Juan Arriagada Mella, piloto chileno de helicóptero con 16 años de trayectoria, combate actualmente los incendios forestales en España, una emergencia que ha dejado al menos 14 fallecidos.
El Comandante de Aeronave, desplegado en el incendio de la Vall d’Uixó, en Castellón (València), conversó con BioBioChile sobre la coordinación entre medios aéreos y brigadas terrestres para enfrentar el avance del fuego.
Aunque observa avances en ciertos frentes, advierte que se trata de un incendio que no ha logrado ser acotado ni controlado, y que la inminente ola de calor podría provocar reactivaciones.
También planteó aprendizajes que Chile debería adoptar ante temporadas cada vez más extremas.
¿En qué focos está trabajando actualmente y cuál es la situación de la emergencia?
Indica que opera en la Vall d’Uixó, donde el fuego ya ha consumido más de 8.500 hectáreas. Llevan cuatro días volando el máximo reglamentario de 8 horas, en bloques de 2 horas con descansos mínimos de 40 minutos. Si bien algunos sectores muestran mejoría, el siniestro continúa sin perímetro limitado ni control efectivo.
Desde el aire su tarea se centra en contener los flancos más activos, proteger áreas habitadas y habilitar el ingreso seguro de las brigadas para consolidar líneas de control.
¿Le había tocado trabajar anteriormente en incendios de esta magnitud, tanto en España como en Chile?
Sí, pero con roles distintos. En Chile se desempeñó como piloto naval hasta fines de 2024, los últimos cinco años como Comandante de Aeronave en helicópteros Cougar del escuadrón de Helicópteros de Ataque de la Armada. Su misión principal era el apoyo al Puesto de Mando con vuelos nocturnos de reconocimiento para ubicar y evaluar focos, entregar información táctica y orientar la planificación del día siguiente, más que atacar el fuego directamente.
En España, desde enero de 2025, opera como Comandante de Aeronave en un Bell 412 de la empresa ROTORSUN, con base cercana a València.
En España ha intervenido directamente en grandes operativos. El año pasado participó en el incendio de Extremadura, uno de los más relevantes de la temporada. Este año estuvo en Guadalajara y ahora en Castellón, donde siguen activos. Este último supera un perímetro de 70 kilómetros, lo que dimensiona la complejidad operativa y la dificultad de sostener el control simultáneo de múltiples frentes.
Cada incendio se comporta de forma distinta, pero cuando la emergencia escala, el reto no es solo la superficie afectada: también lo son la coordinación masiva de recursos aéreos y terrestres, la protección de la población y la anticipación ante rebrotes.
¿Qué similitudes, o diferencias, hay en la respuesta ante este tipo de incendios entre España y Chile?
Ambos países encaran incendios más extremos por altas temperaturas y acumulación de combustible vegetal, y en ambos la clave está en la coordinación entre medios aéreos, brigadas y Puesto de Mando.
La diferencia principal ha sido su rol: en Chile, reconocimiento nocturno y apoyo a la toma de decisiones; en España, ataque aéreo directo y trabajo conjunto con brigadas en tierra mediante descargas sobre sectores prioritarios.
En ambos casos, la eficacia de aeronaves y helicópteros depende de integrarse a una estrategia definida desde tierra y bien planificada.
El presidente Pedro Sánchez señaló que se vislumbra “la luz al final del túnel”. ¿Qué tan complejas serán las próximas horas con otra ola de calor en camino?
El piloto considera positivo que algunos frentes mejoren, pero subraya que no se puede relajar la operación. Las próximas horas son clave para aprovechar cualquier descenso térmico y consolidar perímetros. Con la cuarta ola de calor, con temperaturas sobre 40 grados, aumentan las reactivaciones por combustibles más secos y baja humedad, incluso en sectores aparentemente estabilizados.
Tras varios días de faenas, el desgaste de tripulaciones y brigadas se vuelve crítico. Habrá que administrar recursos, asegurar relevos y mantener capacidad de respuesta ante nuevos focos. Hay espacio para un optimismo prudente, pero aún vienen jornadas exigentes.
¿Cómo es la coordinación entre pilotos y brigadas en tierra?
Es continua y decisiva. Los medios aéreos actúan bajo la estrategia del mando de extinción, a través del coordinador aéreo o el puesto de mando. Se les asigna un sector; en su caso, desembarcan a su brigada lo más cerca posible del fuego para que despliegue el bambi bucket (aprox. 1.200 litros) y, con sus indicaciones, realizar descargas de agua o retardante sobre puntos prioritarios. El éxito depende de esa interdependencia: sin continuidad terrestre, la eficacia aérea cae.
La disciplina en comunicaciones y el conocimiento mutuo son vitales, más aún cuando coinciden numerosos aviones, helicópteros y equipos en áreas reducidas. En este incendio han operado más de 25 medios aéreos.
Considerando su experiencia en España, ¿qué lecciones podrían servir a Chile ante temporadas más extremas?
Sostiene que la preparación debe ser permanente, no solo en plena emergencia. Implica gestionar combustibles, mantener cortafuegos, crear zonas de seguridad en torno a viviendas, planificar evacuaciones y capacitar a comunidades. Es clave un sistema de mando claro, comunicaciones compatibles y protocolos compartidos entre instituciones.
También destaca la anticipación: con meteorología, cámaras, satélites y modelos de propagación se pueden preposicionar recursos antes de los picos críticos; llegar 20 o 30 minutos antes puede cambiar el desenlace.
Finalmente, pide cuidar al personal: temporadas más largas exigen tripulaciones entrenadas, relevos, mantenimiento, logística y apoyo constante. Tanto España como Chile deben asumir que estos episodios serán más frecuentes y responder con una combinación de prevención, ordenamiento territorial, educación, tecnología y coordinación institucional sólida, más allá de sumar medios de extinción.




