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Debate de seis aspirantes a liderar la ONU: tono moderado, mucha reflexión y ninguna interpelación

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Escrito por:César Vega Martínez

El jueves se realizó un debate entre seis aspirantes a la Secretaría General de la ONU, una instancia que operó más como un intercambio de ideas que como un enfrentamiento, sin cruces directos entre candidaturas y con una moderación complaciente.

Participaron Michelle Bachelet, María Fernanda Espinosa, Rebeca Grynspan, Rafael Grossi, Carolyn Rodrigues-Birkett y Macky Sall.

En sus intervenciones, Bachelet, Espinosa, Rodrigues-Birkett y Grynspan destacaron su trayectoria dentro del sistema de Naciones Unidas; Grossi, por su parte, remarcó su liderazgo en la Organización Internacional de Energía Atómica. Sall centró su mensaje en revitalizar el multilateralismo y promover soluciones impulsadas desde los gobiernos africanos.

El encuentro en el Salón de la Asamblea General mostró más coincidencias que discrepancias en torno a prioridades como robustecer a la ONU, privilegiar el diálogo para resolver conflictos, reconocer las tensiones que enfrentan ciertas democracias y acelerar la acción climática.

A propósito de la crisis en el estrecho de Ormuz, se pidió a los candidatos cómo asegurarían la relevancia de la ONU en un proceso de paz pese a bloqueos en el Consejo de Seguridad. Las respuestas convergieron: perseverar, seguir intentando y no desistir. “Una cosa que el secretario general no tiene el lujo de hacer es no intentarlo”, afirmó Carolyn Rodrigues-Birkett, reciente postulante y una de las más aplaudidas. Macky Sall subrayó su capacidad para “hablar con todos”, mientras Michelle Bachelet propuso emplear las herramientas de la Carta de la ONU y tender puentes entre las partes. Rebeca Grynspan definió la labor del cargo como “abrir posibilidades de acuerdo”.

Rafael Grossi sostuvo que el secretario general debe “proponer soluciones concretas, escuchar, evitar la confrontación y estar presente para resolver”. María Fernanda Espinosa lo describió como un “mediador honesto” y llamó a activar toda la capacidad de la ONU para mitigar impactos y asistir a los países afectados por las crisis. Todos aprovecharon para exhibir su experiencia al frente de gobiernos u organismos internacionales y coincidieron en reforzar el multilateralismo. Grossi advirtió sobre el riesgo de una “fragmentación” creciente: “Podríamos llegar a normalizar cancelarnos unos a otros. Para eso aún hay una ONU”.

En cuanto a las prioridades para los primeros 100 días, plantearon metas similares: impulsar la diplomacia preventiva, hacer más eficiente la organización, abordar la falta de liquidez y reconstruir la confianza pública. En su cierre, Bachelet pidió una ONU “más magra, pero musculosa”, junto con mayor financiamiento para el desarrollo y la acción climática, y criticó la falta de foco en la seguridad de la Agenda 2030. Rodrigues-Birkett fue la otra candidata que aludió a esa hoja de ruta, proponiendo consultas para una “Agenda post-2030” centrada en derechos humanos y desarrollo.

Se prevé que en los próximos meses el Consejo de Seguridad acuerde un nombre y recomiende a la Asamblea General a quien sucederá a António Guterres antes de que concluya su mandato el 31 de diciembre de 2026.