Las disputas entre los partidos que respaldan al Gobierno comienzan a preocupar en La Moneda. Este lunes, el vocero, Gonzalo Arenas, admitió que los enfrentamientos públicos entre aliados “se ven mal”, en medio de las diferencias oficialistas sobre la permanencia del ministro de Justicia, Fernando Rabat.
La controversia aumentó luego de que Republicanos pusiera en duda la lealtad de quienes han solicitado la salida del ministro por las rebajas de condena. La UDI replicó que respaldar a Kast no implica guardar silencio y desafió a sus socios a decir si quieren que dejen el Gobierno.
Este lunes, después del comité político ampliado —que reunió a representantes de los partidos oficialistas—, Arenas buscó apaciguar los ánimos. No aclaró si trataron las diferencias entre los aliados, pero al retirarse tuvo que referirse a los enfrentamientos públicos entre esas colectividades.
El vocero defendió que los parlamentarios puedan discrepar y dijo confiar en que el diálogo permita concordar una posición. “Las bancadas de diputados no son regimientos”, sostuvo. “Son parlamentarios electos. Cada uno tiene su opinión y por lo tanto la discusión y el debate entre las distintas posturas parlamentarias siempre va a existir”.
Sin embargo, al ser consultado por los intercambios en redes sociales, reconoció el efecto negativo de esas disputas.
“Por supuesto que se ve mal. No nos gusta que peleen entre partidos políticos aliados”, afirmó. Además, llamó a llevar el debate a los espacios formales del Gobierno.
La Moneda busca contener la disputa oficialista por Rabat
Las declaraciones del vocero se producen tras una serie de desencuentros en el oficialismo por la crisis en el Ministerio de Justicia y los cuestionamientos a Fernando Rabat. El diputado republicano Alejandro Riquelme criticó a sus aliados: “para pedir puestos están primeros en la fila, pero para defender al Gobierno son los primeros en esconderse”.
En respuesta, los diputados UDI Marco Antonio Sulantay, Mario Olavarría y Natalia Romero difundieron un comunicado. Plantearon que advertir al presidente sobre las consecuencias de mantener al ministro constituye también una manera de apoyarlo.
“No pueden llenarse la boca hablando de unidad y, al mismo tiempo, dedicarse a descalificar públicamente a quienes formamos parte del mismo gobierno”, manifestaron.
Natalia Romero endureció el emplazamiento: “Si el Partido Republicano quiere que abandonemos el gobierno, que lo digan de frente”. Sus palabras reflejaron el enojo con sus socios, pero no anunciaron una salida del oficialismo.
Con el paso de los días, la discrepancia dejó de limitarse a la continuidad de Rabat. También surgió el debate sobre hasta qué punto los partidos pueden criticar las decisiones de Kast sin que se considere una falta de lealtad.
La jefa de bancada de la UDI, Flor Weisse, acusó a Republicanos de confundir “lealtad con ceguera política”. Por su parte, el vicepresidente del partido, Eduardo Cretton, afirmó que la colectividad del presidente se ha vuelto “una de las principales piedras en el zapato para el propio gobierno”.
De todos modos, las críticas no implican que toda la UDI respalde la acusación constitucional. Cretton descartó apoyarla, mientras que Weisse señaló que cada diputado tendrá que evaluar sus argumentos cuando se presente.
La búsqueda de respaldo para Rabat
Por ahora, La Moneda pretende ordenar sus filas mediante conversaciones. Arenas reconoció que algunos parlamentarios aún no están convencidos de la defensa del ministro y adelantó que hablarán con todos, “si es necesario uno a uno”, ante la acusación constitucional.
Consultado sobre si el Ejecutivo debía hacer una autocrítica por su coordinación, no señaló ningún problema específico. En cambio, dijo confiar en que el diálogo ayudará a resolver las diferencias.
El desafío es que el Gobierno requiere esos respaldos mientras la oposición prepara una acusación contra Rabat. La decisión de mantenerlo en el cargo fue del presidente; lograr que sus aliados la apoyen sigue pendiente.




