El llamado “segundo tiempo” del Gobierno no solo implicó ajustes en vocerías y protagonismos, sino también un cambio en la manera en que el presidente José Antonio Kast interactúa con su gabinete. Con el correr de los meses, y tras los tropiezos iniciales en la instalación, en La Moneda se asentó la idea de que faltaba una coordinación más estrecha y constante.
En ese contexto, y antes de la última Cuenta Pública, Kast adoptó una práctica frecuente en las administraciones de Sebastián Piñera: sostener reuniones bilaterales, reservadas y periódicas con cada ministro. En las últimas dos semanas, el mandatario ha encabezado alrededor de una decena de estos encuentros, con la participación de ministros, subsecretarios y asesores del Segundo Piso, lo que ya ha marcado un nuevo ritmo de trabajo interno.
El exministro Francisco Vidal atribuyó este viraje a un error inicial de conducción, que relacionó con la inexperiencia del círculo más cercano al presidente. A su juicio, la práctica demuestra que es clave que el propio jefe de Estado supervise y evalúe de forma directa las tareas de sus secretarios de Estado.
En la misma línea, la exministra y exvocera Karla Rubilar recordó que Piñera concebía el gobierno no solo como la toma de decisiones, sino como un ejercicio de coordinación permanente con los equipos. Por ello valoró las bilaterales como una herramienta esencial para seguir el cumplimiento de compromisos, anticipar dificultades y alinear a las carteras en una misma dirección. Destacó que el hecho de que Kast incorpore esta metodología evidencia la relevancia de contar con un sistema de gestión claro.
En Palacio admiten que, de cara a las próximas etapas del mandato y al logro de sus metas, es crucial reforzar la conducción política. La institucionalización de estas reuniones apunta precisamente a consolidar la coordinación cotidiana del Gobierno.




