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La figura de la madrastra arrastra estereotipos asociados a los cuentos infantiles, pero la realidad de las familias actuales plantea un escenario mucho más diverso. Ivonne Maldonado, directora de la Carrera de Psicología de la Universidad de Las Américas, sede Concepción, aborda los desafíos que enfrenta esta nueva integrante del núcleo familiar.
La imagen de la madrastra como una mujer fría, calculadora, celosa o cruel está profundamente instalada en el imaginario colectivo, en buena parte debido a los cuentos infantiles. Sin embargo, esa representación está lejos de reflejar necesariamente las experiencias de las familias actuales.
En Chile, las formas de conformar una familia han cambiado y las llamadas familias ensambladas son cada vez más frecuentes. En ellas, una nueva pareja se incorpora a un sistema familiar donde ya existen hijos e hijas, generando nuevos vínculos y desafíos para todos sus integrantes.
En este contexto, Ivonne Maldonado, directora de la Carrera de Psicología de la Universidad de Las Américas, sede Concepción, explica que uno de los principales desafíos está en comprender que la llegada de una madrastra no significa que deba ocupar el lugar de la madre.
Cuando una mujer se incorpora a una familia donde existen hijos de una relación anterior, puede encontrarse con expectativas difíciles de conciliar. Se espera que tenga un rol de cuidado y participe en la crianza, pero al mismo tiempo se le pide que no intente reemplazar a la madre.
También puede existir la expectativa de que desarrolle rápidamente un vínculo afectivo con los hijos de su pareja, pese a que el cariño y la confianza requieren tiempo para construirse.
Para Maldonado, uno de los puntos fundamentales es comprender que los vínculos familiares no se sustituyen. Cada relación tiene su propia historia y lugar dentro del sistema familiar, por lo que la llegada de una nueva integrante debe abordarse respetando los tiempos y procesos de cada persona.
En ese sentido, intentar ocupar el lugar de otro integrante puede generar tensiones innecesarias. La construcción de una relación saludable requiere avanzar de manera gradual, sin imponer sentimientos ni establecer comparaciones.
La incorporación de una nueva pareja del padre también puede generar dificultades emocionales en los hijos e hijas.
Uno de los fenómenos que puede aparecer es el denominado conflicto de lealtades. Para algunos niños, niñas o adolescentes, aceptar a la nueva pareja del padre puede ser interpretado como una especie de traición hacia su madre.
Esta situación puede generar sentimientos contradictorios y dificultar la adaptación a la nueva dinámica familiar, especialmente cuando no existen espacios adecuados para expresar emociones, dudas o temores.
Por ello, el diálogo adquiere un papel central. Contar con espacios donde los distintos integrantes puedan expresar lo que sienten y establecer acuerdos puede ayudar a que la transición hacia la nueva estructura familiar sea más saludable.
Frente a la pregunta sobre qué necesita una familia ensamblada para construir relaciones seguras y saludables, no existe una única respuesta.
Cada familia tiene una historia, necesidades, dinámicas y ritmos diferentes. Por ello, el objetivo no debería estar puesto en competir por un lugar o determinar quién cumple una función más importante, sino en construir nuevos vínculos respetando los que ya existen.
La relación entre una madrastra y los hijos de su pareja puede desarrollarse de distintas maneras. En algunos casos puede existir una cercanía afectiva profunda y, en otros, una relación basada principalmente en el respeto, la confianza y una convivencia saludable. Ambas posibilidades pueden ser válidas.
Convertirse en parte de una familia ensamblada no necesariamente es un proceso sencillo. La nueva integrante deberá enfrentar desafíos relacionados con la convivencia, los límites, la crianza y la construcción de vínculos afectivos.
Por eso, factores como el tiempo, la escucha, la comprensión, el respeto y el amor adquieren especial relevancia.
La responsabilidad tampoco recae exclusivamente en la madrastra. La adaptación a una nueva estructura familiar requiere la participación y disposición de todos sus integrantes, incluyendo la pareja, los hijos e hijas y, cuando corresponde, la madre que forma parte de la historia familiar.
Más que intentar reproducir el modelo de una familia tradicional, el desafío está en construir una dinámica propia, donde cada persona pueda encontrar su lugar sin sentir que debe reemplazar o desplazar a otra.
Así, la figura de la madrastra puede comenzar a desprenderse de los estereotipos que históricamente la han acompañado y ser comprendida desde una perspectiva más realista: la de una mujer que se incorpora a una familia con una historia previa y que, al igual que los demás integrantes, necesita tiempo para construir nuevos vínculos.

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