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Informe indica que hasta 12.000 norcoreanos obligados a trabajar en fábrica rusa de drones

foto César Vega Martínez
Escrito por:César Vega MartínezPeriodista del área Internacional en BioBioChile

Cerca de 12.000 norcoreanos empleados en una planta rusa dedicada a la fabricación de drones , según un informe divulgado el 14 de octubre de 2026 por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) y el Instituto George W. Bush.

El análisis examina la participación de Rusia, Corea del Norte, China e Irán en el aumento de la producción de vehículos aéreos no tripulados (UAV) en la fábrica ubicada en Yelabuga, Tartaristán.

Hasta 12.000 norcoreanos habrían sido enviados a trabajar en condiciones de esclavitud en una planta rusa de drones

Mientras Moscú está obteniendo más de 5.500 drones mensuales para su conflicto con Ucrania, China se está posicionando como el proveedor principal de piezas de doble uso, incluidas baterías, componentes electrónicos, motores y sistemas de guiado.

Irán ha entregado a Rusia drones Shahed, lo que ha facilitado a Moscú el desarrollo de versiones nacionales mejoradas, identificadas como Geran.

El informe también indica que Corea del Norte percibe ingresos al apropiarse de hasta el 90% de los salarios de estos trabajadores.

“La ubicación geográfica de estos cuatro países hace que cualquier tipo de interdicción internacional sea imposible”, señala Dan Pinkston, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Troy, en declaraciones a DW.

El estudio reprocha además a Rusia y Corea del Norte el incumplimiento de la Resolución 2397 del Consejo de Seguridad de la ONU, de diciembre de 2017, que ordena a los Estados miembros repatriar a los trabajadores norcoreanos dentro de un plazo de dos años.

“El régimen norcoreano está comercializando la mano de obra de sus ciudadanos mediante acuerdos estatales que controlan su salida del país y retienen la mayor parte de sus ingresos”, afirma el documento, que califica la situación como “trabajo forzado”.

Para Song Young-Chae, integrante de la Coalición Mundial para Detener el Genocidio en Corea del Norte, el régimen estaría explotando a su población con fines económicos.

“La situación es terrible, y sabemos que no solo está ocurriendo en Yelabuga”, comenta a DW. “Hay trabajadores norcoreanos en proyectos de construcción en territorios ocupados de Ucrania, en campamentos madereros y, por supuesto, decenas de miles de soldados que han sido enviados a combatir —y a morir— en el frente ucraniano”, añade Song.

“La vida en Corea del Norte es dura, pero estas personas son enviadas a Rusia en condiciones de esclavitud, privadas de libertad y con permiso para quedarse únicamente con una pequeña porción de lo que ganan”, insiste.

Reconoce que el desafío consiste en hallar un mecanismo eficaz para poner fin a este “tráfico de seres humanos”.

“Estas naciones comparten fronteras, lo que facilita el traslado de trabajadores y dificulta la intervención de cualquier otra agencia”, comenta Song. Además, “Rusia y China, como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, están pasando por alto las resoluciones relativas a este tema. Hay muy poco que se pueda hacer”, lamenta el activista.

La organización de Song propone crear una “coalición de países y organismos afines” para proteger a estos trabajadores, aunque reconoce que ve poco optimismo en esa vía.

Por su parte, Pinkston expresa su temor ante la posible formación de un bloque potente que parezca estar “desmantelando el orden basado en el Estado de derecho y los derechos humanos” establecido tras la Segunda Guerra Mundial.

Está convencido de que las armas producidas en Yelabuga contribuirán a ese propósito.

“Las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre los trabajadores norcoreanos, la proliferación armamentística y la venta de tecnologías de doble uso están siendo desatendidas, por lo que considero que el régimen de sanciones de la ONU está prácticamente inoperante”, concluye Pinkston.