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Tony Pulguita, el personaje que marcó a generaciones del Biobío

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Una nariz roja, el rostro pintado de blanco y canciones que todavía permanecen en la memoria de quienes fueron niños durante los años 90 y comienzos de los 2000. Detrás de Tony Pulguita está José Ramón Arellano Rodríguez, el hombre que convirtió a un payaso nacido entre calles, plazas y escuelas de la Región del Biobío en uno de los personajes infantiles más recordados de la televisión local.

Su historia volvió a cobrar especial significado esta semana. En el marco del aniversario 177 de Coronel, Arellano fue reconocido como Ciudadano Destacado de la comuna, una distinción a su trayectoria artística, pero también a una faceta que durante décadas acompañó silenciosamente al personaje: su trabajo comunitario y social con niños y niñas.

La Municipalidad de Coronel destacó precisamente esa doble dimensión. No solo al artista y artesano detrás de Tony Pulguita, sino al hombre que dedicó buena parte de su vida a llevar alegría a la infancia de la Región del Biobío.

Un reconocimiento que llega después de más de tres décadas de escenarios, televisión, canciones y encuentros con generaciones que crecieron viéndolo.

Antes de la televisión estuvieron las calles

Mucho antes de las cámaras y de transformarse en un rostro conocido de la televisión regional, José Arellano comenzó trabajando en las calles.

Plazas, actividades comunitarias, colegios y sectores rurales fueron algunos de sus primeros escenarios. Incluso realizó trabajos de propaganda y animación utilizando zancos para atraer al público.

Su personaje fue tomando forma poco a poco. Del payaso chileno tradicional tomó el humor y la picardía, pero decidió agregar algo que terminaría diferenciándolo: utilizar la entretención como una herramienta para enseñar.

La decisión tenía una historia personal detrás.

“Esa inquietud nace de su propia experiencia de vida. Mi papá estudió hasta octavo básico, pero tuvo mucha ‘calle’. Tras su paso por diversos circos, quiso alejarse del payaso tradicional y enfocar su propuesta en la educación infantil”, recuerda su hijo, Ignacio Arellano.

Aquella fórmula encontró finalmente un espacio que cambiaría la trayectoria de Tony Pulguita.

El salto a Canal 9 y una generación frente al televisor

En 1993, José Arellano llegó a Canal 9 Bío-Bío Televisión para integrarse como coanimador de “A la ronda ronda”, junto a la recordada Tía Sandra.

Fue allí donde Tony Pulguita entró definitivamente a los hogares de la región.

El programa infantil alcanzó una importante audiencia y extendió su presencia más allá de la pantalla, con visitas a jardines infantiles, colegios y hogares de menores. Tony Pulguita ya no era solamente el payaso que aparecía en televisión: para muchos niños era un personaje cercano, reconocible y profundamente ligado a su infancia.

Su paso por la televisión también estuvo acompañado por un mensaje que se repetiría durante buena parte de su carrera.

Mientras hacía reír, hablaba sobre prevención del consumo de alcohol y drogas. Mientras cantaba, enseñaba sobre el cuerpo humano, las frutas o las vocales. Y cuando las cámaras se apagaban, esa vocación continuaba.

El borrador familiar que reconstruye su trayectoria recuerda que participó en distintas campañas comunitarias de prevención y que su compromiso con la infancia trascendió sus apariciones televisivas.

Canciones para enseñar, pero también para acompañar

La música se transformó en otra de las herramientas con las que Tony Pulguita consiguió acercarse a los niños.

A lo largo de su trayectoria desarrolló un repertorio cercano a las 40 canciones, entre ellas “Dile no a la droga”, “Soy el Tony Pulguita”, “El Cuerpo Humano” y “La Cumbia de Pulguita”.

Pero hubo escenarios bastante más difíciles que un estudio de televisión o una función frente al público.

Su hijo recuerda especialmente las actividades que organizaba para acompañar a pequeños que atravesaban enfermedades y permanecían hospitalizados.

“Él organizaba jornadas para acompañar a niños en oncología y otras áreas junto a más artistas, entre ellos mis padrinos, Los Tachuelas, y siempre llevaba regalos”, relata Ignacio.

Era otra dimensión del mismo personaje. La nariz roja seguía ahí, pero esta vez no había necesariamente cámaras ni grandes escenarios. Había niños y familias enfrentando momentos complejos y un artista intentando entregarles algunas horas de alegría.

El día en que cumplió uno de sus grandes sueños

La historia de Tony Pulguita también estuvo marcada por metas que alguna vez parecieron lejanas.

Una de ellas era presentarse en la histórica Tortuga de Talcahuano.

Para José Arellano, llegar hasta ese escenario tenía un significado particular. Era una distancia mucho mayor que la que separaba una calle de un escenario: simbolizaba el recorrido de quien había comenzado como vendedor ambulante y que, con los años, consiguió convertirse en un personaje reconocido por miles de familias del Biobío.

Ignacio recuerda aquel momento como el cumplimiento de un viejo anhelo de su padre: “Cuando por fin pisó ese escenario, logró cumplir aquello que tanto anhelaba desde sus días como vendedor ambulante”.

Décadas después llegaría otro reconocimiento, esta vez desde la comuna de Coronel.

Coronel reconoce a Tony Pulguita

El pasado 30 de agosto, en las actividades por los 177 años de Coronel, José Ramón Arellano Rodríguez fue distinguido oficialmente como Ciudadano Destacado 2026.

El municipio fundamentó el reconocimiento en su trayectoria artística y en su labor comunitaria y social, destacándolo como un artista coronelino que ha dedicado su vida a llevar alegría a niños y niñas de la Región del Biobío.

Por motivos personales, Tony Pulguita no pudo asistir a la ceremonia. En su representación recibió la distinción su hijo José Luis Arellano, conocido como “Payasito Sacapica”, quien también ha continuado ligado al mundo artístico.

Desde su familia, el reconocimiento fue recibido como algo que trasciende una estatuilla o una ceremonia.

“Este reconocimiento tiene un significado muy especial para nuestra familia, porque representa una vida dedicada al arte, a la televisión y, sobre todo, a entregar alegría y enseñanzas a generaciones de niños y niñas”, expresó su sobrino y ahijado Bryan Arellano.

El propio Tony Pulguita también reaccionó posteriormente a la distinción y reconoció la emoción que significó recibirla después de tantos años de carrera.

“Este reconocimiento me emociona profundamente, porque representa tantos años dedicados al arte, a la televisión y, especialmente, a entregar alegría, música y enseñanzas a tantas generaciones de niños y niñas”, señaló.

Una nariz roja que quedó en la memoria regional

El reconocimiento llega, además, en un año particularmente simbólico.

En marzo pasado, su hijo Ignacio compartió una reflexión que hizo pensar en una eventual despedida de Tony Pulguita de los escenarios. Después de una presentación junto al circo de Pastelito, contó que su padre se había pintado —según sus propias palabras— por última vez.

La imagen tenía algo de cierre de círculo: el hombre que alguna vez pasó por circos antes de construir un personaje propio regresaba, décadas después, a ese mundo que formó parte de sus comienzos.

“Verlo frente a ese escenario, con años de historia en la piel, con el aplauso sincero de toda una región… emociona de una forma que no se puede explicar, solo sentir”, escribió entonces Ignacio.

Puede que las nuevas generaciones no hayan crecido esperando a Tony Pulguita frente al televisor. La televisión infantil cambió, los programas locales de ese tipo prácticamente desaparecieron y también cambió la forma en que los niños consumen contenidos.

Pero para quienes crecieron en el Biobío durante los años 90 y comienzos de los 2000, basta una nariz roja, un rostro pintado de blanco o las primeras notas de alguna de sus canciones para regresar por un momento a esa época.

Porque antes de las redes sociales, del contenido a demanda y de las pantallas en el bolsillo, hubo una generación de niños del Biobío que encontró compañía frente al televisor en personajes nacidos aquí.

Y uno de ellos se llamaba Tony Pulguita.