Pese a su nombre, las tierras raras están ampliamente distribuidas en el planeta y presentes en numerosos dispositivos cotidianos, como computadores, teléfonos móviles y vehículos.
Son 17 elementos químicos que no resultan escasos en términos absolutos —el cerio, por ejemplo, supera al cobre en abundancia—, pero rara vez aparecen concentrados, lo que encarece y complica su extracción al encontrarse dispersos en distintos minerales, explicó a Deutsche Welle (DW) Sergio Ticona, investigador de la Universidad Nacional de San Agustín, en Perú.
En la competencia global por estos recursos, China lleva la delantera tanto por la cantidad de yacimientos como por su músculo de refinación.
Aun así, varios países latinoamericanos, incluido Chile, están moviéndose para posicionarse en las cadenas de suministro de estos elementos y no quedar rezagados en un mercado estratégico.
incluido Chile, están pasando a la acción para no quedarse atrás y tomar un lugar en la disputa por las cadenas de suministro de tierras raras.
Tierras raras: ni “tierras” ni “raras”, pero clave para China y Estados Unidos
El conjunto incluye 15 lantánidos: lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio.
También se consideran el escandio y el itrio, pues suelen encontrarse junto a los lantánidos, según el portal Tierra y Tecnología.
Lo de “tierras” proviene de la antigua denominación química para ciertos óxidos, término que acabó consolidándose en el uso común.
Ticona señaló a DW que el reto no es solo detectarlas, sino ubicar depósitos con rentabilidad y contar con tecnología para separarlas de manera ambientalmente responsable.
¿Por qué despiertan tanto interés?
Porque elementos como praseodimio, neodimio, disprosio y terbio poseen propiedades magnéticas, ópticas y electroquímicas excepcionales, indispensables para baterías, pantallas, chips e imanes permanentes de alto rendimiento usados en motores eléctricos, turbinas eólicas, drones y sistemas de defensa, entre otros.
En este contexto de tensión comercial entre China y Estados Unidos, no extraña que Pekín haya reforzado los controles a la exportación. China concentra más del 70% de la extracción y sobre el 85% del refinado, y alberga Bayan Obo, el mayor yacimiento mundial.
América Latina en el tablero geopolítico
La región aparece en medio de la disputa: solo un país produce actualmente y otros, como Chile, comienzan a dar pasos hacia una industria propia.
No obstante, esta carrera por nuevos yacimientos “sigue siendo una pelea entre enanitos observada con calma por el gigante que es China”, advirtió a DW Antoni Camprubí, del Instituto de Geología de la UNAM.
En la zona, Brasil es el único productor activo, con operaciones en Goiás, un proyecto en Minas Gerais y hallazgos en Amazonas, São Paulo y Paraná, entre otros. De acuerdo con el USGS, dispone de 21 millones de toneladas métricas en óxidos de tierras raras.
Chile destaca entre los países que más han avanzado hacia una cadena extractiva, con el proyecto de Penco como referente.
La iniciativa de Aclara Resources —en la que también participa CAP—, enfocada en la extracción de arcillas, obtuvo la recomendación favorable del SEA en mayo y en junio la CEA del Bío Bío la aprobó por unanimidad.
La inversión asciende a US$130 millones y proyecta 2.200 empleos directos e indirectos durante 9 años. Se estima una capacidad de 3.100 toneladas húmedas anuales de concentrado —equivalentes a 1.700 toneladas secas—, mediante extracción mecanizada sin uso de explosivos.
Además, a fines de julio el Gobierno suscribió el llamado Pax Silica, la iniciativa de Estados Unidos para fortalecer, junto a países aliados, las cadenas de suministro de silicio —base de los microchips— y de tierras raras, además de promover cooperación e investigación.
Mientras otros países de la región evalúan proyectos y mapean potenciales depósitos, Ticona subrayó a DW que es clave “evitar que la región se limite a exportar concentrados para luego recomprar, mucho más caros, los productos tecnológicos fabricados con esos mismos minerales”.
Irene del Real, geóloga de la Universidad Católica de Chile, advirtió que, sin políticas de fomento claras, las compañías priorizarán la opción más rentable, que a menudo implica enviar concentrados a China.
Estos desarrollos también generan inquietudes en las comunidades cercanas.
Del Real aclaró que los depósitos de “regolito o arcillas iónicas —como los de Brasil y Chile— no dejan residuos radioactivos; es un mito importante de despejar”. Añadió que no todo el output de tierras raras alimenta solo computadores o centros de datos: también se usa con fines militares y “hasta donde sé, no existe trazabilidad en ese aspecto”.
En el caso del Bío Bío, el movimiento “Penco sin mineras” anunció que “agotará todas las instancias, no solo legales y administrativas; también nos articularemos como movimiento para ejercer toda la presión social necesaria” en rechazo a la decisión de las autoridades.




