y, luego, una etapa de licitación y selección de la opción que cumpla con los requerimientos de la Armada.
Para dimensionar estas operaciones, dos submarinos nuevos con características similares a los Scorpène, como los que opera Chile, pueden significar una inversión de entre US$2.000 millones y US$3.000 millones.
¿Y qué ocurre con Chile?
Mientras Argentina proyecta esta renovación, la Armada de Chile cuenta actualmente con cuatro submarinos operativos: dos Scorpène y dos tipo 209.
Estos últimos corresponden a las naves más antiguas de la fuerza submarina, pero hasta ahora no hay una definición sobre la compra de nuevos submarinos que los reemplacen.
Respecto de una eventual baja de los 209 y su posible transferencia a Ecuador, fuentes consultadas por Radio Bío Bío apuntan que un escenario así es posible, considerando que Chile ha realizado operaciones de este tipo con anterioridad.
No obstante, desde La Moneda recalcan que por el momento no se trabaja en esa alternativa. Tampoco existe una decisión tomada sobre la adquisición de nuevas unidades para la Armada de Chile.
El presupuesto de Defensa chileno no bajaría en 2027
En este marco, el movimiento argentino empieza a ser seguido con particular interés desde Santiago.
Según pudo saber Radio Bío Bío, por ahora la proyección es que el presupuesto de Defensa de Chile para 2027 no se reduzca.
De hecho, las cifras aún no están completamente cerradas y quedan algunas partidas finales en negociación, entre ellas recursos que eventualmente podrían orientarse a mejoras.
Las fuentes subrayan, además, que los planes vigentes de fortalecimiento de las capacidades de las Fuerzas Armadas chilenas siguen en curso y no han sido suspendidos.
Este dato cobra importancia frente a los movimientos registrados al otro lado de la cordillera. La prevista compra de submarinos y fragatas forma parte de un proceso más amplio de recuperación y modernización de las capacidades militares impulsado por Argentina.
Entre los hitos recientes figura la incorporación de aviones F-16 adquiridos a Dinamarca, además de otros proyectos para renovar el equipamiento de sus Fuerzas Armadas.
Chile observa con atención el ambicioso plan naval de Argentina con submarinos y fragatas
Desde Chile, el momento en que se conoce el plan naval argentino tampoco pasa desapercibido.
En las últimas semanas, la relación bilateral ha estado tensionada por una controversia en torno al Estrecho de Magallanes. La discusión alcanzó al Decreto 457/2021 de Argentina, que aludía a la “exploración, estudio y control conjunto” del Estrecho y el Mar de Drake.
El asunto escaló hasta los gobiernos. El 3 de septiembre, los presidentes José Antonio Kast y Javier Milei trataron el tema en Santiago y ratificaron la vigencia de los tratados de 1881 y 1984, junto con la soberanía chilena sobre la totalidad del Estrecho de Magallanes.
Sin embargo, horas después emergió otro flanco cuando el canciller argentino, Pablo Quirno, describió a su país como “bicontinental, bioceánico”. Más tarde, precisó que sus dichos aludían a la proyección argentina hacia la Antártica y reafirmó el respeto de Buenos Aires por los tratados con Chile.
A esto se agrega el proyecto argentino para reforzar su presencia naval en Ushuaia, Tierra del Fuego, una zona estratégica por su cercanía con el Estrecho de Magallanes, el canal Beagle y las rutas hacia la Antártica.
En ese marco aparece ahora la autorización para gestionar financiamiento por US$3.500 millones destinados a tres submarinos y dos fragatas.
Con todo, la autorización por US$3.500 millones es apenas el punto de partida de un proceso que demorará en traducirse en nuevos buques bajo pabellón argentino. Pero la señal ya es clara: Buenos Aires pretende fortalecer su poder naval y su presencia militar en el extremo austral, mientras en Chile el presupuesto de Defensa para 2027 entra en su tramo final de definiciones.
Con el Estrecho de Magallanes nuevamente en el centro de la agenda bilateral y ambas miradas puestas hacia el sur, el movimiento de las piezas recién comienza.




