La centroizquierda opositora vislumbra una victoria por un margen estrecho en las legislativas suecas del domingo, con diferencia mínima y un desenlace aún incierto a la espera del cómputo final y del voto del exterior, en unos comicios donde la ultraderecha dejó de ser la segunda fuerza en el Parlamento.
Con más del 98% de los distritos contabilizados, la oposición alcanzaría el 49,5% frente al 49,1% del bloque gubernamental del primer ministro conservador, Ulf Kristersson, una ventaja de apenas tres escaños (176 contra 173).
El Partido Socialdemócrata, primera fuerza en el último siglo, se impondría con el 28,1%, dos puntos por debajo y con su peor marca desde 1928, aunque compensado por el avance de sus tres aliados: el socialista Partido de Izquierda —cuarta fuerza con el 8,2%—, el Partido de Centro y el Partido del Medio Ambiente.
El Partido Conservador crecería menos de un punto hasta el 19,9%, pero volvería a ser el más votado dentro del bloque oficialista por delante de los ultraderechistas Demócratas de Suecia (SD), que retrocederían por primera vez en unas generales y perderían casi tres puntos, hasta el 17,6%.
Cautela entre los líderes políticos
Los jefes de las principales formaciones pidieron prudencia y emplazaron a esperar el final del escrutinio, incluido el voto del exterior.
«Mi mensaje es claro: los socialdemócratas estaremos preparados para asumir la responsabilidad del resultado. Parece que todo será muy reñido, pero ahora mismo vamos por delante y, si se mantiene, Suecia tendrá un nuevo gobierno», declaró la líder del partido, Magdalena Andersson.
Durante la campaña, Andersson reiteró que está dispuesta a cooperar con todas las fuerzas salvo con el SD, y expresó dudas de que el Partido de Izquierda pueda integrarse en un gabinete, aunque sí lo contempla como apoyo externo.
El Partido de Izquierda insistió en la noche electoral que solo respaldará a Andersson si forma parte del Ejecutivo, mientras que los centristas sostienen que no integrarán ninguna coalición con esa fuerza y han abogado por romper los bloques y negociar con los democristianos.
Kristersson, por su lado, señaló hoy que el desenlace puede desembocar en negociaciones «complicadas» y apeló a una «apertura constructiva».
«Por ello, aun si se confirma el resultado de esta noche, exploraré si dentro de esta mayoría parlamentaria no socialista puede articularse alguna fórmula de gobierno con los apoyos necesarios para impulsar la política económica por la que han votado los suecos», dijo Kristersson.
Sus declaraciones se interpretan como un guiño al Partido de Centro, que se apartó del bloque de derechas por su negativa a pactar con el SD.
«Es evidente que hemos retrocedido algunos puntos respecto a hace cuatro años, pero aun así siento que hemos ganado estas elecciones, porque cada vez más personas en nuestro país ya no consideran problemático decir que son demócratas de Suecia», afirmó el líder ultraderechista, Jimmie Åkesson.
Durante una década, el resto de partidos mantuvo aislado al SD, lo que facilitó dos gobiernos en minoría de la centroizquierda; no obstante, Kristersson rompió ese «cordón sanitario» hace cinco años, lo aceptó en 2022 como sostén externo de su Ejecutivo y meses atrás prometió incorporarlo por primera vez a un eventual gabinete de derechas.
Escrutinio del voto exterior
Los sondeos a pie de urna otorgaban a la oposición una ventaja superior a cuatro puntos, y llegaba como favorita a las elecciones pese a haberla reducido en las dos últimas semanas de campaña, lo que ya hacía prever un posible desenlace ajustado como en 2018 y 2022, cuando hubo que aguardar al voto del exterior.
El sistema electoral sueco tiene 6.312 distritos, a los que se suman otros 314 que agrupan tanto el sufragio exterior como los votos anticipados enviados en plazo pero recibidos tras el cierre de los colegios; ambos se contabilizan tres días después de la jornada electoral.
Unos 370.000 suecos que residen en el extranjero están habilitados para votar, aunque su participación es mucho menor que en el país y suele rondar el 30%, frente a una participación provisional del 80,4% en estos comicios.
Históricamente, el voto exterior rara vez ha alterado en gran medida el resultado final, con excepciones como en 1979, cuando la izquierda liderada por el socialdemócrata Olof Palme perdió los comicios por los sufragios desde el extranjero, después de que solo 8.500 votos separaran a ambos bloques la noche electoral.




