No cabe duda que el 3 de enero de 2026 fue, de manera objetiva, un día que quedó en la historia de Venezuela. EEUU capturaba a Nicolás Maduro y acababa con un gobierno de 13 años, que había sucedido a otro, de Hugo Chávez, con 14 años de extensión.
La noticia recorrió el mundo de forma fulminante, generando celebraciones de las comunidades venezolanas en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos, en muchos casos bajo el grito de “Libertad” y “Fin del Chavismo”.
Sólo dos días después, la hasta ese entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez juró como jefa de gobierno del país, hecho que fue ordenado por la Asamblea Nacional y, contra todo pronóstico, aprobado por el propio gobierno de Donald Trump.
Para la mayoría de los analistas, era claro que Estados Unidos iba a apostar por un gobierno de transición que fuera afín a sus intereses, al menos hasta que existiera un llamado a elección. Por lo mismo, muchos supusieron que la elegida podía ser la opositora María Corina Machado, con gran popularidad en la derecha latinoamericana. Sin embargo, su figura quedó relegada a un segundo plano por el propio Trump.
Asimismo, el mundo vio sorprendido como Delcy Rodríguez había obtenido una especie de voto de confianza de parte de Washington. Los dos sostuvieron llamados sólo días después de la captura de Maduro, y se dio inicio a un proceso de avance hacia otro tipo de gobierno, aunque hasta el día de hoy no existen certezas sobre un proceso de elección popular.
¿Del Madurismo pasamos al Delcismo?
Puede decirse que en estos casi tres meses de gobierno, que debieran ser renovados por la Asamblea Nacional de acuerdo a lo que dicta la Constitución, Delcy Rodríguez se ha movido entre no perder sus raíces ligadas al Chavismo y seguir la agenda impuesta por Estados Unidos.
Por un lado, Rodríguez afirma en discursos públicos que “el verdadero presidente de Venezuela es Nicolás Maduro Moros”, exigiendo su liberación. Por el otro, abrió la industria de hidrocarburos a la inversión extranjera, inició el proceso para restablecer las relaciones diplomáticas con EEUU y está ad portas de reformar la ley de minas en Venezuela, para el ingreso de capitales de otros países.
Asimismo, no ha perdido la oportunidad de hablar de la buena relación que mantiene con Donald Trump, cuestión que es recíproca.
No obstante, los cambios de Delcy Rodríguez, amparados en el Legislativo que conduce su hermano Jorge, también han sido políticos, y con un efecto devastador sobre el régimen Chavista.
El más rimbombante fue la salida del ministro de defensa Vladimir Padrino López, que ocupó ese cargo por una década y media bajo el alero de Maduro. Padrino además era uno de los oficiales de mayor confianza de Hugo Chávez, por lo que su imagen era sumamente fuerte.
Rechazamos el intento de agresión contra el Pdte @realDonaldTrump y su esposa, Melania, a quienes extendemos nuestros deseos de buena voluntad, así como a los asistentes a la Cena de Corresponsales. La violencia nunca será una opción para quienes defendemos las banderas de la paz
— Delcy Rodríguez (@delcyrodriguezv) April 26, 2026
La Fiscalía General de Venezuela también tuyo cambios, con la salida del abogado Tarek William Saab, que había ocupado ese cargo desde 2017. En su lugar asumió Larry Devoe Márquez, nombrado por la Asamblea Nacional.
Pero las sustituciones no terminan ahí, ya que, de acuerdo a Infobae, Rodríguez alista un golpe radical en el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, con la salida de 12 de los 20 magistrados. Ocho irían a jubilación, mientras que cuatro serían retirados por temas políticos.
De acuerdo al medio, la idea es desmontar un organismo que estaba creado para sostener legalmente al régimen de Maduro. Delcy podría buscar algo similar, pero con funcionario de mayor confianza.
En las principales salidas están los magistrados Maikel Moreno, sancionado por EEUU y Europa, y Elsa Gómez, acusada por casos de corrupción.
“La agenda que estamos viendo no nace en el palacio de Miraflores, nace en Washington. Caracas está ejecutando un guion que no escribe. No es lineal ni limpio, pero sí claro en su lógica”, expuso el analista venezolano José Vicente Carrasquero al medio español RTVE Noticias.
“Esto es abrir la economía donde conviene, limpiar lo más tóxico del entramado criminal y mantener el máximo posible de control político con un nuevo empaque. No es un nuevo modelo de país: es un nuevo contrato entre quienes mandan afuera y quienes obedecen adentro”, añadió.
Hasta ahora, puede decirse que la única figura histórica del Chavismo que ha sobrevivido a la ‘Guadaña Delcista’ ha sido Diosdado Cabello, aunque probablemente con menos poder político y comunicacional en comparación a años anteriores. Prueba de esto es que su programa, Con el mazo dando, no genera la repercusión de antes.
“El gobierno de Delcy Rodríguez está yendo inclusive más allá de lo que los sectores de la derecha, representados por María Corina Machado, habían planteado en el país”, comentó la politóloga venezolana Mary Pili Hernández, al mismo portal.
Estos 100 días son el inicio de una
nueva etapa.
Una etapa para recuperar la esperanza, alentar la confianza y volver a encontrarnos entre venezolanos.
Porque cuando un país se une, cuando una familia se reencuentra, cuando un pueblo decide avanzar, no hay nada que lo detenga 🇻🇪 pic.twitter.com/JUVwct2Tlh— Delcy Rodríguez (@delcyrodriguezv) April 19, 2026
“Entonces, bajo ningún concepto se puede pensar ni siquiera remotamente si se hace un análisis realmente serio que sea un gobierno chavista. En todo caso, esto será el ‘delcismo’ o una prolongación del madurismo, pero jamás y nunca chavismo”, concluye.
Hay que señalar que, hace algunas semanas, se informó sobre una intención de Delcy Rodríguez en participar de las hipotéticas elecciones presidenciales en Venezuela, en el tiempo en que se produzcan.
No obstante, esta espíritu choca con ilusión de cambio que se va perdiendo en el ciudadano venezolano, en medio de una crisis económica que sigue instalada, con una inflación que podría llegar al 150% en 2026, la moneda que se sigue devaluando y protestas que cada vez son más frecuentes en las principales ciudades.
En medio de todo esto, apunta Bloomberg, una encuesta de Atlas Intel detalló que la aprobación de la presidenta cayó al 31% en abril, mientras que la desaprobación llegó al 47%. Un panoramas por lo menos complejo en medio de una transición.




