El jueves se realizó un debate entre seis aspirantes a la Secretaría General de la ONU, una instancia que operó más como un intercambio de ideas que como un enfrentamiento, sin cruces directos entre candidaturas y con una moderación complaciente.
Participaron Michelle Bachelet, María Fernanda Espinosa, Rebeca Grynspan, Rafael Grossi, Carolyn Rodrigues-Birkett y Macky Sall.
En sus intervenciones, Bachelet, Espinosa, Rodrigues-Birkett y Grynspan destacaron su trayectoria dentro del sistema de Naciones Unidas; Grossi, por su parte, remarcó su liderazgo en la Organización Internacional de Energía Atómica. Sall centró su mensaje en revitalizar el multilateralismo y promover soluciones impulsadas desde los gobiernos africanos.
El encuentro en el Salón de la Asamblea General mostró más coincidencias que discrepancias en torno a prioridades como robustecer a la ONU, privilegiar el diálogo para resolver conflictos, reconocer las tensiones que enfrentan ciertas democracias y acelerar la acción climática.
A propósito de la crisis en el estrecho de Ormuz, se pidió a los candidatos cómo asegurarían la relevancia de la ONU en un proceso de paz pese a bloqueos en el Consejo de Seguridad. Las respuestas convergieron: perseverar, seguir intentando y no desistir. “Una cosa que el secretario general no tiene el lujo de hacer es no intentarlo”, afirmó Carolyn Rodrigues-Birkett, reciente postulante y una de las más aplaudidas. Macky Sall subrayó su capacidad para “hablar con todos”, mientras Michelle Bachelet propuso emplear las herramientas de la Carta de la ONU y tender puentes entre las partes. Rebeca Grynspan definió la labor del cargo como “abrir posibilidades de acuerdo”.
Bachelet en debate por la ONU: "Fui presionada cuando era Alta Comisionada de DDHH, y resistí"https://t.co/XJ48xZ0zlC
— BioBioChile (@biobio) July 23, 2026
Rafael Grossi sostuvo que el secretario general debe “proponer soluciones concretas, escuchar, evitar la confrontación y estar presente para resolver”. María Fernanda Espinosa lo describió como un “mediador honesto” y llamó a activar toda la capacidad de la ONU para mitigar impactos y asistir a los países afectados por las crisis. Todos aprovecharon para exhibir su experiencia al frente de gobiernos u organismos internacionales y coincidieron en reforzar el multilateralismo. Grossi advirtió sobre el riesgo de una “fragmentación” creciente: “Podríamos llegar a normalizar cancelarnos unos a otros. Para eso aún hay una ONU”.
En cuanto a las prioridades para los primeros 100 días, plantearon metas similares: impulsar la diplomacia preventiva, hacer más eficiente la organización, abordar la falta de liquidez y reconstruir la confianza pública. En su cierre, Bachelet pidió una ONU “más magra, pero musculosa”, junto con mayor financiamiento para el desarrollo y la acción climática, y criticó la falta de foco en la seguridad de la Agenda 2030. Rodrigues-Birkett fue la otra candidata que aludió a esa hoja de ruta, proponiendo consultas para una “Agenda post-2030” centrada en derechos humanos y desarrollo.
Se prevé que en los próximos meses el Consejo de Seguridad acuerde un nombre y recomiende a la Asamblea General a quien sucederá a António Guterres antes de que concluya su mandato el 31 de diciembre de 2026.




