Analistas de Estados Unidos y Chile explicaron al medio asociado Perfil la manera en que operan estos grupos de ladrones chilenos, qué lugar ocupa Argentina en sus desplazamientos y cómo seleccionan a sus objetivos. Se valen de documentación falsa, redes en el extranjero y una estructura que les permite moverse y extraer el botín.
El país vecino aparece como un eslabón dentro de un circuito internacional utilizado por bandas chilenas que viajan a distintos territorios para cometer hurtos, sobre todo en residencias de alto poder adquisitivo. Estados Unidos y Europa son los destinos principales, aunque también se registran movimientos hacia Canadá, Brasil y, de forma incipiente, Asia.
Modo de operación de bandas de ladrones chilenos
Los investigadores que siguieron a estas organizaciones durante años contaron a PERFIL cómo atraviesan fronteras, obtienen papeles de otras nacionalidades, se vinculan con delincuentes ya establecidos en los países de destino y, una vez instalados, analizan barrios y viviendas antes de perpetrar los robos.
El fenómeno no es reciente. En años recientes se registraron detenciones de chilenos por robos en casas de jugadores de la NFL y la NBA en Estados Unidos; otros sospechosos fueron apresados en Austria tras una serie de golpes cuyo botín superó los 200 mil euros.
En Argentina hubo detenciones de ciudadanos chilenos por robos en departamentos del barrio porteño de Palermo, y la pesquisa por el asalto a la casa de Juan Martín Del Potro, en Tandil, terminó vinculada a sospechosos con pedidos de captura internacional. Todo forma parte de una modalidad que las fuerzas de seguridad vienen siguiendo hace años como “turismo delictivo”.
Jesús Bonilla conoce de primera mano el movimiento de estos grupos. Ex miembro del Major Case Squad del Departamento de Policía del condado de Nassau, en Long Island, investigó durante años a organizaciones chilenas dedicadas a este tipo de ilícitos y participó en decenas de detenciones. Contó a PERFIL que empezó a rastrearlas en 2018 y detectó un patrón recurrente entre muchos arrestados: llevaban documentación argentina.
“Te diría que el 90% de los que arrestamos siempre circulaban con pasaportes de Argentina”, afirmó Bonilla. Relató que al ser identificados muchos se presentaban como argentinos, pero las verificaciones con Migraciones dejaban al descubierto su verdadera nacionalidad e identidad. “Siempre me decían ‘soy de Argentina, soy de Argentina’. Pero yo reconozco el acento”, añadió Bonilla.
Los datos que el detective acumuló en sus pesquisas y los informes que siguió recibiendo por sus contactos ubican a Argentina como uno de los puntos utilizados en esos desplazamientos. Según el testimonio de uno de sus informantes, algunos ingresan al país desde Chile, consiguen documentación apócrifa y desde allí siguen hacia Brasil o Colombia antes de proseguir a otros destinos.
Bonilla señaló que emplean pasaportes o licencias con identidades falsas, aunque con sus propias fotos, para esconder su verdadero perfil y evitar que consten sus antecedentes. Con esos papeles también logran alquilar vehículos o alojamientos durante su estadía.
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La documentación argentina, no obstante, no es la única en circulación. Una fuente de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), que habló con PERFIL bajo reserva, confirmó que hay delincuentes que viajan con pasaportes y papeles de distintas nacionalidades para ocultar su identidad. Incluso, indicó, en ocasiones utilizan documentos de familiares sin antecedentes.
La fuente de la PDI ratificó la existencia de un mercado clandestino que suministra identidades y papeles a estas organizaciones. “Hemos escuchado de este tipo de documentación. No sabemos todavía muy bien dónde y cómo la obtienen, pero lógicamente hay un mercado negro”, explicó.
Las dos fuentes consultadas por PERFIL concuerdan en que Argentina integra el circuito de estos grupos, tanto como punto de tránsito desde Chile hacia otros destinos como escenario de algunos robos. La extensa frontera entre ambos países y las múltiples rutas para cruzarla facilitan esos desplazamientos.
La fuente de la PDI señaló que los más de 4.500 kilómetros que separan Chile y Argentina hacen difícil un control exhaustivo y permiten diversas formas de ingreso y salida. “Generalmente cuando cometen delitos graves acá, lo primero que hacen es salir a Argentina y de ahí se distribuyen a cualquier parte del mundo”, explicó.
“Hemos visto gente delinquir en Argentina y a las dos semanas aparecer con foto en su casa aquí en Santiago”, añadió
Según esa fuente, algunos grupos viajan directamente al país sudamericano para robar viviendas, mientras que otros prosiguen hacia Brasil, Estados Unidos, Canadá o Europa. No se trata de una única banda: son distintos grupos que se organizan y actúan según el país en que planean operar.
Una característica habitual de estas organizaciones es su trabajo previo. Aunque varios casos implicaron a deportistas y figuras públicas, las fuentes aclararon que no siempre viajan con una celebridad marcada previamente.
Bonilla detalló que las bandas recorren áreas de alto poder adquisitivo, vigilan restaurantes, bares y centros comerciales y observan a personas que muestran autos, relojes u otros bienes de valor. A partir de eso, identifican dónde viven y estudian cuándo las viviendas quedan vacías.
“Saben lo que hacen”, aseguró. En su etapa como detective en Long Island, Bonilla alertó a otras agencias para que vigilaran por la tarde (16 a 19 hs) la circulación repetida de autos alquilados o con matrículas de otros estados en barrios lujosos. Para el investigador, eso podía indicar que estaban observando domicilios antes de entrar a robar.
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La fuente chilena describió un procedimiento análogo. Los grupos “determinan sectores y estudian los domicilios” para evaluar las vías de ingreso y comprobar si hay personas en el interior. “Hacen un verdadero análisis de los lugares donde van a delinquir”, dijo. La prioridad no siempre es quién vive allí, sino cuánto pueden obtener. “No se trata de decir: ‘acá vive el mejor jugador de la NBA’”, sostuvo.
Buscan «barrios caros», examinan las propiedades y los vehículos y calculan dónde pueden hallar dinero, joyas, relojes y otros objetos pequeños y fáciles de trasladar.
Ese patrón aparece en varios expedientes que llegaron a la Justicia estadounidense. Una pesquisa contra chilenos acusados de entrar a mansiones de deportistas profesionales determinó que los ataques se daban cuando las viviendas estaban desocupadas.
Entre los robos de conocimiento público figuran propiedades vinculadas a figuras de la NFL como Patrick Mahomes, Travis Kelce y Joe Burrow. Los autores buscaban principalmente relojes, joyas, efectivo y cajas fuertes.
Según la fuente de la PDI, España es un destino histórico para este tipo de delincuencia y aparece como uno de los principales lugares de asentamiento, en gran parte por el idioma. Desde allí, los grupos pueden desplazarse a otros países.
Pero no llegan por su cuenta. La fuente indicó que, al arribar, suelen ponerse en contacto con chilenos ya instalados que conocen el circuito. En algunos casos son recibidos en lugares donde conviven delincuentes de diferentes nacionalidades y luego se integran a organizaciones que operan en distintos puntos de Europa.
La PDI observó esa dinámica en investigaciones en conjunto con fuerzas extranjeras. La fuente recordó un trabajo realizado años atrás con la LKA alemana, donde detectaron grupos chilenos que actuaban junto a delincuentes albaneses y de otras nacionalidades.
“Siempre hay una persona que los recibe”, explicó. “En Europa los acogen y los ubican en sitios que funcionan como asentamientos de delincuentes, no solo chilenos, sino de distintas nacionalidades. A partir de eso se integran a bandas que van operando a lo largo de Europa”.
Bonilla citó, además de España, a Italia, Alemania e Inglaterra.
Un caso en Austria ilustra parte de ese esquema. Hace meses detuvieron a tres ciudadanos chilenos acusados de una serie de robos por más de 200 mil euros. Operaban desde departamentos turísticos y se movilizaban en autos alquilados o en transporte público. Parte de las joyas y metales preciosos se vendían en Austria e Italia y otra parte se enviaba a Chile por correo.
El “turismo delictivo” halló diversas formas de sacar los bienes obtenidos y convertirlos en dinero. Una de ellas consiste en enviar encomiendas por servicios de courier a Chile, donde familiares reciben los objetos y luego los venden en el mercado informal.
La fuente recordó una investigación coordinada con el FBI en la que se incautaron más de tres kilos de oro valuados, según indicó, en cerca de 300 millones de pesos chilenos.
Parte de lo recaudado en los robos se canaliza a la compra de propiedades y vehículos. Tras pasar un tiempo en Chile, los integrantes de estas bandas vuelven a delinquir para costear nuevos viajes.
La edad también marca diferencias: según la fuente, los más jóvenes se mueven sobre todo entre Estados Unidos y Canadá, mientras que quienes tienen mayor trayectoria suelen operar en Europa.




