Las relaciones entre Estados Unidos y Corea del Sur son históricas y cruciales para Seúl, que vive bajo la presión constante del Norte. Por eso resulta difícil de entender lo ocurrido el lunes.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la reducción de los ejercicios militares Ulchi Freedom Shield entre ambos países, maniobras consideradas clave para la cooperación y el respaldo de defensa.
Trump ordena reducir ejercicios militares con Seúl y alude a su «muy buena relación» con Kim Jong-un
Lunes 17 Agosto, 2026 | 08:44
La justificación sorprendió aún más: Trump la vinculó directamente a su trato con el líder norcoreano, Kim Jong Un. Para diversos observadores, esto supone un desaire a un socio estratégico de Washington y, a la vez, una señal de concesión hacia un régimen considerado una amenaza.
En el Despacho Oval, el mandatario llegó a destacar sus contactos cordiales con Pyongyang, al tiempo que reprochó a Corea del Sur lo que considera un gasto insuficiente en defensa, una postura que muchos ven como contradictoria.
El domingo, el republicano ya había recalcado que Seúl se negó a respaldar a Washington en su campaña para “desnuclearizar” Irán, punto que reiteró el lunes.
El giro choca con lo dicho hace poco por su secretario de Defensa, Pete Hegseth. En mayo, en Singapur, señaló: “Si quieren ver cómo se comparte la carga, consideren la República de Corea. Corea del Sur ha invertido constantemente en su propia defensa, porque no puede permitirse el lujo de tratar la guerra como un ejercicio académico. Viven en la primera línea del frente y, por lo tanto, desarrollan un verdadero poder de combate”.
De acuerdo con CNN, las declaraciones de Trump despertaron inquietud entre expertos, considerando que Corea del Norte continúa ampliando su capacidad militar, apoya a Rusia en la guerra de Ucrania y mantiene su programa de pruebas nucleares.
Se calcula que el número de ojivas nucleares de Pyongyang se habría duplicado en los últimos cinco años, y el régimen no esconde su intención de seguir avanzando.
Todo ocurre mientras Washington enfrenta el desgaste por las tensiones en Medio Oriente y un enfriamiento con socios de la OTAN, a quienes acusa de falta de apoyo en la campaña contra Irán.
"Yeah, he has," President Trump said when asked Monday if North Korea's Kim Jong Un responded to his decision to scale back joint military exercises with South Korea.
Trump said the move came as South Korea recently declined to join the U.S. effort to denuclearize Iran.
"We… pic.twitter.com/WeRoojm7Pf
— CBS News (@CBSNews) August 17, 2026
Analistas recuerdan que difícilmente el Pentágono podrá ejercer en 2026 el mismo nivel de presión que en el primer mandato de Trump, cuando en 2017, frente a pruebas balísticas norcoreanas, envió tres portaaviones a la zona y amenazó a Pyongyang con “fuego y furia como el mundo jamás ha visto”.
Se cree que Trump, interesado desde hace tiempo en un nuevo encuentro con Kim, podría ver en este gesto una vía para retomarlo. Sin embargo, este viraje implica costos para Estados Unidos y sus socios, advierten las mismas fuentes.
Reuters plantea que estas señales podrían empujar a aliados como Japón y Corea del Sur a acelerar el desarrollo autónomo de capacidades de defensa, reduciendo su dependencia de Washington.
En Seúl, aumentan las presiones sobre el presidente Lee Jae-myung para explorar un programa nuclear propio.
Actualmente, Corea del Sur paga cerca de 1.100 millones de dólares anuales a Estados Unidos por el esquema de disuasión Special Measures Agreements en la península. Pese a ello, durante la campaña de 2024, Trump criticó esa cifra y planteó elevarla a 10.000 millones para el sostenimiento de tropas.
Mientras tanto, el gobierno de Sanae Takaichi en Japón avanza con determinación hacia el abandono de una postura estrictamente defensiva, impulsando el rearme y la modernización de sus fuerzas armadas.




