Alemania enfrenta un escándalo político que sacude especialmente a los sectores conservadores, incluida la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana, hoy en el poder. El detonante fue la confirmación del jefe de la bancada de ambos partidos, Jens Spahn, de que tuvo un hijo mediante gestación subrogada en Estados Unidos junto a su esposo.
La práctica está prohibida en Alemania y la CDU ha sido una de sus críticas más férreas. Por ello, desde la socialdemocracia lanzaron duras recriminaciones contra Spahn.
Ante la oleada de críticas, el político —exministro de Salud y con alta popularidad— optó por renunciar a su cargo.
Según informó El Mundo, el miércoles Spahn anunció: “Mi marido (el periodista Daniel Funke) se ha convertido en papá, y yo con él. Georg es toda nuestra felicidad”.
Aunque el ahora exparlamentario admitió que la gestación subrogada está vetada en su país, sostuvo que criar a un niño nacido mediante ese método no constituía un acto ilegal.
Sin embargo, la presión sobre la CDU y el canciller Friedrich Merz se volvió insostenible. Horas después presentó su dimisión, al afirmar: “en los últimos días he comprendido que mi felicidad personal, que consiste en formar una familia con mi marido y ser padre, es incompatible con mi cargo político”.
Merz, por su parte, señaló escuetamente que conocía la situación y que había indicado a Spahn que el asunto debía debatirse dentro del partido.
h2>Jens Spahn se había mostrado en contra de la gestación subrogada
En el pasado, Spahn se manifestó públicamente contrario a la gestación subrogada. Ya en 2015, la edición alemana de GQ recabó opiniones de tres figuras destacadas de la comunidad LGBT, entre ellas él.
Jetzt geht es Schlag auf Schlag: Jens Spahn tritt zurück. Auch der Kanzler hatte den Unionsfraktionschef offenbar aufgefordert, sich von seinem Posten zurückzuziehen.https://t.co/vNFFsgKSf2
— SPIEGEL EIL (@SPIEGEL_EIL) July 18, 2026
“Como hombre gay y cristiano, personalmente me resulta muy difícil acostumbrarme a la idea de un útero alquilado”, declaró entonces. Reconocía, además, el dilema personal que podía enfrentar: “Aceptar que no seré padre requiere naturalmente mucha humildad. No sé si podré asumirlo”.
En 2020, cuando el Partido Democrático Libre impulsó desde la oposición un debate para flexibilizar la gestación subrogada, Spahn volvió a alinearse plenamente con la postura de la CDU.
Defendió no solo los argumentos tradicionales de su partido, sino también la idea de que la gestación subrogada podría generar “dificultades especiales en la percepción que tiene el niño de sí mismo”.
En febrero pasado, la CDU volvió a reafirmar su rechazo a esa práctica ante posibles iniciativas de corte progresista.
Desde la oposición, Kathrin Gebel, portavoz del Partido de la Izquierda, sostuvo que “los estándares políticos también deberían aplicarse cuando es la propia vida la que se ve afectada”.
Janosch Dahmen, portavoz de Los Verdes, acusó a Spahn de incoherencia: “Quien defiende normas en el ámbito político debería explicar claramente por qué, al parecer, dichas normas no se le aplican a él personalmente”.
Spahn ya había sorteado otras controversias, como el caso de sobreprecios en la compra de mascarillas durante la pandemia, cuando era ministro de Salud, episodio del que salió políticamente fortalecido.
Esta vez, sin embargo, sus prioridades parecen otras: “Una cosa tengo clara: para mí, y cada vez soy más consciente de ello, no hay nada más importante que mi familia”.




