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Bachelet afirma "yo creo que sí", reordena a la oposición y moviliza al oficialismo

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Escrito por:Constanza Carrillo Silva

“Yo creo que sí… yo creo que sí”. Fue una expresión breve, pero desencadenó un intercambio que pronto se extendió desde la oposición hasta La Moneda.

Aunque la expresidenta Michelle Bachelet no formalizó una candidatura ni presentó un calendario electoral, la sola posibilidad alcanzó para provocar las primeras reacciones.

Las reacciones, en cambio, fueron dispares. En algunos sectores intentaron minimizar la frase, mientras que en otros se interpretó que un eventual regreso de Bachelet podría incidir en una oposición que aún busca definir sus liderazgos.

RN advierte que el panorama podría alterarse

En Renovación Nacional plantearon con claridad que la declaración de Bachelet podría modificar el mapa político.

Desde la colectividad indicaron que su retorno al país, tras su paso por organismos internacionales, podría conferirle una presencia política distinta y convertirla en una figura capaz de articular a una oposición hoy dividida. Bajo esa óptica, el oficialismo debería contemplar que el escenario variaría si la expresidenta decide reingresar de lleno a la política nacional.

A la vez surgió otro reparo: que una posible candidatura de Bachelet dificultaría la renovación de la centroizquierda. En ese sentido, sostuvieron que si pretende asumir de nuevo un liderazgo opositor, deberá comenzar a posicionarse sobre los principales temas del país.

El debate incluyó además la cuestión de la renovación de rostros: desde el partido criticaron que la izquierda vuelva a apoyarse en referentes de décadas pasadas y subrayaron la necesidad de que emerjan nuevas figuras.

Por eso, en RN no se limitaron a cuestionar la posibilidad de un tercer mandato: también evaluaron las consecuencias que la eventual presencia de Bachelet podría provocar en la vereda contraria.

UDI centra la atención en el escenario opositor

En la UDI la respuesta tuvo una mirada afín sobre el entorno que enfrentaría Bachelet dentro de su propio sector. Reconocieron la legitimidad de una candidatura, pero enfatizaron las dificultades para sumar apoyos en una oposición que agrupa distintas sensibilidades y posibles liderazgos.

A eso se sumó una iniciativa relacionada con los expresidentes: desde la bancada gremialista anunciaron una indicación al Presupuesto 2027 para limitar el uso de las asignaciones que reciben los exmandatarios, buscando impedir que esos recursos se destinen a fines políticos, proselitistas o electorales.

De esa forma, en la UDI la discusión no se concentró solo en la posibilidad de una candidatura, sino también en qué límites deberían regir la participación política de los exjefes de Estado cuando manejan fondos públicos.

Republicanos y libertarios suben el tono

Desde el Partido Republicano la reacción fue más crítica y se centró principalmente en la escasa renovación de liderazgos en la oposición y en el momento en que reaparece la figura de Bachelet.

Los republicanos interpretaron que volver a recurrir a la expresidenta sería una señal de continuidad con una etapa anterior de la política chilena, y cuestionaron que la discusión presidencial comience a instalarse cuando el actual gobierno lleva apenas siete meses.

El Partido Nacional Libertario mostró una postura similar, aunque con críticas más duras al legado de los gobiernos de Bachelet. Desde ese espacio afirmaron que una eventual tercera administración sería perjudicial para el país y reprocharon que la expresidenta vuelva a promover una opción presidencial tras su frustrada aspiración a la Secretaría General de Naciones Unidas.

Dentro del sector libertario también se planteó otra lectura: que la posible candidatura podría servir para ordenar y fortalecer a una oposición fragmentada detrás de un futuro liderazgo.

En conjunto, estas posturas giraron en torno a dos ideas centrales: la crítica a la falta de renovación en la oposición y la polémica sobre el legado de administraciones anteriores.

El PDG, al margen del oficialismo, también participó del debate

Cabe recordar que el PDG no forma parte del oficialismo, por lo que sus reacciones deben leerse de manera independiente. Aun así, algunas voces de la colectividad se sumaron al debate y cuestionaron tanto el eventual retorno de Bachelet a la política como su gestión.

En ese marco aparecieron expresiones machistas y ofensivas contra la expresidenta que provocaron rechazo incluso al interior del propio partido. Por ello, la reacción del PDG fue heterogénea y dio lugar a una discusión paralela sobre la forma en que se aborda la participación de las mujeres en la política.

La Moneda: inicialmente bajar el perfil

La primera respuesta del gobierno fue más comedida. Desde La Moneda intentaron transmitir que aún hay una distancia considerable hasta la próxima elección y que, por ahora, la posibilidad de una candidatura constituye más una manifestación de intención que una decisión concreta.

El biministro Claudio Alvarado afirmó que “cuando se inscriban las candidaturas, en tres años y medio más, conversaremos respecto de las viabilidades políticas”.

El mensaje fue nítido: desde La Moneda evitaron convertir la declaración de la expresidenta en un debate electoral inmediato y mantuvieron el foco en las prioridades por las que fue elegido el actual gobierno.

No obstante, 24 horas después el propio presidente José Antonio Kast se sumó a la discusión.

Kast y Tohá: posturas enfrentadas, misma advertencia

El presidente Kast abordó el asunto durante su intervención en el Encuentro Empresarial del Sur, en Valdivia. Sin aludir explícitamente a Bachelet, apuntó a quienes ya estarían pensando en la siguiente elección.

Señaló que “esta ansiedad que se da en temas presupuestarios también se da en temas políticos. Y algunos ya están pensando en la próxima elección”.

Posteriormente sostuvo que es legítimo que existan distintos liderazgos, pero orientó la discusión hacia la evaluación de las políticas públicas implementadas en las últimas décadas. En ese sentido mencionó diversas reformas y materias que, a su juicio, deben ser revisadas.

Curiosamente, casi desde la vereda contraria, Carolina Tohá entregó una lectura que coincide con Kast en un punto: la conveniencia de no adelantar la carrera presidencial.

La exministra del Interior destacó la importancia de contar con liderazgos disponibles y valoró la disposición manifestada por Bachelet. Sin embargo, advirtió que sería un “error completo” que la oposición se pusiera ahora a preparar la próxima elección.

Tohá enfatizó que “queda mucho por delante; este gobierno todavía tiene tres años y medio”, llamando a la oposición a enfocarse en sus tareas actuales y en la construcción de una propuesta política.

No obstante, esa coincidencia se agota en ese punto.

Mientras Kast lo hace desde La Moneda y aprovecha el debate para poner sobre la mesa el balance de las políticas aplicadas por los gobiernos anteriores, Tohá actúa desde la oposición y pide precisamente que no se transforme la eventual candidatura de Bachelet en el eje de la actividad política.

De este modo, la reacción del oficialismo ante las palabras de Bachelet terminó configurando un panorama más amplio que un simple rechazo o respaldo a un eventual tercer intento.

Mientras algunos procuran restarle importancia a una definición que aún no existe, otros advierten que su regreso podría ayudar a ordenar a una oposición fragmentada; y también están quienes aprovechan la eventualidad de un nuevo desafío electoral para reabrir la discusión sobre el legado de sus dos gobiernos.