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Cansancio incluso después de dormir, dificultad para concentrarse y la sensación de estar permanentemente saturados son experiencias cada vez más frecuentes. El neurocientífico Fernando Ortiz explica qué ocurre en el cerebro cuando estamos expuestos de manera constante a estímulos y cómo recuperar nuestra capacidad de atención.
¿Sentir cansancio durante el día pese a haber dormido? ¿Tener dificultades para concentrarse en una sola tarea? ¿Revisar constantemente el celular mientras se trabaja, se conversa o incluso se ve televisión?
Estas situaciones forman parte de la vida cotidiana de millones de personas y han instalado una pregunta: ¿estamos viviendo con un “cerebro agotado”?
Para el neurocientífico Fernando Ortiz, director ejecutivo de NeuroFest, uno de los principales desafíos actuales está relacionado con la enorme cantidad de estímulos a los que está sometido nuestro cerebro durante el día.
El problema no necesariamente radica en realizar muchas actividades, sino en la constante interrupción de la atención. Saltar de WhatsApp a Instagram, responder correos mientras se trabaja, revisar notificaciones y cambiar permanentemente de una tarea a otra obliga al cerebro a redirigir una y otra vez sus recursos atencionales.
Dormir es fundamental para la recuperación del organismo y para procesos cerebrales como la consolidación de la memoria y la regulación emocional. Sin embargo, no basta solamente con contabilizar las horas de sueño.
La calidad del descanso también puede verse afectada por hábitos como exponerse hasta muy tarde a pantallas, mantener horarios irregulares o dormir menos de lo que el organismo necesita.
La falta de sueño tiene consecuencias directas sobre funciones cognitivas esenciales, entre ellas la atención, la memoria, la capacidad de tomar decisiones y la regulación de las emociones.
Por eso, una persona puede levantarse después de haber pasado varias horas en la cama y aun así experimentar sensación de cansancio o dificultad para funcionar adecuadamente durante el día.
Las notificaciones, mensajes y redes sociales están diseñados para captar nuestra atención. Cada interrupción puede sacar al cerebro de la tarea que estaba realizando y obligarlo a volver a concentrarse posteriormente.
Esto puede generar la sensación de estar permanentemente ocupados, aunque muchas veces se trate de una sucesión de pequeñas acciones que fragmentan la atención.
WhatsApp, Instagram, correo electrónico, televisión y trabajo pueden terminar funcionando simultáneamente como fuentes de estímulos.
El resultado puede ser una mayor dificultad para mantener la concentración durante períodos prolongados, especialmente cuando estamos acostumbrados a recibir información nueva de manera constante.
Uno de los conceptos que Ortiz aborda es el denominado multitasking o multitarea.
Aunque las personas pueden sentir que están realizando varias actividades simultáneamente, en muchas situaciones el cerebro en realidad está cambiando rápidamente el foco de atención entre diferentes tareas.
Cada cambio implica un costo cognitivo y puede disminuir la eficiencia con la que se desarrolla cada actividad.
Así, contestar un mensaje mientras se trabaja, revisar redes sociales durante una reunión o mirar televisión mientras se responde un correo puede terminar generando mayor dispersión y cansancio mental.
La buena noticia es que la atención también puede entrenarse y protegerse mediante cambios en los hábitos cotidianos.
Entre las estrategias se encuentra establecer períodos de trabajo o estudio sin interrupciones, reducir las notificaciones innecesarias y evitar revisar permanentemente el teléfono.
También es importante incorporar momentos de descanso real, en los que el cerebro no esté recibiendo constantemente nuevos estímulos.
A esto se suma una adecuada higiene del sueño, actividad física, alimentación equilibrada y espacios destinados a actividades que permitan desconectarse de las pantallas.
Estos y otros temas serán parte de NeuroFest, festival que este año se realizará los días 4 y 5 de septiembre, con actividades dirigidas a escolares, familias y público general.
La iniciativa busca acercar el conocimiento científico a la ciudadanía y generar espacios para comprender mejor cómo funciona nuestro cerebro y cómo las decisiones cotidianas pueden influir en su funcionamiento.
Para esta edición, el festival contempla cinco grandes ejes: aprender, sentir, pensar, sanar y transformar, abordando materias como memoria, neurodesarrollo, educación, nutrición, sentidos, envejecimiento e inteligencia artificial.
En un contexto marcado por la hiperconectividad y la exposición permanente a información, comprender cómo funciona nuestro cerebro puede ser también una herramienta para aprender a administrar mejor nuestra atención, descansar y recuperar espacios de concentración.
El desafío, plantea Ortiz, no necesariamente es eliminar la tecnología de nuestra vida cotidiana, sino aprender a utilizarla de manera que no terminemos convirtiéndola en una fuente permanente de agotamiento mental.

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