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Nuestra Casa
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Las intensas lluvias y los daños provocados por los recientes sistemas frontales podrían traducirse en un aumento temporal en el precio de frutas y verduras. Así lo explicó el economista Carlos Smith, investigador del Centro de Investigación de Empresa y Sociedad de la Universidad del Desarrollo, quien señaló que el principal problema no está en la producción, sino en las dificultades para transportar los alimentos.
En conversación con Nuestra Casa, el especialista indicó que los cortes de caminos, puentes dañados y mayores costos operacionales han complicado el abastecimiento, generando alzas que ya superan el 10% en algunos productos.
Smith explicó que muchas hortalizas y verduras requieren procesos de cosecha más lentos debido a las condiciones del terreno. En algunos predios, por ejemplo, ya no es posible ingresar directamente con camiones y es necesario utilizar tractores para trasladar la producción, aumentando los costos y los tiempos de carga.
A esto se suman las dificultades para el transporte desde las zonas productoras hasta los centros de distribución, situación que reduce temporalmente la oferta disponible en los mercados.
El economista sostuvo que, si las condiciones climáticas mejoran, los precios deberían normalizarse en un plazo de dos a tres semanas. Sin embargo, la llegada de nuevos sistemas frontales podría prolongar las dificultades logísticas y mantener la presión sobre algunos alimentos.
También advirtió que ciertos productos podrían experimentar comportamientos particulares. En el caso de las paltas, por ejemplo, el viento provocó la caída anticipada de parte de la producción, lo que incluso podría generar bajas de precio, aunque con fruta que no alcanzará una maduración adecuada.
Smith señaló que las interrupciones en la conectividad también repercuten sobre otras actividades económicas, ya que dificultan el traslado de insumos y afectan la prestación de servicios.
Además, recordó que la suspensión de clases y la menor actividad comercial durante los temporales impactan directamente en indicadores económicos como el Imacec, debido a que muchas actividades dejan de realizarse y esas ventas o servicios no pueden recuperarse posteriormente.
Frente a la creciente frecuencia de eventos climáticos extremos, el académico planteó la necesidad de fortalecer políticas públicas orientadas a la adaptación, como una mayor inversión en infraestructura hídrica, embalses, sistemas de riego y nuevas estrategias para la producción agrícola.
A su juicio, el desafío no solo pasa por enfrentar las emergencias cuando ocurren, sino también por desarrollar medidas preventivas que permitan reducir los impactos económicos y asegurar el abastecimiento de alimentos en el futuro.

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