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La pugna mundial por tierras raras abre una opción económica para Chile y América Latina

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Escrito por:Franco López

Aunque su nombre sugiera lo contrario, las tierras raras están ampliamente distribuidas en la corteza terrestre y presentes en numerosos dispositivos cotidianos, como computadores, teléfonos móviles y vehículos.

Este grupo comprende 17 elementos químicos. No son “raros” por escasez —el cerio, por ejemplo, es más abundante que el cobre—, sino porque rara vez se encuentran en concentraciones altas en un único yacimiento. Suelen estar dispersos en distintos minerales, lo que complica y encarece su extracción, explicó a Deutsche Welle (DW) Sergio Ticona, investigador de la Universidad Nacional de San Agustín (Perú).

En la puja global por recursos estratégicos, estos elementos se han vuelto clave. China lidera tanto en número de yacimientos como en capacidad de refinación.

Ante este escenario, varios países latinoamericanos, incluido Chile, están moviéndose para asegurar un espacio en las cadenas de suministro y no quedar rezagados en el mercado de tierras raras. incluido Chile,

Tierras raras: ni “tierras” ni “raras”, pero codiciadas por China y EEUU

El listado incluye 15 lantánidos: lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio.

A ellos se suman escandio e itrio, que suelen coexistir con los lantánidos, de acuerdo con el portal Tierra y Tecnología.

El término “tierra” proviene de la antigua denominación química para ciertos óxidos; con el tiempo, ese uso terminó arraigándose en el nombre con el que hoy se les conoce.

Ticona señaló a DW que el reto no es solo ubicar yacimientos, sino detectar aquellos con concentraciones económicamente aprovechables y contar con tecnología que permita separar los elementos con criterios ambientales estrictos.

¿Por qué generan tanto interés?

Porque varios de ellos —como praseodimio, neodimio, disprosio y terbio— poseen propiedades magnéticas, ópticas y electroquímicas excepcionales, esenciales para baterías, pantallas, chips e imanes permanentes de alto rendimiento usados en motores eléctricos, turbinas eólicas, drones y sistemas de defensa, entre otros.

En el contexto de la tensión comercial entre China y Estados Unidos, Pekín ha endurecido los controles a la exportación de estos materiales. China concentra más del 70% de la extracción y más del 85% del refinado, y alberga Bayan Obo, el mayor yacimiento de tierras raras del planeta.

Latinoamérica en el tablero global

La región aparece en medio de esta competencia. Solo un país extrae actualmente tierras raras de forma activa, mientras otros —como Chile— empiezan a dar pasos concretos en la industria.

Aun así, la carrera por nuevos yacimientos “sigue siendo una pelea entre enanitos contemplada plácidamente por el gigante que es China”, afirmó a DW Antoni Camprubí, del Grupo de Investigación de Mineralogía, Yacimientos Minerales y Geofluidos del Instituto de Geología de la UNAM.

En América Latina, Brasil es hoy el único productor activo, con operaciones en Goiás, un proyecto en Minas Gerais y hallazgos en Amazonas, São Paulo y Paraná, entre otros. El USGS estima que el país dispone de 21 millones de toneladas métricas en óxidos de tierras raras.

En el caso chileno, se avanza con paso firme hacia una industria extractiva, con Penco como epicentro del principal proyecto nacional.

El plan de Aclara Resources —relacionado con CAP— para extraer arcillas recibió luz verde del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) en mayo, y en junio la Comisión de Evaluación Ambiental (CEA) del Biobío lo aprobó por unanimidad.

La iniciativa contempla una inversión de US$130 millones y la creación de 2.200 empleos directos e indirectos durante nueve años. Se proyecta una capacidad de 3.100 toneladas húmedas anuales de concentrado —equivalentes a 1.700 toneladas secas—, mediante extracción mecanizada sin uso de explosivos.

Además, a fines de julio el Gobierno chileno se adhirió al llamado Pax Silica, la iniciativa impulsada por Estados Unidos para fortalecer con países aliados las cadenas de suministro de silicio —base de los microchips— y de tierras raras, junto con promover investigación y cooperación.

Mientras otros países de la región evalúan proyectos o confirman depósitos con potencial, Ticona advirtió a DW que la prioridad debe ser “evitar que la región se limite a exportar concentrados y luego termine importando, a precios mucho más altos, los productos tecnológicos fabricados con esos mismos minerales”.

Irene del Real, geóloga de la Universidad Católica de Chile, añadió que sin políticas públicas que impulsen la cadena de valor, las mineras preferirán la opción más rentable, que suele ser exportar concentrado a China.

Estos desarrollos también generan reparos en las comunidades aledañas.

Del Real destacó que los depósitos de regolito o arcillas iónicas —como los de Brasil y Chile— no dejan residuos radioactivos, un mito que conviene desmentir. Aun así, recordó que parte de la producción mundial no termina solo en electrónica de consumo o centros de datos, sino también en material bélico, y que “hasta donde sé, no existe trazabilidad al respecto”.

En el Biobío, el movimiento “Penco sin mineras” anunció, tras la aprobación del proyecto, que “vamos a agotar todas las instancias, no solamente legales y administrativas, también vamos a articularnos como movimiento para hacer toda la presión social que se requiera” para manifestar su rechazo.