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A una década del juicio político a Dilma Rousseff, así se transformó la política brasileña

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Escrito por:César Vega Martínez

Este 31 de agosto se cumple una década desde el proceso de destitución que apartó del cargo a la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, heredera política de Lula da Silva, cuyo gobierno quedó debilitado por los escándalos de Petrobras y la llamada Operación Lava Jato.

En primera instancia, la Cámara de Diputados de Brasil aprobó su destitución con 367 votos favorables y 137 en contra, y posteriormente el Senado la confirmó por 61 a 20.

Entre los diputados que participaron en la votación del 17 de abril figuraba alguien que años más tarde alcanzaría renombre mundial: el exmilitar Jair Bolsonaro.

Los casos de corrupción que salpicaron a la administración de Rousseff, sin apuntar directamente a ella, estallaron hacia 2014 e implicaron a la gigante Petrobras, mediante contratos públicos, fijación de sobreprecios, pago de sobornos y financiamiento político.

En paralelo se desarrolló Lava Jato, una investigación judicial que indagaba el lavado de dinero a través de operadores financieros ilegales, también vinculados a Petrobras.

Conforme estas causas avanzaban, la popularidad de la economista descendió hasta un piso histórico del 9%.

Entonces, desde el Partido de los Trabajadores, la colectividad de Rousseff y Lula, denunciaron que ambas fueron operaciones políticas de sectores opositores, las cuales desembocaron en un golpe de Estado.

Michel Temer, vicepresidente en ejercicio, fue quien completó los cuatro años del periodo presidencial.

El ciclo concluyó en 2018 con los comicios entre Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, en los que se impuso el líder del Partido Liberal, considerado de extrema derecha.

¿El ‘impeachment’ de Dilma Rousseff desembocó en la elección de Bolsonaro?

Para João Feres Júnior, profesor de Ciencia Política de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, la salida de la dirigente de izquierda fue un paso crucial dentro de un proceso más amplio de pérdida de legitimidad de la política brasileña.

“El juicio político a Rousseff fue el resultado de una escalada que culminó en la elección de Bolsonaro, pero detrás hubo un denominador común: la devaluación de la representación política y el ataque a su legitimidad, en particular alimentados por la explotación mediática de escándalos de corrupción y por fuerzas políticas”, afirma Feres en entrevista con France 24.

“Se trató de una secuencia que comenzó con el escándalo del Mensalão y desembocó en Lava Jato, durante la cual las instituciones políticas fueron objeto de fuertes embates, especialmente la representación”, añadió.

Electa en 2010 con el 56% de los votos y reelegida en 2014 con un estrecho 51,64% frente al socialdemócrata Aécio Neves, Dilma Rousseff inició su segundo mandato en medio de una profunda crisis económica, política y moral, marcada por el avance de la operación anticorrupción Lava Jato y por un acelerado deterioro de su vínculo con el Congreso.

Según el analista, el clima en las calles tampoco favorecía: multitudinarias manifestaciones exigían su salida, donde confluyeron el rechazo a la corrupción, el malestar económico y un ‘antipetismo’ en ascenso, es decir, desconfianza total hacia el PT, fundado por Lula da Silva en 1980.

Feres recuerda que la Presidencia, una de las instituciones mejor valoradas por los brasileños —Lula bordeó el 80% de aprobación al cierre de su segundo mandato—, vio desplomarse la confianza en aquellos años.

Sostiene que las fuerzas políticas y económicas que buscaban sacar al PT del poder consiguieron su propósito, pero no midieron las consecuencias.

“Las fuerzas que articularon todo aquello, creo que no anticiparon el ascenso de la extrema derecha. Fue una sorpresa para ellos. En otras palabras, dieron origen a un fenómeno que no querían ni imaginaban”, concluyó.

Cabe señalar que, en la actualidad, Rousseff está apartada de la política y la esfera pública, pues ocupa la presidencia del Nuevo Banco de Desarrollo, también conocido como el Banco de los Brics.

Por su parte, en 2022 Bolsonaro perdió la elección presidencial en la que buscaba la reelección frente a Lula da Silva, quien a su vez persigue un cuarto mandato ante el hijo del exmilitar, Flavio Bolsonaro, en unos comicios que se anticipan muy reñidos.