
Gripe aviar en la Antártida: El virus H5N1 persiste y amenaza a la fauna tras tres años de presencia
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El Dr. Víctor Neira, investigador y académico de la Universidad de Chile, analizó la preocupante permanencia del virus H5N1 en el territorio antártico. Aunque no se han registrado mortalidades masivas como las vistas en las costas continentales, la capacidad del virus para mantenerse activo durante varias temporadas y afectar a nuevas especies mantiene en alerta a la comunidad científica internacional.
La gripe aviar altamente patogénica, conocida por devastar la industria avícola y la vida silvestre en el continente sudamericano a fines de 2022, ha encontrado un refugio persistente en la Antártida. Según el Dr. Víctor Neira, del Departamento de Medicina Preventiva Animal de la Universidad de Chile, el virus llegó al polo sur a inicios de 2023 y, a diferencia de lo ocurrido en el Chile continental, se ha negado a desaparecer.
A pesar de que Chile continental fue declarado libre de influenza aviar en el estrato industrial tras el brote de 2023, en la Antártida la situación es distinta:
Con más de 200,000 visitantes estimados durante el verano (entre científicos y turistas), el rol del ser humano en la diseminación del patógeno es una preocupación constante.
Existen zonas estrictamente protegidas y protocolos de desinfección obligatorios para el calzado al bajar y subir de las embarcaciones. Los investigadores utilizan medidas adicionales como overoles desechables, mascarillas y protección ocular para evitar el contagio personal, dado el potencial zoonótico del virus (transmisión de animales a humanos).
Aunque el humano puede ser un factor, la principal vía de ingreso y movimiento del virus sigue siendo a través de aves migratorias voladora.
El Dr. Neira, quien forma parte de un grupo de expertos internacionales bajo el respaldo del Instituto Antártico Chileno (INACH), explicó las diferencias en el manejo de la enfermedad.
Mientras en la industria avícola la estrategia suele ser la erradicación (eutanasia y desinfección) o la vacunación preventiva (como en Europa), en la vida silvestre las opciones son limitadas. Se están realizando pruebas de vacunación en especies en peligro, como cóndores en California, e incluso se ha planteado la posibilidad de vacunar pingüinos en ciertas islas antárticas como medida de conservación.
Ante el riesgo de una futura pandemia zoonótica, ya se trabajan vacunas específicas para proteger a las personas en caso de que el virus evolucione.
El llamado final del académico es a mantener la vigilancia activa. La permanencia del virus en la península antártica durante tres años consecutivos es una señal de que la fauna local está conviviendo con una amenaza que, de mutar hacia una mayor transmisibilidad entre especies clave como los pingüinos, podría tener consecuencias devastadoras para el ecosistema más remoto del planeta.

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