La probable elección de Keiko Fujimori como presidenta del Perú abre un panorama favorable para la relación económica con Chile. Así lo plantea Juan Carlos Fisher, presidente de la Cámara de Comercio Peruano-Chilena, quien anticipa continuidad en un entorno propicio para la inversión, mayor solidez en los lazos comerciales por la afinidad ideológica de ambos gobiernos y mejores garantías para los capitales.
Fisher describe un escenario muy positivo para el Perú en general y, en particular, para el vínculo con Chile. Sostiene que la defensa de la libertad de trabajo, la libre contratación, el mercado abierto y la estabilidad macroeconómica son señales que atraen inversión de cualquier origen. En el caso chileno, afirma que las relaciones comerciales ya están en un momento alto y que un gobierno de Fujimori no solo mantendría esa apertura, sino que la ampliaría, al existir coincidencias políticas entre mandatarios de derecha, algo que juzga beneficioso para la región.
Sobre las oportunidades de los próximos cinco años, indica que más que surgir nuevas, se reafirmarán las ya existentes. La reinversión chilena en el Perú no se ha detenido gracias a la estabilidad económica, incluso en periodos de turbulencia política en ambos países, y las complementariedades entre vecinos han sido clave. A su juicio, los últimos diez años han marcado el mejor momento bilateral en comercio, gestionado al margen de la coyuntura política.
Para los primeros 100 días de gobierno, recomienda asegurar la estabilidad de la moneda en coordinación con el Banco Central de Reserva, al que califica como pilar de las últimas décadas. Considera fundamental ratificar la continuidad de su conducción y de sus políticas, porque los inversionistas priorizan estabilidad y seguridad, respaldadas por un banco central sólido y autónomo.
Consultado por el peso conjunto de Perú y Chile en el cobre, reconoce que su estimación del 50% surgió en un contexto coloquial y requeriría cifras precisas, aunque el rango podría estar entre 43% y 48%. Más allá del número, resalta que ambos países concentran una porción crucial de la producción mundial, lo que refuerza la necesidad de actuar coordinadamente.
Fisher aboga por una relación asociativa más que competitiva. La competencia es sana, dice, pero los mercados globales superan con creces a los nacionales, por lo que la mejor respuesta es colaborar. Prefiere hablar de oportunidades compartidas.
Respecto al interés chileno por invertir en el Perú, asegura que se mantiene alto, con visitas frecuentes a la Cámara no solo de grandes compañías ya instaladas, sino también de pymes y emprendedores. Identifica oportunidades en servicios, retail, turismo —con potencial en la costa norte entre Huarmey y Tumbes, más allá de polos como Punta Sal y Máncora— y agroindustria. Pone como ejemplo el impulso de capitales extranjeros al liderazgo peruano en arándanos. Subraya que el clima y las condiciones del país ofrecen ventajas, siempre que haya estabilidad económica, jurídica y legal.
Frente a la inestabilidad política reciente, señala que, si bien genera sorpresa, los fundamentos acompañan: el Perú ha mostrado una de las monedas más estables de la región, baja inflación y proyecciones de crecimiento superiores, pese a la alta rotación presidencial. Atribuye esa resiliencia al rol del Banco Central y al marco normativo.
Sobre la inversión peruana en Chile, destaca que viene en aumento por la seguridad jurídica chilena, pese a episodios de tensión política. Cita adquisiciones emblemáticas como la de Soprole por el Grupo Gloria, y remarca que lo central es la voluntad de hacer negocios más allá de la moneda.
En cuanto a los sectores con mayor éxito de emprendedores peruanos en Chile, menciona la gastronomía como punta de lanza y todo su ecosistema de insumos y producción, además de la textilería, valorada por su calidad, en un entorno empresarial seguro.
A quienes buscan internacionalizarse hacia Chile, aconseja apoyarse en la Cámara de Comercio Peruano-Chilena y comprender las diferencias culturales de negocios: Chile opera con una lógica más transaccional y directa, mientras que en el Perú prima lo relacional y la construcción de confianza previa. Conocer la idiosincrasia y no tomar de forma personal un “no” seco o un “sí” ambiguo facilita el éxito.
Finalmente, sostiene que las nuevas generaciones de empresarios han dejado atrás los conflictos históricos y ven al vecino como socio. Lo que importa, dice, es la rentabilidad, la seguridad del negocio y el bienestar de las familias y los países, mirando hacia las próximas décadas más que al pasado.




