El rechazo de la Acusación Constitucional en el Senado dejó a Nicolás Grau mejor posicionado políticamente de lo previsto. Pese a que en la antesala se anticipaba un resultado estrecho, los cuatro capítulos fueron desestimados con amplios márgenes. En medio de cifras económicas desfavorables y un debate intenso sobre las causas del desempleo y el bajo crecimiento, Grau defiende la gestión del gobierno de Gabriel Boric y critica lo que califica como un diagnóstico “catastrofista” del oficialismo actual.
En conversación con Julio César Rodríguez en el programa “Podría Ser Peor”, el exministro abordó los últimos datos económicos, respondió a las críticas por la herencia recibida y expuso su visión sobre cómo compatibilizar mejores salarios con competitividad y crecimiento.
—¿Esperaba que se rechazara la Acusación Constitucional?
Por la composición del Senado y por las posturas que venían expresando varios senadores, veía probable el rechazo. Aun así, el margen fue mayor de lo previsto: en todos los capítulos la distancia mínima rondó los diez votos. Que ello ocurra en una Cámara con mayoría de centroderecha refuerza, a su juicio, que la acusación carecía de fundamento.
Cifras económicas, herencia y responsabilidades
—Se conocieron datos poco auspiciosos: desempleo de 9,4% y un Imacec que cayó 0,9% en mayo. Se acusa irresponsabilidad al gobierno anterior. ¿Se sienten responsables?
Grau reconoce que el cuadro actual no es positivo, con desempleo al alza y actividad débil. Sostiene que durante su administración se creció por sobre las proyecciones de los años previos y que este sería el primer año, en cinco, en que el crecimiento queda bajo lo anticipado. Atribuye la situación a una combinación de factores internos y externos y espera que la economía repunte, idealmente retornando hacia fines de 2025 a ritmos cercanos al 3% en el sector no minero.
Argumenta que al evaluar un gobierno saliente se observan resultados completos: durante su período se habrían creado más de 700 mil empleos netos, en más de un 90% formales, alcanzando niveles de informalidad históricamente bajos. Afirma que se contuvo el gasto, que en 2025 la deuda como porcentaje del PIB dejó de crecer por primera vez en años y que la disciplina fiscal fue compatible con reducción de pobreza, mayor financiamiento en salud y aumento de pensiones. Contrapone ese desempeño con el momento actual, donde —según sus cifras— se habrían perdido alrededor de 20 mil empleos, aunque admite que aún es pronto para un juicio definitivo. Llama a buscar acuerdos antes que repartir culpas.
—El presidente Kast habló de una “enfermedad económica” y de señales de alerta. ¿Qué le parece?
Sostiene que las autoridades deben cuidar la imagen del país, especialmente ante audiencias internacionales. Critica discursos alarmistas —como afirmar que Chile estaría “en quiebra”— por considerarlos infundados y dañinos para la confianza y la inversión. Reconoce que el desempleo es preocupante y requiere medidas, pero sin sobredimensionar el cuadro.
—Algunos atribuyen parte del desempleo a medidas como las 40 horas o el alza del salario mínimo. ¿Coincide?
Defiende que el desarrollo debe traducirse en mejores condiciones laborales. Señala que el salario mínimo establece un piso para trabajadores con baja capacidad de negociación. Cita un estudio encargado por Hacienda al BID que estimó un efecto negativo muy acotado del salario mínimo sobre el empleo. Plantea resolver tensiones impulsando inversión y crecimiento mediante acuerdos amplios, destacando avances como la reforma de permisos sectoriales y la Estrategia Nacional del Litio.
—Se dice que el empleo público infló las cifras durante el gobierno de Boric. ¿Qué responde?
Lo califica como falso. Asegura que menos del 10% de los 700 mil empleos netos creados provinieron del sector público y que el crecimiento del empleo en el gobierno central fue de los más bajos en años, algo que —dice— reconocieron incluso autoridades presupuestarias de la administración anterior. Añade que no ve despidos masivos actuales en el sector público que expliquen el alza del desempleo.
—¿Cuánto de las malas cifras actuales se debe a su gestión?
Evita una atribución tajante. Recuerda que hacia fines de 2025 la economía aceleraba y el desempleo bajaba, y critica la volatilidad del relato opositor: cuando se crecía, lo atribuían a expectativas del cambio de gobierno; cuando se desaceleró, a la herencia. Defiende que trabajó para acelerar inversión y que no centró su labor en culpar a la administración previa, pese a haber heredado un déficit estructural elevado tras la pandemia. Advierte que la reducción del gasto y de la inversión pública, así como la incertidumbre, pueden estar afectando el empleo, citando la paralización de obras como ejemplo de impactos concretos.
Competitividad, productividad y modelo de desarrollo
—¿Cómo compite Chile si países vecinos tienen costos laborales mucho menores?
Responde que la competitividad también se refleja en la inversión extranjera directa per cápita, donde Chile lidera la región. Rechaza competir bajando salarios o flexibilizando en detrimento de derechos laborales. Propone sostener la atracción de inversiones a la vez que se preservan salarios altos y calidad de vida, como lo hacen países desarrollados con sindicatos fuertes y jornadas más cortas. Plantea que el foco debe estar en productividad e innovación y llama al gobierno actual a profundizar esa agenda con el mayor apoyo transversal posible.




