El excomandante serbobosnio Ratko Mladic, sentenciado a cadena perpetua por su participación en crímenes de guerra en Bosnia —entre ellos el genocidio de Srebrenica y el asedio de Sarajevo—, falleció este jueves a los 83 años, según confirmó la secretaria de Estado del Ministerio de Derechos Humanos y de las Minorías de Serbia, Lidija Pavicevic, a la agencia serbobosnia Srna.
Medios de Serbia y de la República Srpska en Bosnia-Herzegovina informaron que Mladic murió tras una enfermedad prolongada y severa, citando a fuentes de su entorno familiar.
Apodado el “carnicero de los Balcanes”, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) le impuso la cadena perpetua al considerarlo culpable de genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad, incluidos la ejecución de 8.000 personas en Srebrenica y el asedio a Sarajevo.
Mladic eludió a la justicia internacional durante 15 años hasta que fue capturado en mayo de 2011 en Lazarevo, una aldea situada a unos 100 kilómetros al norte de Belgrado.
Criminal para unos, héroe para otros
El TPIY le atribuyó la conducción de una campaña de terror contra civiles en Sarajevo, un cerco que se extendió casi cuatro años y dejó más de 10.000 muertos, entre ellos cerca de 1.500 niños.
También se le responsabilizó por el genocidio perpetrado en julio de 1995 en Srebrenica, un enclave declarado “seguro” por la ONU que cayó ante sus fuerzas mientras los cascos azules holandeses permanecían inactivos.
“Regalamos la Srebrenica serbia al pueblo serbio. Ha llegado el momento de vengarnos de los ‘turcos»”, dijo Mladic ante las cámaras tras la toma de la ciudad, usando un término despectivo para referirse a los musulmanes bosnios.
Para la población bosnia musulmana y croata representó la brutalidad del conflicto, mientras que sectores ultranacionalistas serbios lo siguieron venerando como un héroe trágico y acusaron al TPIY de sesgo “antiserbio”.

Deterioro de salud y desafío al tribunal
Durante su reclusión en el centro de detención de Scheveningen (La Haya), su salud se fue agravando de forma sostenida, mientras sus defensores intentaron repetidamente frenar el proceso. En el estrado mantuvo una postura desafiante y defendió sus actos como protección del pueblo serbio.
En años recientes sufrió varios accidentes cerebrovasculares. Aun así, el tribunal desestimó las solicitudes del gobierno serbio y de su familia para trasladarlo a un hospital en Belgrado, argumentando que en La Haya recibía la atención médica necesaria y podía ver a sus allegados.
El 22 de noviembre de 2017, durante la lectura de su sentencia, experimentó un episodio hipertensivo y comenzó a gritar a los magistrados, por lo que fue retirado de la sala antes del anuncio del veredicto.
Nacido el 12 de marzo de 1943 en la aldea bosnia de Božinovići, Mladic perdió a su padre en la Segunda Guerra Mundial, un partisano comunista asesinado por la guerrilla ustacha croata aliada del régimen nazi.
En 1965 egresó como primero de su promoción en la Academia Militar de Zemun y progresó en el Ejército Popular Yugoslavo (JNA), con destinos en Macedonia, Kosovo y Croacia.
De comunista convencido a líder ultranacionalista
Compañeros de armas relatan que Mladic vivió una transformación acelerada: de oficial comunista ortodoxo a ultranacionalista serbio fervoroso.
En 1991, con la desintegración de Yugoslavia y el estallido de la guerra en Eslovenia y Croacia, asumió el mando del Cuerpo de Knin del JNA.
Su proyección internacional se consolidó en mayo de 1992, al ser designado comandante del recién constituido Ejército de la República Srpska (VRS).
De esa etapa datan registros en los que ordenaba a la artillería que cercaba Sarajevo, con frases como: “Disparen a Velesici; allí no hay muchos serbios”.
Desafíos a Occidente y años en la clandestinidad
De temperamento explosivo, respondió a las advertencias de intervención de la OTAN en 1994 con la amenaza: “Si nos bombardean, yo bombardearé Londres”.
Aunque el dirigente político serbobosnio Radovan Karadzic intentó destituirlo hacia el final de la guerra, Mladic conservó el respaldo de la cúpula castrense.
Tras los Acuerdos de Dayton (1995), fue removido formalmente del cargo y en 1996 se internó en la clandestinidad.
Bajo la presidencia de Slobodan Milosevic en Belgrado, Mladic se movió con relativa libertad en la capital serbia; fue visto en restaurantes, instalaciones militares y eventos deportivos.
Con la caída del régimen en octubre de 2000 y el incremento de la presión internacional, el exgeneral se escondió con ayuda de una red de apoyo integrada por familiares y antiguos militares.
En el plano personal, estuvo casado con Bosa Mladic y fue padre de dos hijos, Darko y Ana. Esta última se suicidó en Belgrado en 1994, a los 23 años, utilizando la pistola favorita de su padre en plena guerra de Bosnia, un hecho que lo marcó profundamente.




