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Crisis vacía reservas de petróleo en EE.UU. y amenaza a Trump en plena campaña

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Escrito por: BioBio

“Un chanchito para proteger a nuestro país en caso de una gran disrupción en los mercados energéticos mundiales”. Así definió Steve Scalise —entonces líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes— las Reservas Estratégicas de Petróleo (SPR) durante un debate en enero de 2023, al oponerse a que la administración Biden siguiera retirando crudo de ese stock.

El telón de fondo fue la orden de un año antes de la Casa Blanca demócrata de liberar 180 millones de barriles, como respuesta a las alteraciones del mercado derivadas de la invasión rusa a Ucrania y del alza de los precios internos.

El panorama hoy es más delicado. De acuerdo con la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), las SPR se ubican en su punto más bajo en más de cuarenta años. A comienzos de este mes descendieron de los 300 millones de barriles, un nivel no visto desde enero de 1983, cuando el Gobierno federal comenzaba a llenarlas. La diferencia con los 415 millones de barriles de inicios de año muestra que el país ya ha gastado una porción relevante de su “seguro” petrolero.

Con la guerra con Irán en curso y la incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz, las proyecciones apuntan a nuevas caídas.

¿En qué consisten las reservas estratégicas de petróleo?
Una reserva estratégica es un inventario estatal de petróleo crudo guardado en instalaciones del gobierno para su uso en emergencias —guerras, crisis severas o cortes de suministro—. Suele abastecerse mediante compras a empresas privadas.

La SPR es la mayor reserva pública de crudo de emergencia del mundo. Surgió tras el embargo petrolero de miembros árabes de la OPEP contra países que apoyaron a Israel en la guerra de Yom Kippur de 1973, crisis que triplicó los precios y llevó al presidente Gerald Ford a crearla.

Se almacena en 63 cavernas salinas subterráneas distribuidas en cuatro instalaciones en Luisiana y Texas, a lo largo del golfo de México. La capacidad supera los 700 millones de barriles de crudo liviano y pesado, equivalente a unos 90 días de consumo nacional ante un choque de oferta.

Aunque nació como un resguardo de supervivencia, gobiernos posteriores la han empleado con mayor flexibilidad para estabilizar precios y evitar costos políticos. En 1990, George H. W. Bush autorizó la primera liberación de emergencia —17 millones de barriles— tras la invasión iraquí de Kuwait.

Quince años después, el huracán Katrina dañó la infraestructura petrolera del golfo de México y se concretó la segunda liberación: 20,8 millones de barriles entre ventas y préstamos. Más tarde, durante la guerra civil en Libia, Estados Unidos y la AIE liberaron 30,6 millones de barriles para compensar interrupciones.

Desde 2015, el Congreso dispuso ventas desde la SPR para ayudar a reducir el déficit. La Ley de Presupuesto Bipartidista de ese año programó la enajenación de 58 millones de barriles entre 2018 y 2025 para financiar al Gobierno y elevar el techo de deuda.

Las mayores presiones llegaron con las guerras de Ucrania e Irán. En marzo de 2022, Joe Biden ordenó liberar 180 millones de barriles —la mayor operación en la historia de la SPR—. Cuatro años después, en marzo de 2026, Donald Trump dispuso la salida de 172 millones de barriles ante las restricciones iraníes en Ormuz, dentro de una acción coordinada por la AIE para movilizar 400 millones de barriles de crudo y refinados. En síntesis, las liberaciones han crecido en tamaño y frecuencia.

Analistas de la industria han mencionado 250 millones de barriles como piso técnico para operar las cavernas; por debajo, la SPR perdería capacidad de bombeo rápido en emergencias, advirtió Siddharth Misra, profesor de ingeniería petrolera de Texas A&M, a CNBC. Con los inventarios actuales, sostuvo, hay mayor riesgo para la integridad de las cavernas y la operación general.

Ben Dietderich, portavoz del Departamento de Energía, rechazó ese umbral y afirmó que el mínimo depende de la mecánica de las cavernas y rondaría el 10% de la capacidad, cerca de 70 millones de barriles.

Misra precisó que esos 70 millones son el “mínimo físico estricto” para mantener sumergidos con seguridad los tubos de extracción en petróleo, no en agua. Alcanzar ese punto implicaría un agotamiento que haría imposible reconstruir la reserva.

El “chanchito” petrolero estadounidense podría romperse sin vuelta atrás.

Proyección de las existencias de crudo y precio de los combustibles
No existe en la ley federal un mínimo operativo obligatorio para la SPR. La decisión de continuar liberando barriles puede estar cruzada por incentivos electorales y, en sentido amplio, geopolíticos. Si se mantiene una tasa de retiro similar al promedio desde el cierre de Ormuz hasta hoy, surgen tres escenarios: (i) caer bajo el umbral operativo citado por la industria en octubre de este año; (ii) perforar la base no recuperable estimada por el Departamento de Energía en junio de 2027, lo que requeriría una nueva autorización presidencial; y (iii) agotar completamente la reserva en septiembre de 2027.

En el primer caso, extraer lo que quede sería más complejo y lento. Además, cuanto menor sea la SPR, más dudas tendrán los operadores sobre la disponibilidad efectiva del crudo, incluso sin tocar el mínimo técnico. El segundo escenario —posible solo con nueva orden presidencial— entraña un riesgo latente para la seguridad nacional.

Por ahora, los inventarios comerciales —crudo en manos de refinerías y operadores privados— lucen en rangos habituales. No es motivo de alivio: están normales gracias a la SPR, cuyos barriles se venden al circuito comercial para reemplazar el suministro que no cruza Ormuz. Si las liberaciones disminuyen o cesan mientras persista la escasez, la merma se trasladará a esos depósitos privados y ya no habrá un respaldo detrás.

El precio del petróleo se define mayormente en un mercado global. Por eso, una crisis en Ormuz puede encarecer gasolina y diésel para consumidores estadounidenses, aun con alta producción doméstica y bajas importaciones desde el Golfo Pérsico.

En las últimas semanas, el diésel —clave para producción y logística— se ha encarecido con fuerza, y la gasolina también, aunque en menor grado. Entre la semana del 8 de agosto y el 17 de agosto, el diésel subió de 5,26 a 5,45 dólares por galón, un avance del 3,61%.

¿Puede el petróleo venezolano convertirse en un sustituto de la Reserva Estratégica de Petróleo?
El 3 de enero de este año, Estados Unidos lanzó la operación Resolución Absoluta en Venezuela, tras la cual Nicolás Maduro fue capturado y trasladado a un centro de detención en Nueva York. La intervención redefinió la relación geopolítica y económica bilateral.

El petróleo pasó a primer plano. El gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez ha mostrado disposición para trabajar con Washington en la rehabilitación de una industria golpeada por años de desinversión, sanciones, mala gestión y deterioro de activos.

Con sanciones flexibilizadas, las exportaciones venezolanas se redirigieron hacia refinerías del Golfo de México. La producción repuntó hasta 1,07 millones de barriles diarios en mayo, con 471.000 barriles por día destinados a refinerías estadounidenses, niveles no vistos desde 2019.

Aun así, Luisa Palacios, del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, advierte que persisten trabas institucionales para atraer un nuevo ciclo de inversiones capaz de devolver al país los más de 3 millones de barriles diarios previos a Chávez. Además, el terremoto de junio podría relegar la recuperación petrolera en el mediano plazo.

En suma, el crudo venezolano es un apoyo relevante para las SPR, pero difícilmente un sustituto pleno en el corto plazo.

Riesgo electoral para la administración Trump
El encarecimiento de los combustibles amenaza con agravar la percepción ciudadana de la economía bajo la administración Trump, un factor adverso de cara a las elecciones de medio término de noviembre, en las que se definirá el control del Congreso.

También es un instrumento de presión de Irán en la negociación con Estados Unidos para cerrar el conflicto en Medio Oriente. Con los comicios cerca y un acuerdo distante, analistas prevén que la administración Trump podría optar por medidas más duras, como restringir exportaciones de crudo, para asegurar el abastecimiento interno.

Otro elemento a considerar: reponer la SPR suele ser mucho más lento que vaciarla. En un entorno de precios al alza, pocos quieren comprar más barriles por temor a impulsar aún más las cotizaciones si todos lo hacen a la vez. Incluso tras esta crisis, otras economías importadoras podrían lanzarse a reconstruir o ampliar sus reservas, sosteniendo los precios altos por más tiempo.

El caso de Chile: vulnerabilidad ante un shock energético
Según el Ministerio de Energía en 2024, Chile importó combustibles por 14,5 mil millones de dólares, equivalentes al 18,2% de las importaciones y al 4% del PIB. De forma crítica, el 99% del crudo usado en Chile es importado.

Chile no posee una reserva estratégica estatal comparable a la SPR. La normativa obliga a productores e importadores a mantener existencias promedio de cada producto equivalentes a 25 días de ventas o de importaciones para autoconsumo, calculados sobre los seis meses previos.

En 2014 se estableció el MEPCO, que ajusta el impuesto específico a los combustibles para amortiguar oscilaciones bruscas: cuando suben los precios internacionales, el impuesto efectivo baja y modera el impacto en bomba.

Si los precios caen, el componente tributario sube y el Estado recupera recursos. El mecanismo mitiga shocks de precio, pero no resuelve riesgos vinculados al suministro físico.

La creciente tensión geopolítica podría reabrir la discusión sobre la conveniencia de construir un “chanchito” propio.