Región del Bío Bío

hrs

¿Podrían producirse en el Bío Bío aluviones similares al de Las Condes? Experto alerta riesgos

logo Jeser Lara
Escrito por:Jeser Lara

Autos y buses llevados por una mezcla de agua, barro y piedras el pasado jueves mostraron la potencia que puede alcanzar un aluvión cuando varias condiciones coinciden en un mismo lugar. Lo sucedido en San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, plantea la duda sobre si en sectores del Bío Bío podrían darse emergencias con características parecidas.

¿De qué manera una lluvia puede arrastrar vehículos?

Una pieza central del fenómeno es la rapidez de respuesta de una cuenca pequeña con fuerte pendiente. Cuando se registra una lluvia intensa en poco tiempo, el agua tiende a concentrarse en quebradas y cauces, provocando que los caudales se incrementen en minutos y dejando escaso margen para reaccionar.

En el caso de Las Condes, apunta el Dr. Caamaño, existió un antecedente clave: había estado lloviendo durante casi una semana. “El suelo ya estaba saturado y había perdido la capacidad de absorber más agua, por eso la precipitación adicional circuló por la superficie en vez de infiltrarse”, explica.

También resulta determinante la altura de la isoterma cero, es decir, la cota en que la precipitación cambia de lluvia a nieve. Si esa cota está alta, puede llover en sectores cordilleranos que normalmente recibirían nieve, incorporando de inmediato ese volumen de agua al escurrimiento hacia las quebradas.

No obstante, según el investigador del CIBAS UCSC, el agua no es todo. “Un metro cúbico de agua limpia pesa una tonelada, pero ese mismo volumen si contiene barro y piedras puede aproximarse al doble de peso”, comenta el académico, quien agrega que al deslizarse por pendientes esa masa gana velocidad y fuerza suficiente para arrastrar rocas, troncos, restos y hasta vehículos.

Cuando una calle pasa a ser cauce

Para el Dr. Diego Caamaño, el episodio en Santiago evidencia otro aspecto: una vez que el flujo llega a la ciudad, la infraestructura urbana puede alterar su trayecto. El investigador de la UCSC indica que las vías rodadas son rutas eficientes para el agua porque ofrecen superficies lisas, siguen las pendientes y están acotadas por soleras, muros y otras construcciones.

“La calle se transformó en el nuevo cauce, concentrando el agua y haciendo que llegara con más rapidez y alcance”, describe. A esto se suman canales, colectores, alcantarillas y obras para retener sedimentos que, ante caudales excepcionales, pueden verse desbordadas o perder efectividad cuando sedimentos y escombros taponan el paso del agua.

En relación con Las Condes, Caamaño subraya que para cuantificar la influencia de cada factor es necesario efectuar una evaluación técnica de la cuenca y de la infraestructura existente.

¿Qué cambia tras un incendio?

El investigador de la UCSC señala que los incendios forestales introducen un factor adicional. El fuego elimina vegetación y raíces que estabilizan el terreno, dejando suelos y materiales disponibles para ser movilizados por lluvias posteriores. Además, detalla Caamaño, el calor puede originar una capa superficial que reduce la capacidad de infiltración del suelo.

“Al no haber raíces que sujeten el terreno, el material queda preparado para ser arrastrado, y la costra de cenizas que deja el incendio repele el agua, de modo que esta corre más por la superficie que se infiltra”, explica.

De ese modo, una ladera afectada por el fuego puede juntar dos condiciones simultáneas: mayor escurrimiento superficial y más material disponible para el transporte.

¿Es posible en el Gran Concepción?

Según Caamaño, en el Bío Bío hay tres condiciones que también estuvieron presentes en la emergencia santiaguina: lluvias intensas, laderas con fuerte pendiente y suelos sueltos por incendios recientes.

El área que identifica con mayor claridad es Penco-Lirquén, donde los siniestros de enero de 2026 afectaron las laderas de la cordillera de la costa que descienden directamente hacia sectores urbanizados.

“Contamos con esos mismos tres elementos en la zona. Cambian las alturas respecto de la precordillera de Santiago, pero los tres factores están presentes”, explica.

No obstante, existe una diferencia relevante. En los últimos años, los episodios registrados en el Gran Concepción han sido, sobre todo, deslizamientos de ladera y no tanto aluviones como el de Santiago.

El investigador recuerda antecedentes recientes en lugares como la Ruta de la Madera, Ruta 150, Lirquén, Autopista Concepción-Cabrero y Tomé. Esa distinción no implica menor riesgo: en 2006 un hecho de estas características provocó la muerte de cerca de diez personas en el cerro Manquimávida, en Chiguayante.

Cómo reducir la amenaza

Para el Dr. Diego Caamaño, estos peligros deben encararse con una combinación de intervenciones de ingeniería y medidas preventivas. Entre las opciones que menciona están las obras para controlar y retener sedimentos, drenajes correctamente dimensionados, monitoreo meteorológico e hidrológico, sistemas de alerta temprana y mantención preventiva de la infraestructura.

“Ante estas amenazas, las respuestas tienen que integrar obras de ingeniería y acciones preventivas”, afirma el investigador del CIBAS-UCSC, añadiendo la importancia de una planificación territorial que impida la ocupación de áreas expuestas al peligro.

El estudio también requiere vigilar lo que ocurre en las laderas tras los incendios. Según Caamaño, la pérdida de vegetación y raíces deja material listo para ser movido y, simultáneamente, puede mermar la capacidad del suelo para absorber agua durante lluvias intensas.

Por esa razón, sostiene, zonas como Penco-Lirquén requieren especial atención por la conjunción de laderas quemadas, urbanización al pie de los cerros y lluvias que pueden mantener los suelos saturados por varios días.

“Tenemos los mismos tres factores en la zona: precipitaciones intensas, laderas de fuerte pendiente y suelos sueltos producto de incendios recientes”, advierte Caamaño.

La experiencia reciente en el Gran Concepción demuestra que el peligro no siempre adopta la misma forma que en Santiago. En la región, puntualiza el investigador, lo que se ha registrado mayoritariamente son deslizamientos de ladera, con antecedentes en la Ruta de la Madera, Ruta 150, Lirquén, Autopista Concepción-Cabrero y Tomé.

En los sectores del Gran Concepción donde confluyen fuertes pendientes, suelos afectados por incendios y áreas urbanas, el riesgo debe ser enfrentado mediante monitoreo, alertas tempranas, mantención preventiva, obras de control de sedimentos y una planificación territorial adecuada, según plantea el investigador del CIBAS-UCSC.