Por momentos, la angustia y el desconsuelo que vive Venezuela tras el doble terremoto se ven atenuados por el trabajo incansable de los rescatistas y la fortaleza de quienes han logrado sobrevivir entre los escombros. Heridos cubiertos de polvo y sangre, incluidos niños, han sido extraídos con vida después de horas atrapados sin agua ni alimentos.
Aunque el número de fallecidos continúa en aumento, las autoridades confirman que decenas de personas han sido salvadas. Entre los casos más conmovedores está el de una mujer que permaneció bajo una losa de cemento y fue extraída con vida a través de un estrecho orificio, una imagen que recorrió la televisión local. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, destacó estos rescates y celebró que muchos puedan reencontrarse con sus familias.
En las primeras horas, antes de que llegara la ayuda internacional, los equipos de búsqueda eran escasos. En varios puntos del país, los propios vecinos asumieron las labores de rescate con sus manos, herramientas precarias y linternas, organizándose para remover escombros y localizar a sobrevivientes.
Los registros difundidos por testigos y medios locales muestran destellos de esperanza en medio de la devastación. En el distrito de San Bernardino, en Caracas, un joven fue trasladado en camilla entre aplausos, mientras su madre, entre lágrimas, le expresaba su amor. También se documentó el rescate de un bebé cubierto de polvo que fue extraído de los restos de una vivienda.
La televisión venezolana mostró además el rescate de una niña, cubierta de polvo y con un polerón oscuro, asistida por equipos de emergencia. Según informó José Luis Núñez, jefe del equipo metropolitano de rescate de Caracas, fue hallada en un edificio de diez pisos en La Guaira, una de las zonas más golpeadas, que colapsó casi por completo. Otro episodio que conmovió fue el de una mujer que, mientras era auxiliada, entró en trabajo de parto y dio a luz entre los escombros.
Dentro y fuera del país, los venezolanos mantienen un objetivo común: encontrar a los desaparecidos que aún podrían permanecer bajo las ruinas, en una carrera contrarreloj que no se detiene.




