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Gran Concepción
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Luego de seis décadas de esfuerzo, anécdotas y un profundo arraigo en el corazón de la capital del Biobío, don Luis Acuña Roa, uno de los suplementeros más reconocidos y queridos de la zona, decidió poner fin a su trayectoria laboral y cerrar su tradicional kiosco ubicado en la esquina de San Martín con Caupolicán.
Con 83 años de vida, el emblemático trabajador tomó la decisión de acoger el descanso debido a problemas de salud y al desgaste físico propio de una vida desarrollada íntegramente en la calle.
La historia de don Luis está marcada por la superación y el trabajo constante.
A la edad de nueve años, tras sufrir un accidente ferroviario en Valdivia que lo dejó con discapacidad permanente, debió reorientar su vida y, siendo parte de una familia numerosa de 16 hermanos, comenzó a buscar el sustento diario repartiendo impresos.
Su llegada formal al gremio se consolidó en su juventud, desempeñándose durante dos décadas como dirigente sindical, alcanzando la presidencia provincial del gremio y participando activamente en la Confederación Nacional.
Recordando sus inicios y el romance que marcó su vida personal, don Luis relató entre risas cómo conoció a su esposa:
"Me conoció como suplementero porque yo tenía mi kiosco y ella iba a comprar al kiosco y por ahí comenzamos a conversar, yo a veces le daba el vuelto, le tocaba la manita, pero así comenzó el idilio con mi esposa".
Asimismo, destacó que el pilar fundamental de su labor siempre fue su familia: "Mi familia que son mi baluarte, mi gran apoyo durante toda mi vida como trabajador; sin ellos, yo solo no habría podido"
EL CAMBIO TECNOLÓGICO: DEL PAPEL A LA PANTALLA
Durante la entrevista, el suplementero también reflexionó sobre los profundos cambios que ha experimentado el oficio y la sociedad penquista, desde las largas filas en el centro para retirar los diarios de las antiguas rotativas hasta el impacto de la tecnología y la crisis del papel impreso.
"La tecnología fue matando digamos la venta de los diarios, las empresas también empezaron a bajar el volumen... tuvimos que depender de otros artículos en los kioscos y producto de eso se fueron produciendo los robos", señaló al explicar los factores que precipitaron su retiro.
Hoy, tras una vida entera entregada al servicio de la comunidad y marcada por el cariño de generaciones de penquistas que pasaban a saludarlo, don Luis enfrenta una nueva etapa dedicada al descanso en su hogar, dejando un legado imborrable en la historia urbana y gremial de Concepción.

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