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Nueva ley electoral de Meloni en Italia: ¿qué cambios introduce y por qué genera polémica?

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César Vega Martínez, Agencia EFEPeriodista del área Internacional en BioBioChile

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, logró este jueves sacar adelante su proyecto de reforma electoral, una iniciativa que pretende, entre otras cosas, asegurar la estabilidad política futura otorgando a quien gane en las urnas un premio en escaños, y que ha sido duramente criticada por la oposición.

Esta mañana la Cámara de los Diputados aprobó la reforma de forma definitiva, con 227 votos a favor y 164 en contra.

¿Qué recogen sus artículos? A continuación se detallan algunas claves de la ley electoral que regirá los comicios generales de 2027.

1) ‘Stabilicum’: esta reforma fue un elemento central en los planes de Meloni para su último año de legislatura. Su propósito declarado es reforzar la estabilidad de los futuros gobiernos y poner fin a la agitada tradición política del país, que ha visto 68 gobiernos en sus recientes 80 años de República democrática.

2) ‘Premio de mayoría’: la principal innovación es la instauración de un ‘premio’ de escaños para la lista o coalición que alcance el 42 % de los votos, con el objetivo de consolidar su mayoría parlamentaria: 70 en la Cámara de los Diputados y 35 en el Senado.

3) Listas de la discordia: uno de los elementos más polémicos es el formato de las listas electorales, que reincorpora de forma parcial el sistema de ‘preferencias’: en las papeletas aparecerán líderes fijos y el resto de candidatos quedará sujeto a la preferencia del votante.

La medida llegó a incomodar a los socios ‘menores’ de Meloni, la ultraderechista Liga de Matteo Salvini y la conservadora Forza Italia de Antonio Tajani. De hecho, en julio algunos de sus propios parlamentarios tumbaron una enmienda de la ley amparándose en el voto secreto, como muestra de su descontento.

4) Hegemonía limitada: la norma también fija un tope al premio de mayoría: la coalición beneficiada no podrá controlar más de 220 escaños en la Cámara Baja (de 400) ni 113 en el Senado (de 200).

5) Cambio de llaves: por otra parte, modifica los umbrales necesarios para acceder al Parlamento: las coaliciones deberán obtener al menos el 10 % de los votos y los partidos en solitario, el 3 %.

6) Un nombre claro: las formaciones que se presenten deberán incluir en su programa el nombre de su candidato a primer ministro. La intención es aportar mayor claridad al proceso —ya que habitualmente en Italia la figura del jefe de Gobierno se negocia ‘a posteriori’— aunque no será vinculante, puesto que la designación corresponde constitucionalmente al presidente de la República.

La medida responde al empeño de Meloni por implantar el llamado ‘premierato’, es decir, la elección directa del primer ministro. La propuesta ha recibido críticas por entenderse que reduce el poder del jefe del Estado, responsable de encargar la formación de los gobiernos.

7) Más firmas y más lejos: por un lado, la reforma eleva de 1.500 a 6.000 el número de firmas que cada nuevo partido deberá recabar en cada una de las 49 circunscripciones electorales para poder concurrir; además, por primera vez se permitirá votar fuera del lugar de empadronamiento.

8) Paridad ‘ma non troppo’: la exigencia de paridad de género en las listas fue otro punto conflictivo. Finalmente no se aplicará a las cabezas de lista, pero sí se exigirá la alternancia de nombres masculinos y femeninos entre el resto de candidatos.

9) El ‘Melonellum’: la oposición ha rechazado de forma contundente la reforma y acusa a la primera ministra de allanar su camino hacia las próximas elecciones. Por eso, sus críticos la han apodado irónicamente ‘Melonellum’, y cuestionan especialmente la posible incompatibilidad constitucional del ‘premio’ de escaños.

10) Aviso a filas: Meloni había advertido a sus parlamentarios de que “tomaría nota” si la ley no salía adelante, consciente del riesgo que suponía una votación secreta (como la de julio). Era pasar la norma o enfrentarse a una crisis de Gobierno.

Con la votación de hoy, la primera ministra dispone ya de las reglas con las que competir —si decide hacerlo— en las elecciones generales del próximo año y de la herramienta para prolongar su Gobierno, que es el más longevo de la democracia italiana, salvo que el Tribunal Constitucional no lo modifique total o parcialmente, según advierten sus detractores.

Frente a ella no solo estará una oposición todavía fragmentada, sino también la figura del nuevo representante ultraderechista, el general Roberto Vannacci, que acecha los espacios parlamentarios de la coalición de Meloni.