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EEUU reactiva la Doctrina Monroe y busca un protectorado hemisférico que abarcaría a Chile

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Néstor AburtoPeriodista. Director de Contenidos en Radio Bío Bío Santiago

La difusión de un video oficial del Departamento de Estado de Estados Unidos volvió a poner en primer plano uno de los principios más discutidos de su política exterior: la Doctrina Monroe.

El material no se limita a un repaso histórico. Articula un hilo narrativo que sitúa la doctrina, proclamada el 2 de diciembre de 1823, como la base de la estrategia que Washington pretende impulsar hoy en el hemisferio occidental.

La pieza adquiere mayor significación al coincidir con el empuje que la administración de Donald Trump ha dado al llamado Escudo de las Américas, presentado por autoridades estadounidenses como una nueva arquitectura de cooperación en seguridad para el continente.

En ese marco, ha llamado la atención que Chile figure dentro de esa proyección regional, pese a que el Estado chileno no ha anunciado oficialmente si se sumará, ni el Gobierno de José Antonio Kast ha detallado ante el Congreso o la ciudadanía el alcance político de una eventual participación.

La publicación también abrió debate luego de que la internacionalista Paz Zárate advirtiera en X que el mensaje estadounidense busca instalar una lógica que trasciende la cooperación militar.

“Propaganda trumpista pretende justificar que todo el continente americano —no sólo Venezuela— acepte el protectorado de un EE.UU. imperial. Chile proclamó su independencia en 1818. Y más allá de toda diferencia interna, los chilenos nunca consentiremos en someternos a nadie”, escribió.

De advertencia europea a liderazgo hemisférico

El video sitúa el contexto de 1823: el imperio español perdía sus dominios en América y en Europa se evaluaba recuperarlos. Según el relato, Estados Unidos miraba con inquietud un retorno de las potencias europeas mientras buscaba moldear un nuevo orden regional.

Impulsado por John Quincy Adams, James Monroe decidió no avanzar en una declaración conjunta con Gran Bretaña y proclamó que los continentes americanos no volverían a ser objeto de colonización europea. Desde allí, el material traza una evolución de más de dos siglos.

Primero, la doctrina se presentó como un escudo para frenar intervenciones europeas. Más tarde, según el video, fue reinterpretada como una afirmación del predominio estadounidense en el hemisferio.

Entre los hitos citados se incluyen la controversia con Gran Bretaña en 1895, la guerra hispano-estadounidense de 1898, el Corolario Roosevelt, la independencia de Panamá y la construcción del Canal, la Crisis de los Misiles en Cuba y, después, la política de Ronald Reagan frente a Nicaragua. La conclusión: la doctrina ha funcionado como un pilar constante de la política exterior de EE.UU., más allá de quién gobierne.

Trump y la proyección hacia la región

En su tramo final, el video enlaza esa trayectoria con la administración de Donald Trump. Sostiene que la doctrina encontró en Trump a su “más reciente defensor” y menciona la Operación Absolute Resolve, presentada como la captura de Nicolás Maduro para enfrentar cargos por narcoterrorismo en Estados Unidos.

Luego atribuye al mandatario una declaración según la cual, bajo la nueva estrategia de seguridad nacional, “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”. El cierre subraya que lo que empezó como una advertencia a Europa devino en un marco de predominio regional de largo aliento.

El Escudo de las Américas

La estrategia respaldada por Washington abrió una nueva fase este martes con el inicio, en Ciudad de Panamá, de la reunión de la Coalición contra los Carteles de las Américas, o Escudo de las Américas, que congrega a cerca de veinte países, entre ellos Chile, para coordinar acciones contra el narcotráfico y el crimen organizado. Según la Embajada de EE.UU., este miércoles asiste el secretario de Defensa, Pete Hegseth.

Trump presentó formalmente la coalición en marzo. La semana pasada, el Comando Sur anunció el Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental, con 18 países participantes. Su comandante, el general Francis Donovan, aseguró que será “el brazo ejecutor” del Comando Sur frente a amenazas regionales.

En la apertura, el ministro panameño de Seguridad Pública, Frank Ábrego, señaló que las organizaciones criminales articulan narcotráfico, lavado de activos, trata de personas y tráfico de armas, emplean tecnologías avanzadas y reclutan menores, por lo que defendió una respuesta coordinada.

El encuentro coincide con el ejercicio militar Panamax 2026, que reúne a unos 1.700 efectivos de 19 países, incluido Chile, y con la difusión del video del Departamento de Estado que reivindica la Doctrina Monroe como sustento histórico de la actual estrategia hemisférica de EE.UU.

Un debate ausente en Chile

Hasta ahora, la posible incorporación de Chile a esa estrategia no ha sido discutida en profundidad a nivel país. Aunque el tema ha sido abordado en Radio Bio Bio, no ha escalado a un debate nacional.

Tampoco se ha dado una deliberación política sobre las implicancias de una arquitectura regional delineada desde Washington, que reivindica explícitamente la Doctrina Monroe como antecedente.

En paralelo, fuentes vinculadas a la política exterior han expresado reservas respecto de la conveniencia de que el ministro de Defensa, Fernando Barros, asista a la próxima reunión del Escudo de las Américas, subrayando que estas instancias requieren una evaluación diplomática cuidadosa por las señales estratégicas que proyectan para Chile.

El Gobierno de José Antonio Kast no ha planteado públicamente esta discusión ni ha explicitado una posición oficial sobre los alcances políticos de la iniciativa estadounidense. No obstante, el énfasis en el combate al crimen organizado y la instrucción de que Chile se retire del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), tras 55 años de pertenencia desde 1971, podrían anticipar el tono del debate por venir.

Traducción íntegra realizada por BioBioChile del video difundido por el Departamento de Estado

A continuación reproducimos la traducción completa del contenido del video difundido oficialmente por el Departamento de Estado de Estados Unidos:

“Es 1823 y el mapa de América está siendo redibujado. España ha pasado siglos construyendo un imperio en el Nuevo Mundo que se extiende desde la Patagonia hasta California. Pero su dominio comenzaba a desmoronarse rápidamente. Una tras otra, las colonias españolas declaran su independencia.

Mientras tanto, en Europa, las antiguas potencias imperiales no están dispuestas a aceptarlo. Se preguntan: ¿qué impediría que recuperáramos todos esos territorios?

Estados Unidos apenas llevaba unas décadas como nación independiente tras la Revolución Americana. Luego había vuelto a enfrentarse a Gran Bretaña en la Guerra de 1812. Washington observaba con preocupación cualquier intento de las potencias europeas por intervenir nuevamente en el continente americano.

Al mismo tiempo, veía una oportunidad para establecer un nuevo orden.

Gran Bretaña, interesada en proteger su comercio con las nuevas naciones independientes, propuso una declaración conjunta con Estados Unidos para disuadir cualquier intervención europea.

Pero el secretario de Estado, John Quincy Adams, desconfiaba de las verdaderas intenciones británicas. Convenció al presidente James Monroe de actuar de manera independiente.

Monroe presentó entonces ante el Congreso una de las declaraciones diplomáticas más audaces de la historia de Estados Unidos:

“Los continentes americanos, por la condición libre e independiente que han asumido y mantienen, no deberán ser considerados en adelante como objeto de futura colonización por parte de ninguna potencia europea”.

Estados Unidos, aún una joven nación de frontera, comenzaba a posicionarse como la principal potencia del Nuevo Mundo y sentaba las bases de siglos de política exterior en el hemisferio occidental.

Aunque en sus primeros años dependía del poder disuasivo de la Marina británica para hacer cumplir esa declaración, la Doctrina Monroe transformó el papel de Estados Unidos en el orden internacional.

Durante décadas, la doctrina funcionó como un escudo defensivo mientras el país expandía sus fronteras hacia el oeste.

Fue invocada cuando Francia instaló un emperador en México, contribuyendo finalmente a la retirada francesa. También marcó el debate sobre intentos de anexión, como el de la República Dominicana.

Sin embargo, esos eran usos defensivos: impedir la intervención europea, no afirmar el control estadounidense sobre los asuntos del hemisferio.

Eso cambió en 1895.

Ese año, el secretario de Estado Richard Olney invocó la doctrina declarando que Estados Unidos ejercía, en la práctica, una suerte de soberanía sobre el hemisferio occidental y exigió que Gran Bretaña sometiera una disputa a arbitraje estadounidense.

Había redefinido la doctrina.

Ya no era solo una advertencia.

Ahora era una afirmación de primacía regional.

Tres años más tarde estalló la guerra contra España y, cuando el conflicto terminó, el hemisferio había cambiado.

Estados Unidos expulsó a España de Cuba, tomó el control de Puerto Rico y emergió como una auténtica potencia imperial con dominio sobre el Caribe.

Solo cuatro años después, esa posición volvió a ser puesta a prueba.

Buques de guerra alemanes y británicos navegaron hacia Venezuela y bloquearon sus puertos debido a deudas impagas.

El presidente Theodore Roosevelt intervino y proclamó que, si una nación latinoamericana caía en el caos o la inestabilidad, Estados Unidos actuaría para restablecer el orden.

La doctrina había comenzado como un escudo.

Roosevelt acababa de convertirla en un mandato de intervención.

Una nueva oportunidad para consolidar el liderazgo estadounidense en el hemisferio llegó en 1903, cuando Panamá se independizó de Colombia.
Tanto Europa como Estados Unidos llevaban años buscando construir un canal en Centroamérica que permitiera conectar los océanos Atlántico y Pacífico.

Tras el fracaso del intento francés, Washington vio una oportunidad en el nuevo escenario político.

Estados Unidos respaldó la independencia panameña y obtuvo el derecho a construir, operar y defender el Canal de Panamá.

Con el tiempo, esa vía marítima se convertiría en la arteria comercial más importante del hemisferio, un activo estratégico durante las dos guerras mundiales y un símbolo del liderazgo estadounidense en la región.

Cuando en 1962 se descubrieron misiles soviéticos en Cuba, el presidente John F. Kennedy no necesitó crear un nuevo marco doctrinario.
Simplemente recurrió a la Doctrina Monroe.

Los misiles debían ser retirados.

Tras trece días del enfrentamiento más peligroso de la historia de la humanidad, la Unión Soviética aceptó retirar sus misiles de Cuba.

Años después, Ronald Reagan aplicó la misma lógica para justificar su oposición al régimen sandinista respaldado por la Unión Soviética en Nicaragua y a otros movimientos marxistas, argumentando que las amenazas ideológicas requerían la misma respuesta que las amenazas militares.

Avanzando hasta la era contemporánea, la doctrina encontró a su más reciente defensor en el presidente Donald Trump.

Mediante la denominada Operación Absolute Resolve, Estados Unidos capturó al dictador venezolano Nicolás Maduro y lo trasladó a territorio estadounidense para enfrentar cargos por narcoterrorismo.

Según la narración, esta operación envió una señal contundente a todo el hemisferio, reforzada por una declaración atribuida a Trump:
“Bajo nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”.

A lo largo de más de dos siglos, la declaración de Monroe ha moldeado la política exterior de Estados Unidos bajo gobiernos de distintos signos políticos y en contextos geopolíticos completamente diferentes.

Lo que comenzó como una advertencia dirigida a las potencias europeas evolucionó hasta convertirse en un marco para el predominio regional, que continúa siendo uno de los pilares de la estrategia estadounidense en el hemisferio occidental”.

El audio es la voz y descripción del embajador de Estados Unidos en Panamá, Kevin Marino Cabrera.