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Familia de joven en rehabilitación por grave atropello perdió su hogar en incendio de Ríos de Chile
03 February 2026 | 15:20
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La psicóloga Pamela Chávez conversó sobre un fenómeno cada vez más presente en la sociedad: la ecoansiedad, término que describe la angustia emocional vinculada a la percepción del deterioro ambiental y la incertidumbre frente al futuro del planeta.
La ecoansiedad se ha popularizado desde 2017, cuando la American Psychological Association comenzó a definirla como una respuesta emocional ante la actual crisis climática y ambiental, caracterizada por miedo persistente, preocupación y malestar psicológico en relación con el estado del mundo y su futuro.
Según Chávez, este tipo de ansiedad no se considera un trastorno clínico en todos los casos, pero sí representa un malestar significativo para muchas personas, especialmente jóvenes, activistas ambientales o quienes han vivido de cerca eventos extremos como incendios forestales, sequías o inundaciones.
“Invalidarla es un acto político porque se niega un problema grave a nivel planetario”, señaló la psicóloga, enfatizando que minimizar estas emociones equivale a desconocer la realidad de la crisis ecológica global y sus efectos en la salud mental de las personas.
La ecoansiedad suele manifestarse cuando las personas internalizan el impacto de fenómenos ambientales extremos y su posible efecto en la vida cotidiana, lo que puede traducirse en preocupación constante, dificultades para realizar actividades diarias o inseguridad sobre el futuro. En algunos casos, estos sentimientos pueden impactar el sueño, provocar pensamientos intrusivos o generar un estado de tensión emocional que merece seguimiento profesional cuando afecta el bienestar general.
Chávez subraya que, si bien la ecoansiedad puede afectar la salud mental, también puede impulsar acciones positivas, motivando a las personas a informarse, actuar en favor del medio ambiente y ser parte de soluciones colectivas.
La psicóloga explica que invalidar estas emociones (por ejemplo, descartarlas como exageradas) no solo ignora un problema real, sino que puede dañar las relaciones interpersonales y la forma en que las personas enfrentan sus inquietudes frente a la crisis climática.
Por ello, enfatiza la importancia de acompañar emocionalmente a quienes experimentan ecoansiedad, reconociendo la frustración y la preocupación como respuestas legítimas ante una amenaza global, y orientando estas emociones hacia acciones constructivas y esperanzadoras.