Luiz Inácio Lula da Silva sostiene que solo un milagro puede explicar cómo aquel niño que escapó del hambre en un camión destartalado terminó convirtiéndose tres veces en presidente de Brasil. Este domingo añadió otro logro a su trayectoria al protagonizar la primera remontada electoral de este tipo en la historia democrática del país.
Con una larga trayectoria de regresos políticos, Lula se impuso en la segunda vuelta presidencial con el 51,75% de los votos, frente al 48,25% obtenido por el opositor Flávio, hijo del exmandatario ultraderechista Jair Bolsonaro. Así, asumirá por cuarta vez la Presidencia de la mayor economía de América Latina, algo nunca antes visto.
En las nueve elecciones presidenciales realizadas desde el término de la dictadura militar, ningún aspirante había logrado ganar después de quedar atrás en la primera vuelta. Eso cambió este domingo.
El histórico líder del Partido de los Trabajadores (PT) y figura destacada del progresismo internacional volvió a exhibir su instinto político. Tras quedar dos puntos por debajo de su contrincante en la primera ronda, dio un giro drástico a la campaña.
La noche del 4 de octubre calificó el resultado de «inesperado».
A punto de cumplir 81 años, tomó un celular por primera vez, se adentró en el entorno digital —la principal fuente de información para los brasileños— y movilizó a cientos de miles de simpatizantes en las calles, en una ola de actividad social que no se veía desde hacía décadas.
Se autodenominó «el rey del selfi» y alentó la formación de un «ejército» de 10 millones de seguidores en WhatsApp, que difundieron su historia, los avances de sus gobiernos y las controversias que rodean a su rival.
Una niñez interrumpida
Lula nació en 1945 en Caetés y fue el séptimo hijo de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Melo, conocida como Dona Lindu. Vino al mundo en una vivienda de piso de tierra, en la aldea de Vargem Comprida, en el agreste pernambucano: una zona seca, pobre y desatendida.
Su padre se marchó a São Paulo antes de que naciera, con la intención de comenzar de nuevo junto a una prima adolescente de la madre de Lula, a quien también había dejado embarazada.
La imagen más antigua conocida de Lula es un retrato junto a su hermana Maria Baixinha, cuando tenía apenas tres años. Para la fotografía posó con una camisa y unas sandalias prestadas por el fotógrafo, ambas demasiado grandes para él.
En sus actos de campaña, Lula suele decir: «Yo soy el resultado de milagros (…) Todo lo que ocurrió en mi vida fue un milagro».
Sin perspectivas para salir adelante, Dona Lindu viajó con Lula y sus hermanos 2.500 kilómetros en un camión cargado de tarimas hacia el litoral de São Paulo, entonces en pleno auge industrial, para reunirse con el padre. El trayecto tomó 13 días.
De niño se ganaba la vida en la calle vendiendo maní, naranjas y tapioca, y también trabajó como lustrabotas. A los 14 años entró a una fábrica de tornillos y aprendió el oficio de tornero mecánico.
Del sindicalismo a la Presidencia
Tiempo después, su hermano Frei Chico lo animó a visitar el Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo. Allí comenzó una etapa que transformaría su vida.
«Jamás imaginé que sería un dirigente sindical», recordó en un acto político.
Desde el sindicato encabezó multitudinarias protestas durante la dictadura militar, vigente entre 1964 y 1985.
En una de sus primeras entrevistas de alcance nacional, concedida a la revista IstoÉ cuando recién presidía el sindicato, dejó explícita su postura: «Solo tengo un compromiso con los trabajadores que me eligieron».
Más tarde ingresó a la política y fundó el PT. En 1986 fue elegido diputado federal constituyente. Lula, marxista en sus inicios y pragmático al negociar, obtuvo 651.763 votos, la cifra más alta del país.
Desde entonces, se volcó a la contienda por la Presidencia.
Se presentó a las elecciones de 1989, 1994, 1998, 2002, 2006, 2022 y 2026: perdió las tres primeras y venció en las cuatro restantes. Durante sus dos primeros gobiernos, entre 2003 y 2010, promovió una profunda transformación social que sacó de la pobreza y el hambre a millones de brasileños, abrió universidades y acompañó un notable crecimiento económico.
Tras dejar el poder, su situación política se deterioró en medio de la operación Lava Jato. El PT volvió a nominarlo en 2018, pero la Justicia impidió que compitiera. En ese momento estaba encarcelado tras recibir condenas por corrupción que luego fueron anuladas, lo que le abrió la puerta para regresar a la política.
En 2022, como un ave fénix, volvió a postularse y derrotó a Jair Bolsonaro. Con ese triunfo alcanzó otro hito: hasta entonces, ningún presidente brasileño en ejercicio había perdido una elección buscando la reelección.
En su vida privada, se ha casado en tres ocasiones y ha enviudado dos veces. Maria de Lourdes da Silva murió dos años después de casarse, debido a complicaciones durante el embarazo de su primer hijo; Marisa Letícia Lula da Silva falleció por un derrame cerebral tras compartir gran parte de su vida con él.
En 2022 se casó con la socióloga Rosângela ‘Janja’ da Silva. Es padre de cinco hijos, seguidor apasionado del Corinthians y dice que aspira a vivir hasta los 120 años.





