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¿Hay que “pasar agosto”? Geriatra explica por qué el cambio de estación también puede ser riesgoso para los adultos mayores

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foto Nilson Pereira
Nilson PereiraPeriodista Canal 9

Agosto suele ser considerado un mes especialmente complejo para las personas mayores debido al frío y la circulación de virus respiratorios. Sin embargo, superar este mes no significa que desaparezcan los riesgos: septiembre trae cambios bruscos de temperatura, mayor exposición a alérgenos y nuevas amenazas para quienes tienen enfermedades crónicas o un sistema inmunológico más vulnerable.

El tradicional dicho de que los adultos mayores deben “pasar agosto” tiene un origen asociado a una realidad que, aunque ha cambiado con el paso de los años, mantiene cierta relación con los riesgos que enfrenta este grupo durante el invierno.

Las bajas temperaturas, la circulación de virus respiratorios y la mayor frecuencia de descompensaciones de enfermedades crónicas hacen que los meses de invierno sean especialmente relevantes desde el punto de vista sanitario.

Pero, ¿qué ocurre realmente con el organismo a medida que envejecemos y por qué una infección que para una persona joven puede ser relativamente leve puede transformarse en una complicación grave para un adulto mayor?

La Dra. Paulina Vergara, geriatra del Servicio de Salud Concepción, explica que con el envejecimiento se producen cambios en distintos sistemas del organismo, incluyendo el sistema inmunológico, respiratorio y cardiovascular.

¿Por qué una infección puede ser más peligrosa?

Con el paso de los años, el sistema inmunitario puede responder de manera menos eficiente frente a determinadas infecciones. A esto se suma que muchas personas mayores viven con enfermedades crónicas, como hipertensión, diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica o patologías cardiovasculares.

En estos casos, una infección respiratoria puede generar una mayor sobrecarga del organismo y favorecer complicaciones.

Además, los adultos mayores pueden presentar síntomas diferentes a los esperados. No siempre una enfermedad grave comienza con fiebre alta o un cuadro evidente.

Por eso, cambios en el estado habitual de la persona pueden ser una señal importante.

Agosto y los riesgos del invierno

Durante agosto todavía pueden registrarse temperaturas muy bajas, cambios bruscos entre el frío y el calor y una importante circulación de virus respiratorios.

Entre las complicaciones que requieren mayor atención se encuentran las infecciones respiratorias que pueden evolucionar hacia neumonía, además de descompensaciones de enfermedades cardíacas y respiratorias preexistentes.

La combinación entre infección, frío y enfermedades crónicas puede disminuir rápidamente la capacidad de recuperación de una persona mayor.

Por eso, las medidas preventivas continúan siendo relevantes durante todo el invierno: mantener los controles médicos, cumplir los tratamientos indicados, mantener una adecuada alimentación e hidratación y evitar la exposición innecesaria a personas con cuadros respiratorios.

Las señales de alerta que no se deben ignorar

Uno de los principales llamados de los especialistas es a que las familias conozcan el estado habitual del adulto mayor y estén atentas a cambios.

Dificultad para respirar, decaimiento importante, confusión, somnolencia inusual, dolor en el pecho, pérdida marcada del apetito, fiebre persistente o un deterioro rápido del estado general son señales que justifican una evaluación médica.

En las personas mayores también puede ocurrir que una infección importante se manifieste inicialmente como confusión o cambios de conducta, incluso sin fiebre evidente.

Por eso, si la persona deja de realizar actividades que normalmente hace, presenta una alteración repentina de su comportamiento o muestra un deterioro significativo, no se debería asumir automáticamente que se trata de un simple resfrío.

¿Septiembre también puede ser peligroso?

Terminar agosto no significa necesariamente que desaparezcan los riesgos.

El inicio de septiembre marca una transición hacia la primavera, pero los cambios de temperatura pueden ser importantes, con mañanas y noches frías y tardes más cálidas. Estas variaciones pueden resultar especialmente complejas para personas mayores con enfermedades respiratorias o cardiovasculares.

A esto se suma otro elemento: las alergias estacionales.

Con el comienzo de la primavera aumenta la presencia de polen y otros alérgenos ambientales, lo que puede provocar rinitis, congestión, tos, irritación de garganta y dificultades respiratorias en personas susceptibles.

Para un adulto mayor que además presenta asma, enfermedad pulmonar u otra condición respiratoria, una exacerbación de sus síntomas puede tener consecuencias mayores.

Sin embargo, es importante diferenciar una alergia de una infección respiratoria. Si aparecen fiebre, dificultad respiratoria, compromiso importante del estado general u otros síntomas nuevos o intensos, se debe consultar para determinar la causa.

El desafío es superar el invierno y adaptarse a la primavera

El mensaje, entonces, es claro: “pasar agosto” no significa que el riesgo termine el último día del mes.

Septiembre también requiere atención, particularmente durante las primeras semanas de la primavera, cuando pueden coexistir temperaturas bajas, cambios bruscos de clima, circulación de virus y aumento de alérgenos ambientales.

Para los adultos mayores, mantener los controles de salud, respetar los tratamientos indicados, vacunarse según las recomendaciones sanitarias y estar atentos a cambios en su estado habitual son medidas fundamentales.

Más que esperar a “pasar agosto”, la recomendación es mantener los cuidados durante toda la transición entre invierno y primavera y consultar oportunamente ante cualquier signo de alarma.