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Exministro Marcel critica gestión del precio de combustibles y propone alternativa para mitigar subidas

foto Alberto González
Escrito por:Alberto GonzálezPeriodista de Prensa en BioBioChile

En el marco de un conversatorio en el Centro de Estudios Públicos (CEP), el exministro de Hacienda, Mario Marcel, analizó la gestión del Ejecutivo ante el aumento de los precios de los combustibles y expuso cómo habría actuado si hubiese permanecido al frente de las finanzas públicas.

Marcel señaló que lo fundamental habría sido mantener operativo el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco), aunque con una modificación en sus topes para permitir que el traslado del incremento internacional a los valores locales se produjera de forma más rápida pero gradual.

“Ajustaría en algo los límites, porque con el tope actual de 30 pesos por litro el ritmo habría sido demasiado lento”, afirmó. En su estimación, duplicar ese tope habría evitado saltos bruscos al tiempo que se controlaba el gasto: “Habríamos quedado bastante por debajo de los 300 y tantos pesos, disminuyendo el costo fiscal y dando tiempo a la gente para adaptarse”.

El precedente de 2022

Para fundamentar su planteamiento, el economista rememoró lo ocurrido en 2022, al inicio del gobierno de Gabriel Boric, cuando el estallido de la guerra en Ucrania provocó un alza en los precios del petróleo y de los alimentos.

“Nos encontramos con un panorama similar: fue necesario aplicar un ajuste fiscal importante y enfrentar el shock del petróleo y los alimentos”, señaló.

A pesar de ese contexto complejo, resaltó que la administración optó por hacerse cargo del costo fiscal derivado del Mepco.

“Asumimos los costos asociados y eso formó parte del ajuste de 2022”, subrayó, añadiendo que la consolidación fiscal siguió su curso y que el gasto público se redujo un 23% ese año.

El impacto de los combustibles en las expectativas

Marcel además llamó la atención sobre el efecto psicológico que las bencinas tienen en la percepción económica de la población.

Según su interpretación, la valoración pública no se altera por los números fríos de actividad o empleo —salvo que el empleo entre en una crisis—, sino por los precios que se experimentan día a día.

“Lo que la gente percibe como inflación no es el IPC, sino algunos precios representativos. El más habitual en todo el mundo es el combustible”, explicó. Por eso concluyó que un aumento súbito en las estaciones de servicio termina repercutiendo de forma directa en las expectativas económicas de los hogares.