El 30 de agosto se cumplirán 15 años desde el fin de la presencia militar de Estados Unidos en Afganistán, una intervención que se prolongó entre 2001 y 2021. Quince días antes de la retirada definitiva, los talibanes habían recuperado Kabul, sellando su dominio en el país.
En ese momento, el presidente Joe Biden defendió la retirada al señalar que priorizaba la seguridad de las tropas estadounidenses.
“El pueblo estadounidense no puede ni debe seguir luchando o muriendo en una guerra que los afganos no quieren librar por sí mismos. Sostengo por completo mi decisión”, declaró en un mensaje a la nación.
“Lamento profundamente lo que vivimos, pero no me arrepiento de haber puesto punto final a la guerra de Estados Unidos en Afganistán”, añadió.
Biden recalcó además que, en su visión, la intervención nunca tuvo por objetivo reconstruir el Estado afgano, sino impedir un nuevo atentado como el del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center.
La retirada dejó escenas imposibles de olvidar: multitudes intentando abordar aviones en el aeropuerto de Kabul y un clima de desorden generalizado. Muchos intuían que el retorno de un gobierno talibán sería difícil de gestionar.
¿Fue un revés para Estados Unidos?
Un informe de la Universidad de Brown estimó que Estados Unidos desembolsó al menos 8 billones de dólares en los conflictos posteriores a 2001, principalmente en Irak, Pakistán y Afganistán.
El estudio calcula entre 897.000 y 929.000 las muertes vinculadas directamente a estas guerras en Medio Oriente.
“Esa cifra incluye militares estadounidenses, fuerzas aliadas, combatientes opositores, civiles, periodistas y personal humanitario fallecidos por acciones bélicas como bombardeos o fuego cruzado”, precisaron.
“Los investigadores aclararon que no se contabilizan las muertes indirectas causadas por enfermedades, desplazamientos forzados o la falta de alimentos y agua potable derivadas del conflicto”, añadieron.
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— Agence France-Presse (@AFPespanol) August 31, 2021
La Casa Blanca insistió entonces en que Kabul no sería “otro Saigón”, en alusión a la caída de 1975 que simbolizó la derrota en Vietnam. Sin embargo, las imágenes y el desenlace evocaron aquel episodio.
El restablecimiento del régimen talibán se produjo en cuestión de días, dando paso a una aplicación estricta de la sharía y a la merma drástica de derechos para mujeres y niñas.
Asimismo, Donald Trump, actual presidente, criticó con dureza a su antecesor y lo responsabilizó de un deterioro del prestigio estadounidense frente a potencias como China o Rusia.
En esa línea, la agencia EFE recoge que, según varios analistas, la retirada de Medio Oriente pudo haber envalentonado a rivales como el presidente ruso Vladimir Putin antes de la invasión de Ucrania.
Pablo Álvarez, analista internacional y académico de la Escuela de Historia de la Universidad Diego Portales, dijo a BioBioChile que, además, puede hablarse de un fracaso interno para Afganistán.
“Fue un fracaso total. El Talibán volvió y con el mismo carácter retrógrado, pese a promesas de renovación. Fue un revés social y económico también. Estados Unidos inyectó miles de millones de dólares y no hubo resultados palpables”, afirmó.
“No se modernizó la infraestructura, la situación de las mujeres no mejoró, el país sigue entre los más pobres del mundo. Y en términos estratégicos, tampoco hubo avances: el terrorismo y la inestabilidad no disminuyeron”, agregó.
Con vídeos que imitan secuestros, los talibanes promocionan el turismo en Afganistán
Crece el turismo en Afganistán mientras el régimen talibán intenta cambiar su imagen.
Expertos advierten que estas campañas podrían blanquear las restricciones impuestas a las mujeres./cc pic.twitter.com/PTAXPqKHSX
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¿Podría replicarse el escenario en Irán?
Cinco años después, Estados Unidos se ha enfrascado en una campaña contra Irán, país vecino de Afganistán, que buscaba precipitar la caída del régimen de los ayatolás. Sin embargo, tras cinco meses, Teherán ha mostrado su capacidad para tensionar el mercado energético global mediante el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Aunque Washington no ha desplegado tropas en terreno, al menos 17 militares estadounidenses han muerto en ataques iraníes contra bases norteamericanas en la región. El conflicto, además, ha perdido apoyo entre los votantes a las puertas de cruciales elecciones legislativas en noviembre.
La experiencia de Kabul no solo alerta sobre el riesgo de guerras interminables, sino también sobre el costo de carecer de un plan para el “día después”, especialmente para una superpotencia que intenta contrapesar el ascenso de China.
Paradójicamente, mientras el recuerdo de Afganistán sigue condicionando la política exterior de Estados Unidos, el país ha quedado casi fuera de su agenda: se han reducido los programas de ayuda y los esfuerzos de reasentamiento para los afganos que colaboraron con Washington durante las dos décadas de conflicto.




