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Gran Concepción
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Dos locales emblemáticos y arraigados en la memoria colectiva penquista, la librería El Gallo y Confitería Santiago, ubicados en plena calle Aníbal Pinto, anunciaron el cese definitivo de sus operaciones y la baja de sus cortinas para este mes de noviembre.
Mientras la librería El Gallo se consolidó desde 1955, destacando históricamente por proveer textos extranjeros en la época de auge de la Siderúrgica Huachipato, la Confitería Santiago se transformó durante décadas en un punto de encuentro obligado para comprar dulces y confites para varias generaciones de penquistas.
Detrás de esta decisión confluyen diversos factores críticos que afectan al casco histórico penquista.
Por un lado, las autoridades y locatarios apuntan a una compleja situación económica marcada por una severa baja en las ventas, que según testimonios del sector han llegado a disminuir hasta en un 60%, lo que vuelve insostenible el pago de arriendos.
A esto se suman problemas estructurales ya conocidos, como la contracción del consumo, la competencia del comercio informal y los altos índices de cesantía que afectan a la Región del Biobío.
No obstante, en este caso particular se suma una arista humana y generacional compleja: tras el fallecimiento de sus dueños originales y fundadores, los conflictos internos y la falta de interés de las nuevas generaciones o herederos por dar continuidad al negocio familiar terminaron por sentenciar el fin de ambos establecimientos.
"A lo mejor ya las personas, los jefes, están mayores, son generaciones, entonces a lo mejor no le gusta el ambiente laboral del comercio", señaló una comerciante del sector aludiendo al recambio generacional y a la dificultad de mantener a flote los negocios tradicionales frente a las dinámicas del mercado actual.
El cierre de la librería El Gallo y Confitería Santiago se suma a una lista cada vez más larga de locales tradicionales que han desaparecido del centro de Concepción, dejando a trabajadores con años de antigüedad en la cesantía y sepultando parte importante del patrimonio comercial penquista.
Mientras las calles céntricas intentan reordenarse frente a fenómenos como la proliferación de nuevos rubros o la competencia de centros comerciales y multitiendas de bajo costo, la nostalgia de los clientes queda como el único testimonio de una época dorada que poco a poco se apaga.

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