Lula da Silva se impuso con claridad en las recientes elecciones presidenciales de Brasil y venció a Flávio Bolsonaro por cuatro millones de votos en la segunda vuelta. Apenas conocido el resultado, comenzaron a evaluarse sus consecuencias para el escenario político regional.
Por ahora, Brasil no se inclinó hacia la derecha, como sucedió hace un tiempo en Chile, Perú, Colombia, Bolivia, Costa Rica y Honduras, y seguirá compartiendo una orientación de izquierda con Uruguay y México.
La victoria de Lula y el porvenir de la doctrina Donroe
Esto supone que, con Lula nuevamente al mando, Brasil no se sumará al Escudo de las Américas, al que Bolsonaro se había comprometido a incorporarse.
Pero ¿representa esto un obstáculo para la doctrina Donroe en Latinoamérica? Cabe recordar que el término ‘Donroe’ alude a la reinterpretación de la histórica Doctrina Monroe promovida por Donald Trump, vinculada con la influencia estadounidense en otros países del continente.
En la práctica, esa iniciativa se ha canalizado mediante el citado Escudo de las Américas, una alianza entre países que aborda asuntos de seguridad y también cuestiones económicas.
Hasta el momento, todos los países gobernados por la derecha se habían incorporado al plan. Sin embargo, especialistas señalaban que Trump esperaba sumar a Brasil al bloque, dada su condición de mayor economía sudamericana.
El analista español Mariano de Alba considera que la victoria de Da Silva limita la iniciativa de Trump en Latinoamérica, aunque no la pone fin.
“El triunfo de Lula detiene el avance de la derecha en la región y establece un límite a los esfuerzos del Gobierno de EEUU por afianzar una América Latina políticamente alineada con Washington. Aunque son minoría en la región, Brasil y México deberán mostrar que es posible sostener una política exterior independiente mientras procuran una relación funcional con el Gobierno de Trump”, señaló a El Mundo.
“Sin embargo, como hemos observado durante los últimos dos años, es muy posible que persistan tensiones considerables en la relación. En el caso de Lula, también está claro que afrontará dificultades para gobernar internamente, pues la derecha amplió su presencia política en el país”, agregó.
Aun así, esto significa que el próximo gobierno del exdirigente sindical, al igual que el de Claudia Sheinbaum en México y el de Mark Carney en Canadá, deberá continuar buscando la convivencia en el escenario político interno.
Esto ocurriría en un contexto que no resulta completamente adverso con Donald Trump, quien ha dicho que no tiene una opinión negativa de Lula ni de Sheinbaum.
Q: Do you want to do something about the election in Brazil?
Trump: I’m not running Brazil. I’m running the U.S. I like Lula. I get along with him very well, but the extension given was very strange. https://t.co/Sl1HUjiWde
— Clash Report (@clashreport) October 26, 2026
Por su parte, la consultora política española Carmen Beatriz Fernández plantea que ambos países podrían contar con España como un aliado relevante, si Pedro Sánchez gana las elecciones generales.
“Lula representa una ventaja para Sánchez, que puede sacar provecho del impulso brasileño y, especialmente, del fervor de los activistas. La clave del triunfo de Lula fue su capacidad para movilizar a personas desencantadas”, afirmó.
“Los 11 millones de voluntarios organizados en grupos de WhatsApp fueron su recurso secreto: gracias a ellos remontó en apenas tres semanas una contienda que en la primera vuelta parecía perdida. Así lograron activar y entusiasmar a la base tradicional, y Sánchez busca algo muy similar”, concluyó.
Donald Trump y el Gobierno de EEUU todavía no se han referido públicamente a la victoria de Da Silva en Brasil, aunque el partido de Bolsonaro ya reconoció su derrota.
El lunes pasado, Trump incluso declaró: “(Esto) tiene una pinta terrible. Me pareció terrible. Quiero decir, no tomé partido, pero parecían otras elecciones fraudulentas”.
El presidente argentino Javier Milei, considerado un adversario político declarado de Lula, tampoco se ha pronunciado. En cambio, sí reaccionaron otros mandatarios de derecha del continente: Abelardo de la Espriella (Colombia), José Antonio Kast (Chile), Rodrigo Paz (Bolivia), Keiko Fujimori (Perú), Daniel Noboa (Ecuador) y Santiago Peña (Paraguay).




