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Michelle Bachelet mantiene presencia política tras homenaje que reavivó su futuro en Chile

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Escrito por:Megam Ossandón

Se escuchaba Dancing Queen cuando en la pantalla del Teatro Municipal de La Pintana pasaban imágenes de la trayectoria política de Michelle Bachelet. En las butacas casi no quedaba espacio libre. Se veían banderas chilenas, dirigentes de seis partidos opositores y, sentado junto a ella, Gabriel Boric.

El acto se organizó como un homenaje tras el término de su fallida candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas. Sin embargo, terminó generando algo más: Bachelet volvió a situarse en el centro del debate político chileno. En su entorno lo resumen con una frase bastante gráfica: “Todos somos Bachelet lovers”.

La expresidenta reforzó esa interpretación. “¿Pensaban que después de esto me iba a ir para la casa? Eso no va a pasar”. Aseguró que seguirá “aportando, trabajando y apoyando a Chile”. También habló de recuperar la confianza y de la necesidad de actuar con unidad para ofrecer una alternativa al país.

Por su parte, el Gobierno ya comenzó a observar ese regreso con reservas.

Quedó la pregunta en el aire: ¿qué implica, en términos concretos, que Michelle Bachelet no se vaya para la casa?

BioBioChile consultó a dirigentes que estuvieron en el encuentro, a personas de su círculo más cercano y a analistas políticos. Por ahora no existe un plan para convertirla en la jefa de la oposición. Pero el cierre de su etapa en la ONU abrió un escenario distinto: Bachelet permanecerá presente y nadie en su entorno descarta que las circunstancias la empujen a asumir más adelante un rol mayor.

La génesis de un desagravio que terminó en “Bacheletazo”

La idea del encuentro comenzó a tomar forma después de las celebraciones de Fiestas Patrias. La iniciativa nació en el Partido Socialista y, en cuestión de horas, logró sumar al Frente Amplio, PPD, Democracia Cristiana, Partido Comunista y Partido Liberal.

“Bueno, todos somos Bachelet lovers”, aseguran fuentes conocedoras de la organización.

La convocatoria pública hablaba de “reencontrarse” con Bachelet y reconocer su trayectoria después del cierre de su candidatura internacional.

La exmandataria asistió como homenajeada y su equipo no participó del programa del evento. Es decir, si hubo una operación de reposicionamiento, al menos según quienes estuvieron alrededor de Bachelet y los propios organizadores, parece haber sido mucho menos planificada de lo que su resultado finalmente sugirió.

En una carta que las colectividades entregaron a la expresidenta durante el hito opositor -vista por este medio-, resaltaron su liderazgo, su trayectoria democrática y su compromiso con los derechos humanos. Sin embargo, fuentes consultadas por BioBioChile señalan que, tras el encuentro, todavía no hay actividades conjuntas ni coordinación futura prevista con ella.

“Nos comprometemos a preservar aquello que tantas generaciones de chilenos y chilenas han construido con esfuerzo: un país donde las diferencias políticas puedan resolverse mediante el diálogo (…) Presidenta Bachelet, gracias por su compromiso democrático.”

El homenaje terminó adquiriendo una dimensión considerablemente mayor que la prevista inicialmente. Lo que todavía no existe es un plan para gestionar políticamente ese resultado.

Michelle Bachelet permanece

El mensaje público fue muy claro en un punto: Bachelet piensa seguir presente. Tras la actividad, ella misma retoma esa idea en sus redes sociales. Recordó sus convicciones sobre democracia, igualdad y derechos humanos y cerró asegurando que continuará trabajando por Chile. Lo menos claro es cómo se traducirá eso en la práctica.

Personas cercanas a la exmandataria explican que hoy no hay un diseño para aumentar su exposición ni para ubicarla nuevamente en primera línea. Bachelet continuará participando en los temas que ha trabajado durante años —derechos humanos, multilateralismo, igualdad de género y desarrollo sostenible— y aceptará aquellas invitaciones en las que considere que puede aportar.

En el plano local, aseguran, seguirá decidiendo dónde y cuándo participar.

“No estoy seguro de que haya un diseño para que tenga mayor o menor presencia, o un rol más activo”, explican desde su entorno.

¿Se puede entonces descartar que vuelva a ocupar un espacio político mayor? “No descartaría nada (…) uno sabe cómo va a avanzar este gobierno”, responden.

Los partidos tampoco parecen estar preparando para ella un rol informal de conducción opositora.

Un diputado que participó del encuentro define la actividad, sobre todo, como un “acto de desagravio” y asegura que no se imagina a la expresidenta sentándose de forma regular en reuniones entre colectividades. Lo que sí esperan, señala, es que “siga opinando en la agenda pública”.

Una mirada similar entrega el presidente de la DC, Álvaro Ortiz. “Todo lo que ella quiera será importante”, afirma, pero de inmediato marca un límite: “Como partidos no se le ha pedido nada ni se la ha obligado a nada”.

Ortiz reconoce que tener otra vez a Michelle Bachelet disponible puede favorecer la unidad opositora, aunque rechaza que esa tarea dependa de ella.

“No hay conversaciones sobre futuras coordinaciones o participaciones. Pero los partidos tenemos claro nuestro rol y estamos bien coordinados. Más que depender de ella, es un tremendo aliciente contar con Michelle Bachelet y tenerla con nosotros”, sostiene.

Así, al menos por ahora, empieza a perfilarse un papel distinto: Bachelet próxima a los partidos, disponible para intervenir, pero sin administrar su funcionamiento cotidiano.

La fuerza de convocar sin liderar

Para Marco Moreno, decano de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central, ahí puede residir hoy el principal poder político de Bachelet.

“Creo que el poder político de Bachelet hoy no reside en controlar partidos o bancadas, sino en algo más escaso en la oposición: la capacidad de convocatoria transversal”, explica.

El fenómeno, añade, no solo se refiere a Bachelet. También habla bastante sobre la situación que atraviesa la propia oposición.

“Hay diversos liderazgos, pero ninguno consigue aún transformar esa pluralidad en una referencia común. Bachelet puede ejercer liderazgo sin convertirse en conductora, precisamente porque su autoridad no depende de administrar día a día a la oposición”, afirma.

Alberto Mayol, en cambio, se muestra más escéptico respecto de cuánto puede realmente ordenar Bachelet a la oposición. A su juicio, esa tarea no puede descansar en una figura individual. “Eso lo tienen que hacer los partidos y son cosas orgánicas. Hay capacidad de poner sobre la mesa ciertos temas, agenda, eso ordena”, explica.

También interpreta la reaparición de Bachelet como una señal de las dificultades del sector para generar nuevos liderazgos, especialmente dentro del socialismo.

“Es un nombre que solo surge en la medida en que el Partido Socialista no logra una renovación de nombres que le permita ser competitivo frente a las candidaturas presidenciales o del Frente Amplio o del Partido Comunista”, sostiene.

Existe, además, una paradoja detrás de esta historia: probablemente nada de esto habría ocurrido con la misma fuerza si Bachelet hubiese llegado a Naciones Unidas.

Moreno lo resume así: “Su salida cerró una expectativa internacional, pero dejó nuevamente disponible en Chile un capital político que estaba proyectado hacia afuera”.

El Gobierno también se sumó al baile

La dimensión política del encuentro llegó a ser amplificada incluso desde La Moneda.

El biministro Claudio Alvarado criticó la actividad y acusó que los asistentes se reunieron a “aplaudirse entre ellos”. Consultado sobre si lo sucedido podía interpretarse como una “autoproclamación” de Bachelet, mantuvo sus críticas y emplazó al sector a hablar de empleo, crecimiento y seguridad.

Para Mayol, esa reacción terminó teniendo el efecto opuesto: “Creo que el gran éxito que tuvo el evento fue que incitó un error del ministro Alvarado, que salió a denostar la actividad y con ello le dio importancia”, sostiene.

“Prácticamente la señaló como un nombre para el futuro. Fue un error grave de Alvarado”, añade.

La historia tiene, entonces, una curiosa vuelta. El acto que debía cerrar una candidatura internacional terminó reabriendo la discusión sobre el lugar de Bachelet en Chile. Pero, por ahora, no existe un plan para instalarla en primera línea, no hay una candidatura ni una estructura política esperándola. Tampoco se ha organizado una agenda partidaria alrededor suyo.

Quizás por eso Dancing Queen, la canción escogida para acompañar las imágenes de su trayectoria, terminó siendo una banda sonora involuntariamente apropiada. Bachelet fue convocada para mirar hacia atrás y terminó planteando una pregunta hacia adelante.

La carrera hacia Naciones Unidas dejó algo que probablemente no estaba previsto en su diseño original: a Michelle Bachelet nuevamente disponible para la política chilena. Y ella misma se encargó de despejar, al menos, una duda: por ahora, no piensa irse para la casa.