El informe anual de la asociación del sector tecnológico Bitkom vuelve a tomar el pulso a la amenaza que afronta la economía de Alemania.
Y las palabras de su presidente, Ralf Wintergerst, en Berlín, distan de ser alentadoras: de acuerdo con los resultados, las pérdidas por ciberataques, espionaje o sabotaje alcanzan como mínimo los 211.000 millones de euros.
La pista siempre lleva hacia el este
La cifra proviene de encuestas a cerca de 1.000 directivos realizadas entre mediados de abril y comienzos de junio de 2026. Aunque el perjuicio calculado es notablemente menor que el del año previo, Wintergerst sostiene que existe una cantidad no reportada difícil de estimar y que, por ende, el impacto real es superior.
Un dato destaca especialmente, según Bitkom: entre las compañías afectadas, nunca antes tantas habían atribuido los ataques a servicios de inteligencia extranjeros. Su cuota subió del 28 al 37 por ciento.
Wintergerst añade un matiz: “Si observamos hacia dónde conduce el rastro, hay que decir que este se dirige cada vez más hacia el este”.
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China supera a Rusia e Irán gana terreno
En términos concretos, el 52% de los ataques se atribuye a China —según las propias empresas—, seguida de Rusia, con un 49%.
Además, de acuerdo con Bitkom, otro actor avanza: los incidentes originados en Irán más que se duplicaron interanualmente, hasta el 9%.
Con todo, desde una óptica estadística, los grupos criminales no estatales siguen siendo, con amplia diferencia, los autores o sospechosos más habituales. Pese a un descenso del 68% al 62%, su peso continúa siendo muy alto.
La IA acelera los ataques y dificulta la defensa
Wintergerst, presidente de Bitkom, muestra también gran inquietud por una tendencia con efectos ambivalentes para la economía: el rápido desarrollo de la inteligencia artificial (IA).
Los atacantes la aprovechan para actuar con mayor rapidez, mientras que las compañías la requieren para reforzar sus defensas.
Por ello, a su juicio, el mayor reto es cerrar las vulnerabilidades de seguridad con mucha más celeridad que hasta ahora.
En este escenario, cobra un papel clave el servicio de inteligencia interior de Alemania, la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), que alerta a las empresas cuando detecta indicios de actividades sospechosas o amenazas concretas, información que a menudo recibe también de servicios aliados.
En el punto de mira: empresas de defensa e investigación sobre drones
Sinan Selen, presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, advierte sobre una agenda amplia impulsada por actores estatales que pone en riesgo al país en su conjunto.
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Uno de los fines sería erosionar el apoyo a Ucrania en su defensa frente al agresor, Rusia. Según Selen, el interés se centra especialmente en las empresas de defensa y en la investigación de tecnologías de drones.
Sin apuntar de forma explícita a Rusia u otros países, el jefe del servicio de inteligencia interior describe un modus operandi en expansión basado en la división del trabajo: “Para ello, los actores estatales recurren cada vez más a grupos de ciberdelincuentes, así como a agentes de bajo nivel”.
Los “agentes desechables” dificultan la labor de las autoridades de seguridad
Estos agentes “de bajo nivel”, también llamados “agentes desechables”, son delincuentes reclutados en Alemania que realizan tareas de espionaje y sabotaje a cambio de dinero. A juicio de Selen, esto dificulta cada vez más que empresas y autoridades distingan entre los diferentes atacantes.
Para reducir la exposición, tanto el jefe de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución como el presidente de Bitkom, Wintergerst, proponen elevar la inversión en la protección de infraestructuras críticas.
El escollo es que, según las compañías, los presupuestos de ciberseguridad se han estancado. Con una media del 18%, no llegan a una quinta parte del gasto total en tecnología de la información (TI). Selen y Wintergerst alertan de que esto termina favoreciendo a la parte equivocada: los atacantes.




