Chile encara un nuevo escollo en su agenda comercial: los aranceles fijados por Estados Unidos que impactan al país. La decisión, que subió el gravamen del 10% al 12,5% tras expirar el plazo previsto en el Acta de Comercio de 1974, tensiona la relación bilateral y reaviva la discusión sobre el cumplimiento de los tratados internacionales vigentes.
Felipe Larraín, economista, exministro de Hacienda y director de CLAPES UC, evalúa las consecuencias para la economía chilena, el margen real de maniobra en una negociación con la administración Trump y las rutas estratégicas para ampliar destinos y canastas exportadoras, incluida la apuesta por posicionar a Chile como un hub financiero regional.
Los aranceles de Trump y el quiebre del orden comercial
—¿Tomó por sorpresa la medida de Estados Unidos? ¿Son atendibles los argumentos sobre economías subsidiadas?
Para ponerlo en contexto, hay que volver al llamado Día de la Liberación, a inicios de abril de 2025, cuando el presidente Trump presentó en televisión un esquema arancelario nuevo para una larga lista de economías, sustentado en una fórmula defectuosa. Así comenzó todo. Más tarde, la Corte Suprema, en un fallo 6-3, determinó que no podía fijar aranceles por decreto y que debía contar con aprobación del Congreso. Entonces se recurrió al Acta de Comercio de 1974, que en el caso de Chile fijó un arancel de 10% por tiempo acotado, plazo que venció en junio. Al expirar, se argumentó que Chile importa bienes provenientes de países con trabajo forzado y el gravamen subió de 10% a 12,5%. Pero desde 10% lo razonable era volver a 0%. Es una mala señal: existe un TLC vigente y lo natural es respetarlo. Estados Unidos, al aplicar estos aranceles, desconoce un acuerdo firmado entre Estados soberanos.
—¿Qué horizonte tiene una negociación? ¿Hay señales de buena fe por parte de Donald Trump?
Corresponde sentarse a negociar, aunque el diálogo parte con un 12,5% ya aplicado. La buena fe implica revisar evidencia, fundamentos y, en función de eso, retirar al menos parte del gravamen. Sería excesivo esperar la eliminación completa. Ojalá se reduzca, quizá 2,5 puntos. El 10% adicional luce difícil de revertir, porque la política exterior de Estados Unidos se ha tornado especialmente agresiva en comercio.
—Pese a que Chile pareciera ser un aliado cercano…
La relación ha sido histórica. Sí, hay países en una situación peor y ciertos bienes, como el cobre, quedaron exentos. Una vía sería ampliar el listado de exclusiones. Aun así, preocupa la erosión de las reglas que han sostenido el comercio global: se desatienden organismos como la OMC y se desconocen acuerdos bilaterales. No dramatizaría, pero hay que responder con firmeza y serenidad: negociar sin estridencias, con buen análisis y argumentos sólidos.
—¿Cuál es el efecto concreto para la economía chilena?
Estados Unidos es el segundo socio comercial de Chile; China es el primero, con cerca del 40% de las exportaciones. Hacia Estados Unidos va en torno al 15%, y en sectores como salmón, ciertas frutas y maderas con valor agregado, su rol es clave. El salto de 10% a 12,5% no descalabra la economía, pero sí es una mala noticia para industrias chilenas muy competitivas.
—¿Chile deberá optar entre China y Estados Unidos? ¿Empuja Trump a ese dilema?
Chile no debe verse obligado a elegir. Hay que ser socios confiables de todos con quienes comerciamos, siguiendo los principios que han guiado por décadas nuestra política exterior y comercial. Ojalá prospere la argumentación y se revierta al menos parte del arancel, aunque nada está asegurado en un entorno muy incierto, con sobresaltos comerciales y conflictos como el del Medio Oriente.
Chile como exportador de servicios financieros
—¿Qué opciones tiene Chile para diversificarse? ¿Es realista la idea de exportar servicios financieros, como se discutió en CLAPES UC?
Más allá del momento actual —y con mayor razón ahora— hay que profundizar la diversificación de mercados y de la oferta, incluyendo servicios. No es sano concentrarse en pocos destinos. Por ejemplo, India representa hoy cerca del 3% del intercambio chileno: es muy bajo para el país más poblado del planeta y con crecimiento cercano al 7%. No será sencillo: existe solo un acuerdo de alcance parcial, bastante estrecho. Aun así, múltiples productos chilenos podrían ser competitivos allí y acceder a un mercado enorme, con menor ingreso per cápita que China pero con mayor dinamismo. También hay espacio en Medio Oriente, pese a la coyuntura bélica. La clave es perseverar en la estrategia de apertura bilateral que Chile impulsa desde los 90, con gobiernos de distintos signos.
-¿Y es factible el camino de los servicios financieros?
Es una apuesta prioritaria. En el segundo gobierno del presidente Piñera se impulsó a Chile como centro financiero y exportador de servicios. En Clapes UC se estudiaron centros financieros de talla mundial y pequeños —más que Chile en tamaño— como Luxemburgo, Singapur, Hong Kong e Irlanda. Chile supera a todos en población y territorio, y en América Latina tiene una oportunidad singular. Singapur, por ejemplo, exporta US$63.000 millones en servicios financieros y de seguros; Chile, apenas US$720 millones. ¿Qué ofrecer? Primero, un mercado para que empresas latinoamericanas —que por escala no llegan a Nueva York o Londres— emitan en Chile y reciban servicios financieros locales. Segundo, gestión de fondos para terceros destinada a clientes de toda la región.
Hay un dato positivo: el Gobierno anunció que, tras el proyecto de ley de reconstrucción, presentará una iniciativa para profundizar el mercado de capitales.




