En las últimas horas se ratificó una pena conjunta de 143 años de prisión para los miembros de una organización colombiana dedicada al tráfico de drogas en Chile. Se trata de “Los Emisarios del Cauca”, que introdujeron centenares de kilos de estupefacientes al país procedentes de distintos puntos del mundo.
El jueves 15 de octubre, el tribunal fijó la pena tras analizar los antecedentes presentados por la Fiscalía Occidente.
La banda estaba integrada por 16 personas en total. Sus miembros se encargaban de introducir cocaína, cannabis, MDMA (éxtasis), LSD y ketamina desde Europa, Bolivia y Colombia. Luego organizaban su comercialización principalmente en la Región Metropolitana y en otras zonas del país.
Operaban en la capital
Los acusados tenían como su base de operación un establecimiento conocido como “El Cafetal”, situado en el centro de Santiago.
Según la investigación del Ministerio Público, se calcula que entre 2019 y 2022 la organización logró introducir en Chile entre 500 y 800 kilos de esas drogas.

Es relevante señalar que el apelativo “Emisarios del Cauca” surgió porque uno de sus cabecillas actuaba como emisario de un cartel con actividad en el Valle del Cauca, en Colombia.
Según la fiscalía, los imputados fueron hallados culpables de tráfico de drogas y asociación ilícita; las penas más elevadas recayeron sobre los cuatro cabecillas, quienes recibieron condenas que oscilan entre 15 y 16 años de prisión por tráfico de estupefacientes, asociación ilícita y, en el caso de dos de ellos, por tenencia ilegal de arma de fuego, entre otros cargos.
“El Ministerio Público consiguió finalmente la condena de 16 imputados de nacionalidad colombiana, que desde 2019 venían importando drogas”, declaró Daniel Contreras, fiscal de Análisis Criminal Occidente.
“Los 16 fueron sentenciados por integrar una asociación ilícita. Se trata de un proceso que se viene desarrollando desde 2022, cuando se realizaron las primeras detenciones. Con anterioridad se habían obtenido cerca de seis condenas por lavado de activos, tráfico y asociación ilícita. Lo que quedaba por resolver eran los líderes de estas organizaciones, que tampoco accedieron a colaborar”, agregó.
“Se pudo comprobar de manera efectiva la existencia de un mercado delictual en el que estas tres organizaciones coexistían e introducían drogas desde Europa, Colombia y Bolivia”, concluyó el funcionario.




