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La iniciativa de Sanae Takaichi para reformar la Constitución nipona y acabar con décadas de pacifismo

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Escrito por:BioBio Chile

El rearme de Japón y la reforma a la Constitución nipona impulsada por la primera ministra Sanae Takaichi, que incluye la controvertida inclusión de las Fuerzas de Autodefensa (Ejército) en la cláusula pacifista que renuncia a la guerra, podrían convertirse en el mayor debate político en la historia moderna del país asiático.

Recientemente Takaichi insistió en su intención de reformar la Carta Magna “lo más rápido posible”, recordando que durante su campaña prometió establecer a las Fuerzas de Autodefensa “como una organización verdaderamente capaz dentro del marco constitucional”.

“Deseo resolver esto lo más rápido posible”, dijo en entrevista con el diario Sankei publicada el 3 de mayo. La Constitución de Japón, aprobada en 1947 mientras el país se encontraba bajo la ocupación aliada después de la II Guerra Mundial, es famosa por la renuncia del derecho a la guerra establecida en el artículo 9.

Se trata de un documento rígido al que no se le ha hecho ninguna enmienda desde su adopción. Sin embargo, el gobernante Partido Democrático Liberal (PLD) ha planteado desde hace décadas su ambición de reformar por primera vez la Constitución y así ampliar las competencias de las tropas japonesas.

Presionada por las tensiones que su país tiene con China y Corea del Norte, este último con lanzamientos de misiles al mar nipón, en noviembre la mandataria invocó en el Parlamento el principio de la “defensa colectiva” introducido por su mentor, el asesinado exprimer ministro Shinzo Abe, al mencionar una potencial intervención militar ante un ataque de Pekín a Taiwán.

A su vez, Takaichi lanzó recientemente un ambicioso programa de rearme, con un gasto que alcanzará el 2% del PIB, destinado a fortalecer las capacidades de contraataque y la defensa costera que incluye la compra de misiles superficie-buque de fabricación nacional y modernizados. Se espera que el presupuesto aumente un 9,4% con respecto a 2025.

La primera ministra además ha levantado las restricciones de larga data a las exportaciones de armas, fortaleciendo los lazos de defensa con sus aliados.

En noviembre pasado China ya acusó a Japón de estar “rompiendo límites” en su política de defensa al “acelerar” su rearme en medio del deterioro de las relaciones bilaterales entre ambos países.

Mao Ning, portavoz del ministerio de Exteriores chino, afirmó en aquella oportunidad que tras la II Guerra Mundial, varios documentos “establecieron claramente las obligaciones de Japón como país derrotado, incluyendo su completo desarme y la prohibición de mantener industrias que permitieran su rearme”.

Sin embargo, según la portavoz, “en los últimos años Japón ha ido relajando sus propias restricciones, expandiendo su poder militar, incrementando el presupuesto de defensa durante trece años consecutivos” y adoptando medidas como “revisar los tres principios de exportación de armas” o “comenzar a exportar armas letales”.

Es bajo este contexto que Japón desplegó en marzo sus primeros misiles de largo alcance de fabricación nacional en dos bases militares, adquiriendo así capacidad de contraataque, marcando un cambio respecto a la política exclusivamente defensiva recogida por la Constitución nipona. Parte de las armas fueron instaladas en una isla del sur japonés, frente a las costas de China.

Pese a la determninación de Takaichi, quien obtuvo una abrumadora victoria en las elecciones generales anticipadas de febrero, gran parte de los japoneses se muestran reacios a adoptar este cambio en su identidad colectiva, aún cuando están conscientes de las amenazas geopolíticas actuales.

Tal como detalla la BBC, mientras crecen los temores de que Japón se esté convirtiendo en una nación con capacidad de guerra, las manifestaciones cada vez ganan mayor impulso.

Las protestas masivas son poco comunes en Japón, dada su aversión cultural a perturbar el orden público. Por lo mismo, cuando la gente sale a las calles en grandes cantidades, generalmente indica algo más profundo.

En la nación asiática hay quienes temen que el país pueda verse arrastrado a un conflicto, tema sensible si se considera que aún hay quienes vivieron las detonaciones de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki en 1945.

Es por esto que las manifestaciones se han extendido más allá de Tokio, organizándose marchas en otras ciudades importantes como Osaka, Kioto y Fukuoka. La asistencia aumenta semana tras semana mientras que las publicaciones en redes sociales como X desempeñan un papel importante.

Cabe destacar que una eventual reforma a la Constitución, que en abril ya generó multitudinarias manifestaciones frente al Parlamento, requeriría una mayoría de dos tercios en ambas Cámaras y posteriormente una mayoría simple en un referéndum nacional.

La primera ministra Takaichi sigue gozando de popularidad, y las protestas no parecen haber afectado su índice de aprobación, pero sí han puesto de manifiesto las divisiones en la sociedad japonesa.