El presidente del Partido Nacional Libertario (PNL), Johannes Kaiser, conversó con Podría Ser Peor sobre el papel de su colectividad frente al gobierno en medio de la emergencia climática y la tramitación de la megarreforma. Defendió la influencia política del PNL y abordó temas como la reforma laboral, la Ley Karin y la compensación a municipios por la rebaja de contribuciones.
—¿Cómo ha estado y qué está haciendo el partido en esta emergencia?
Bastante mejor que muchos compatriotas afectados por los temporales. Estamos cumpliendo nuestro rol de representación política, verificando la situación de nuestros militantes y evaluando la respuesta del Estado central, municipios y gobiernos regionales. En momentos críticos se prueba el sistema, se identifican fallas y carencias, y sobre eso elaboramos diagnósticos y criterios.
—Ustedes apoyan al gobierno, pero ¿cuál es su posición exacta? ¿Hay coordinación directa en esta emergencia?
No formamos parte del Ejecutivo. Respaldamos iniciativas legislativas que consideramos razonables. Compartimos principios en algunos ámbitos y diferimos en otros, lo que es legítimo. Respetamos la institucionalidad y nuestro lugar no es ser partido de gobierno; no tenemos militantes en el gabinete. Nuestro trabajo es diagnosticar y proponer alternativas, varias ya presentadas anteriormente.
El rol de “Pepe Grillo” del gobierno
—Dijo que tienen “a todo el gobierno bailando la música que ponemos nosotros”. ¿A qué se refería?
Aunque el PNL no es grande, su huella es clara. Dimos la pelea por las contribuciones; sentimos que el proyecto de Reconstrucción recoge elementos que promovimos, quizá no con la intensidad que queríamos, pero en la dirección correcta. Instalamos el debate sobre el TAG y la renovación de concesiones de autopistas; impulsamos la comisión sobre el 18-O; presionamos por una salida institucional vía indulto general a uniformados de hace cinco años; y propusimos ajustes al aborto en tres causales para garantizar la denuncia del agresor, junto a la ley “Escucha su corazón”. El gobierno ha debido abordar asuntos que levantamos con frecuencia. Reconozco que lo de “bailar nuestra música” fue una respuesta a una provocación amistosa de Pamela Jiles.
—¿Kast está siguiendo su agenda?
Hemos empujado una agenda que, en teoría, era compartida por el sector. Hemos sido una suerte de “Pepito Grillo”, poniendo sobre la mesa temas incómodos que irritan a la oposición de izquierda. Por ejemplo, impulsamos la acusación constitucional contra el ministro Grau en el contexto del plan de Reconstrucción, apuntando responsabilidades por la situación fiscal heredada. Recordamos que el fondo de emergencias se agotó y hoy tiene recursos exiguos.
—¿Cree que sin el PNL el gobierno habría hecho menos de lo prometido?
Tal vez el recorrido habría sido distinto, quizá no más tranquilo, porque la izquierda presionó desde el primer día. Pero sin nuestro “ruido de fondo” no habrían debido equilibrar tanto. Dijimos que seríamos “huasca y ancla”: empuje para acelerar la agenda y freno para evitar desplazamientos hacia la izquierda. En contribuciones, por ejemplo, creemos que ayudamos a evitar una eliminación lisa y llana, logrando en cambio liberar a mayores de 65 años del “arriendo” por su propia casa.
Reforma laboral y compensación municipal
—¿Qué reforma laboral se requiere ahora?
Me convence el modelo danés de flexibilidad con protección: más adaptabilidad laboral con seguridad social. Valoramos que el gobierno recoja la indemnización a todo evento, propuesta nuestra en campaña, porque reduce la conflictividad en las empresas. También es clave corregir la Ley Karin, que resultó deficiente; lo digo con autocrítica, porque la aprobé.
—¿Por qué la Ley Karin resultó deficiente?
Porque habilita denuncias por motivos nimios, al punto de saturar la Inspección del Trabajo con casos que rozan lo absurdo. Incluso hay denuncias contra autoridades fiscalizadoras o por situaciones banales. Ha desincentivado la contratación, especialmente en pymes, donde un trabajador que no rinde puede comprometer la viabilidad del negocio. Si 400 mil pymes incorporaran dos personas cada una, sumaríamos 800 mil empleos formales y aliviaríamos el gasto fiscal.
—Sobre las 40 horas, ¿las frenaría?
Lo que se ajusta es el cálculo. La norma, en los hechos, permite 40 horas más horas extra, y entrega flexibilidad trimestral para industrias estacionales como el turismo. Nosotros no aceptamos eliminar el pago de horas extra; no transamos en eso, y entendemos que el proyecto tampoco lo hace.
—¿Debe haber compensación a los municipios por la rebaja de contribuciones?
Las municipalidades han crecido mucho. Entre 2012 y hoy, el empleo público total pasó de unos 500 mil a más de un millón. Hay gastos difíciles de justificar, aumentos de recaudación por reajustes de contribuciones y recursos del royalty minero. No se puede seguir inyectando dinero a ciegas. Pedí al gobierno reactivar la Ley de Probidad Municipal —iniciada con Sebastián Piñera, continuada por Gabriel Boric y hoy detenida en el Senado— que somete la gestión municipal a la Contraloría, nombra contralor por Alta Dirección Pública y exige auditorías externas cada cuatro años. La eficiencia del gasto municipal es muy baja: no basta con achicar el agua, hay que tapar la filtración.




