La Fuerza Aérea del Perú (FAP) sumará a sus capacidades un radar de vigilancia y alerta temprana que detecta aeronaves, misiles de crucero, blancos con baja reflexión radárica y vehículos aéreos no tripulados. La adquisición se enmarca en la modernización de la defensa aérea del país y en los preparativos para operar cazas F-16.
La Agencia de Compras de las Fuerzas Armadas otorgó a Thales un contrato cercano a los USD 39,9 millones para proveer un Ground Master 400 Alpha. Esta será la primera unidad del programa “Recuperación de la Capacidad de Control Aeroespacial del Sistema de Alarma y Control de Aeronaves en la Costa y Sierra”, registrado con el código 2313734.
La adquisición inicial comprende seis radares tridimensionales de vigilancia y alerta temprana con tecnología AESA, abreviatura en inglés de Active Electronic Scanning Array. El costo previsto del programa se sitúa entre USD 260 millones y USD 280 millones. Una vez adquirido el primer equipo, se proyecta incorporar los cinco restantes en 2027, siempre que no haya inconvenientes.
BioBioChile supo que el acuerdo entre la FAP y Thales LAS France SAS, filial francesa de la compañía, se esperaba para mediados de mes, después de que el Ministerio de Defensa finalizara los trámites del Convenio Marco Offset. Este documento fija las áreas prioritarias, el nivel de compensación y los plazos para presentar iniciativas relacionadas con la operación.
Una cobertura de 515 kilómetros
El Ground Master 400 Alpha funciona en banda S, dentro del rango de 2.900 MHz a 3.300 MHz. Tiene cobertura de 360 grados y una antena cuya elevación puede variar entre 0° y +40°, con ajuste electrónico de la inclinación.
El equipo tiene un alcance aproximado de 515 kilómetros y capacidad para seguir hasta 1.000 objetivos. Puede detectar aeronaves, misiles de crucero, armas de largo alcance, vehículos aéreos no tripulados y blancos con una firma radárica reducida, incluidos aquellos relacionados con tecnología furtiva.
Entre sus prestaciones también están el sistema IFF, que distingue entre fuerzas amigas y enemigas, y el uso de algoritmos de inteligencia artificial. Puede operar hasta los 30,5 kilómetros de altitud y estar listo en unos 30 minutos. Las especificaciones publicadas indican que está diseñado para funcionar sin interrupciones.
El modelo registra un promedio de unas 3.000 horas entre fallos críticos y una disponibilidad del 99%. Asimismo, está preparado para resistir contramedidas electrónicas. Puede trasladarse por tierra en camiones 6×6 u 8×8 y por aire en aviones C-130 o L-100-10 Hercules.
La FAP pretende sustituir sus sistemas actuales, calificados por algunos especialistas como de “tecnología obsoleta”. Según esas críticas, los equipos existentes no garantizan operaciones confiables ni una conexión adecuada con los sistemas modernos de control aéreo, comunicaciones y defensa antiaérea.
Con los nuevos radares, se busca extender la vigilancia del espacio aéreo peruano y conectarla con sistemas de armas, comunicaciones y apoyo. El programa plantea desarrollar una estructura capaz de detectar, identificar, interceptar y neutralizar amenazas mediante una red coordinada.
La adquisición del radar
La modernización de la vigilancia avanza mientras continúa el proceso para incorporar cazas F-16 a la FAP. El general César Torres Vega, exviceministro de Políticas de Defensa y oficial retirado de la Fuerza Aérea del Perú, explicó que el uso de estos aviones requiere una arquitectura que integre radares, comunicaciones, aeronaves de alerta temprana y aviones cisterna.
En una entrevista con El Montonero, Torres Vega indicó que el diseño de estas aeronaves responde a la doctrina actual de las guerras modernas, que prioriza las operaciones plenamente conectadas en red.
El exfuncionario dijo que la primera fase vinculada con la compra de los F-16 ya era “cien por ciento viable” y estaba en marcha. Añadió que una segunda etapa se encontraba en proceso de concertación y suponía un desembolso de USD 1.500 millones en cinco años, incluido en un crédito suplementario que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) remitió al Congreso.
En esa misma entrevista, Torres Vega planteó que los cazas debían complementarse con aeronaves AWACS, sigla de Airborne Warning and Control System, y aviones cisterna. Las primeras cumplen funciones de alerta temprana y control aéreo; los segundos suministran combustible a otras aeronaves mientras están en misión.
El general retirado señaló que los aviones de radar son necesarios para ejercer el comando. También sostuvo que las operaciones de combate y penetración requieren aviones tanqueros para contar con autonomía.
La adquisición del Ground Master 400 Alpha se inserta en una red más amplia de capacidades. Desde tierra, el radar entregaría información sobre los movimientos que detecte en el espacio aéreo, la cual podría ser aprovechada por los cazas, las aeronaves de comando y control, los sistemas de comunicación y otros medios militares en operaciones conjuntas.
Una red de ataque
Según el exviceministro de Defensa, los F-16 operarían dentro de un sistema de comando, control y comunicaciones que comparte información entre las unidades participantes en cada misión.
Torres Vega sostuvo que los combates modernos ya no dependen de uno o dos aviones actuando por separado, sino de un centro de comando, control y comunicaciones que conecta las operaciones.
En su explicación, una aeronave AWACS puede vigilar el área de operaciones y procesar señales para transmitirlas a las unidades de combate. La información se comparte mediante un enlace de datos o data link, una comunicación cifrada dirigida a las diferentes plataformas participantes.
Torres Vega afirmó que este enlace puede conectar unidades aéreas, terrestres y navales. Describió el resultado como un ecosistema de ataque en el que las unidades permanecen conectadas y operan en red.
Los radares terrestres de largo alcance constituyen uno de los elementos de ese esquema. El Ground Master 400 Alpha puede reconocer distintas amenazas aéreas desde tierra y aportar información para controlar el espacio aéreo. Entre las características publicadas del modelo adquirido por Perú están la capacidad de rastrear 1.000 objetivos y la cobertura de 360 grados.
El exviceministro también planteó que un satélite podría fortalecer las comunicaciones. Según afirmó, los aviones actuales disponen de comunicación satelital, lo que contribuye a crear enlaces redundantes.
Torres Vega explicó que el data link puede utilizar comunicaciones terrestres o aéreas de VHF y también conexiones satelitales. Añadió que estas últimas refuerzan los enlaces, aportan redundancia y ayudan a que las comunicaciones sean eficaces.
La operación de los F-16
Torres Vega advirtió que las bases desde las que operarían los F-16 también tendrían que modernizarse. Señaló al Grupo Aéreo N° 4, en Arequipa; al Grupo Aéreo N° 6, en Chiclayo; y a Talara como instalaciones que necesitarían infraestructura física y tecnológica adecuada para las aeronaves.
El oficial afirmó que estos aviones requieren condiciones físicas y tecnológicas especiales para poder operar con garantías.
Como ejemplo, mencionó que las pistas deben estar libres de objetos extraños. Explicó que una piedra u otro residuo podría ser succionado por los motores y ocasionar daños. Advirtió que reparar un motor cuesta al menos un millón de dólares.
El exviceministro señaló que el primer grupo de F-16 llegaría en 2030 y que la entrega completa se realizaría a lo largo de cinco años. También dijo que la Fuerza Aérea ya había empezado los preparativos para recibir los aviones y adaptar sus instalaciones a las necesidades operativas.
En su descripción, los F-16 Block 70 cuentan con tecnología integrada desde su diseño, software de integración y capacidades reforzadas con inteligencia artificial. Torres Vega los comparó con los F-16 de Chile y Brasil, cuyas versiones, según indicó, “se fabricaron en la década de 1990 y posteriormente fueron actualizadas”.
El general retirado sostuvo que los Block 70 incorporan componentes, módulos y sistemas que también están presentes en el F-35, aunque precisó que no tienen la capacidad furtiva de ese avión. En ese sentido, los describió como “una transición al F-35”.
Otro componente de vigilancia
En la entrevista, Torres Vega también habló del Sistema de Vigilancia de la Amazonía y Protección de la Amazonía, conocido como SIVAN-SIPAN. Lo presentó como una plataforma que podría integrar información de radares terrestres, sensores navales, sistemas aerotransportados, satélites y registros meteorológicos.
Torres Vega comparó el SIVAN con una gran fábrica que recibe datos de múltiples sensores, como radares en tierra y en el mar, sensores aerotransportados, satélites y sistemas meteorológicos.
Según su propuesta, esos datos podrían convertirse en información estratégica para mantener la vigilancia y el control de manera permanente. Añadió que el sistema tendría un carácter multidisciplinario, con la participación de actores nacionales, regionales y locales.
BioBioChile conoció que la adquisición del primer Ground Master 400 Alpha se realiza mediante un proceso competitivo de “secreto militar”, de acuerdo con la versión 9 del Manual de Contrataciones en el Mercado Extranjero MN-DPC-001. El Ministerio de Economía deberá transferir los fondos desde la Reserva de Contingencia.
Una vez firmado el contrato, previsto para este mes, se contempla suscribir acuerdos específicos de compensación industrial y social relacionados con transferencia tecnológica, capacitación, infraestructura, mantenimiento y producción local.




