¿Hasta qué punto es riesgosa la creciente montaña de deuda en Estados Unidos? ¿Y por cuánto tiempo más podrán los demás países industrializados seguir financiando sus déficits en aumento?
Cuando el Fondo de Pensiones de Noruega ajusta su estrategia de inversión, los mercados financieros se ponen en guardia, sobre todo si comunica un recorte sustantivo de su posición en bonos del Tesoro de Estados Unidos.
De acuerdo con estimaciones de la agencia Reuters, esta decisión del mayor fondo soberano del planeta supondría deshacerse de casi 80.000 millones de dólares en bonos estadounidenses, tras haber gestionado una cartera cercana a 215.000 millones de dólares a finales de junio.
Un número creciente de inversionistas en el mundo mira con inquietud el alza de la deuda de Estados Unidos, en especial desde que la deuda pública estadounidense rebasó los 40.000 millones de dólares en agosto y el rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años llegó al 5,3%, su punto más alto desde 2007.
¿Cuál es el límite tolerable de deuda?
Esto ha vuelto a encender los temores en los mercados de capitales.
La inquietud radica en que los elevados niveles de endeudamiento público en Estados Unidos y otras economías avanzadas podrían transformarse en un serio obstáculo.
Para naciones muy apalancadas como Japón, cuya deuda supera el 200% de su producto interior bruto (PIB), financiarse en los mercados se ha vuelto cada vez más caro. Una dinámica similar afecta a Francia y al Reino Unido.
Alemania presenta una posición notablemente más sólida. Con una relación deuda/PIB cercana al 65%, su déficit ronda la mitad del estadounidense. No obstante, la financiación destinada a modernizar las Fuerzas Armadas y las infraestructuras empujará esta ratio hacia el 80% en los próximos años.
En agosto, el rendimiento de los bonos alemanes a 10 años superó de forma temporal el 3,3%, un máximo no visto en 15 años.
La deuda de Estados Unidos se expande a un ritmo sin precedentes
Actualmente, Estados Unidos destina más de un billón de dólares al año al pago de intereses de su deuda pública, es decir, sobre 3.000 millones de dólares cada día, según la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO).
Desde 2024, el país abona más por intereses que por todo su gasto militar. Francia y el Reino Unido encaran una realidad parecida.
De acuerdo con la Reserva Federal de St. Louis, la deuda pública de Estados Unidos ha crecido más de un 600% en tres décadas, al pasar de 5,2 billones de dólares en 1996 a más de 40 billones en la actualidad.
El total de la deuda supera el 125% de la producción económica del país, una magnitud comparable a la de Italia o Francia.
Entre los elementos que agravan el cuadro figuran la merma de ingresos por la anulación judicial de ciertos aranceles, los elevados costos asociados a la guerra con Irán y la caída de la recaudación derivada de los recortes tributarios a las empresas.
Pese a ello, Estados Unidos continúa liderando los mercados
Aun con estos obstáculos, la mayoría de los economistas coincide en que los inversionistas siguen sin encontrar alternativas más atractivas que Estados Unidos.
“El mercado de capitales europeo aún no es un sustituto del estadounidense”, señala Carsten Brzeski, economista jefe de ING. “China y otros mercados emergentes no pueden o no desean asumir ese rol. Por eso, aunque los inversionistas teman una inflación más alta y cuestionen la sostenibilidad de la deuda de Estados Unidos, no se alejarán mientras la economía continúe creciendo”.
Al margen de cuánto se prolongue el conflicto con Irán y de su efecto en el gasto militar o en los precios de la energía, numerosos analistas creen probable que Estados Unidos deba convivir de forma duradera con tipos de interés más elevados.
La inteligencia artificial también empuja al alza las tasas
Según Robert Sockin, economista jefe para Estados Unidos en la gestora PGIM, una de las causas es el auge de la emisión de deuda corporativa vinculada a la inteligencia artificial, que va restando espacio a los bonos soberanos.
Los grandes grupos tecnológicos recurren cada vez más al mercado de deuda para costear sus inversiones multimillonarias en infraestructura de IA. Una competencia que, hace apenas dos o tres años, ningún secretario del Tesoro estadounidense habría anticipado.




