Los primeros 40 días del gobierno de José Antonio Kast han estado marcados por una convivencia no exenta de tensiones al interior del oficialismo. Un escenario que, en los últimos días, volvió a instalar un debate incómodo: las llamadas “dos almas” de La Moneda.
Esta discusión ha ido tomando fuerza tras episodios concretos, como el debate por la gratuidad universitaria, que finalmente quedó fuera de la ley miscelánea, y que expuso diferencias entre ministros y también entre partidos.
Lo mismo ocurrió con el diseño del proyecto de reconstrucción, un paquete que supera las 40 medidas y que ha generado reparos por su carácter amplio y por incluir materias tributarias, sociales y de seguridad en una sola iniciativa.
A eso se sumaron declaraciones cruzadas en el gabinete. Y es que, la semana pasada, el ministro de la Segpres, José García Ruminot, junto al titular de Interior, Claudio Alvarado, protagonizó un gallito con el jefe de Hacienda, Jorge Quiroz, por la inclusión de la gratuidad en la ley miscelánea.
Mientras Segpres la descartaba, Hacienda sostenía que sí estaba considerada. Finalmente, se impuso la postura del ministro ligado a Renovación Nacional.
¿Hay “dos almas” en el gobierno de Kast?
En ese contexto tomó fuerza la tesis de las “dos almas”. Más que una ruptura formal, se trata de la convivencia de dos estilos dentro del oficialismo: uno más dialogante y abierto a acuerdos, y otro más firme en la implementación de las reformas.
Pese a ese escenario, desde el bloque han buscado bajar el tono y proyectar unidad, especialmente desde la colectividad del presidente.
El jefe de bancada republicano, Benjamín Moreno, descartó de plano la existencia de divisiones y defendió el actuar coordinado del bloque.
A diferencia de otros sectores, en la UDI han optado por canalizar sus reparos de forma más reservada con el Ejecutivo, lo que ha facilitado una relación más fluida con Republicanos, incluso más que con algunos socios de Chile Vamos.
En ese sentido, la diputada Constanza Hube apuntó a que existen distintos perfiles dentro del gabinete, pero que lo central es mantener una conducción clara y una agenda compartida.
Una visión que también se refleja en Evópoli, quienes se han sostenido gracias a Chile Vamos.
El diputado Jorge Guzmán aseguró que no corresponde hablar de “dos almas”, aunque reconoció que en el oficialismo conviven distintos estilos, especialmente entre Chile Vamos y el Partido Republicano.
En otros sectores del oficialismo, en cambio, han optado por marcar reparos públicamente. Es el caso de Renovación Nacional, cuyas vocerías se han transformado en un foco de incomodidad para los republicanos, según reconocen en sus filas, tanto por la ley miscelánea como por otros temas.
A pesar de ser catalogado como el más crítico, el jefe de bancada, Diego Schalper, reforzó la idea de que existe un objetivo común en el oficialismo.
Así, aunque algunos buscan evitar que se abra el fuego amigo, las tensiones no han pasado inadvertidas. La postura del Partido Republicano frente a las vocerías de RN no ha caído bien en ese partido.
De hecho, el diputado Eduardo Durán advirtió que la coordinación política no se construye a través de la prensa, sino mediante diálogo interno y confianzas que se consolidan en el tiempo.
La convivencia entre ambos partidos, de todas formas, está lejos de ser sencilla.
En Renovación Nacional reconocen que no es fácil sostener una relación política fluida, sobre todo después de años marcados por desconfianzas y cuestionamientos, como cuando desde el mundo republicano se les acusaba de ser la “derechita cobarde”.
Un antecedente que sigue presente y que explica parte de las tensiones actuales. Porque más allá de los intentos por mostrar unidad, las diferencias entre ambos sectores no son nuevas y vuelven a aparecer cada vez que se tensiona la agenda.
Ahora, con la ley miscelánea en puerta, el desafío será distinto: no solo ordenar las vocerías, sino también demostrar que esas diferencias pueden convivir sin afectar la capacidad del oficialismo para actuar en conjunto.




