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Participar regularmente en actividades culturales, como visitar museos, asistir al teatro, ir al cine o presenciar conciertos, podría ayudar a mantener por más tiempo la autonomía y las capacidades funcionales durante la vejez.
Así lo explicó Alejandra Arriagada, directora de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Diego Portales y especialista en geriatría y gerontología, quien destacó que un envejecimiento saludable no depende únicamente de la alimentación, la actividad física o la ausencia de enfermedades.
Dormir bien, aprender cosas nuevas, mantener vínculos sociales y participar en espacios colectivos también son factores relevantes para conservar una mejor calidad de vida.
La especialista se refirió a investigaciones internacionales que han analizado la relación entre la participación cultural y el envejecimiento. Según explicó, quienes asisten con mayor frecuencia a actividades de este tipo podrían mantener durante aproximadamente tres años mejores condiciones funcionales frente a quienes no participan de ellas.
El beneficio no estaría relacionado únicamente con la estimulación intelectual que entrega una exposición, una obra teatral o una película. Salir del hogar también permite encontrarse con otras personas, conversar, construir redes y reducir el aislamiento social.
Estas relaciones pueden convertirse posteriormente en redes de apoyo dentro de las propias comunidades, especialmente en una etapa de la vida en que la soledad y el abandono constituyen factores de riesgo.
Regada aclaró que la fragilidad no es una condición propia de todas las personas mayores, sino un síndrome geriátrico que puede manifestarse mediante pérdida de fuerza, menor velocidad al caminar y dificultades para desarrollar actividades cotidianas de manera independiente.
La mayoría de las personas mayores, sostuvo, mantiene su autonomía. Por ello, cuestionó la idea de asociar automáticamente la vejez con enfermedad, dependencia o encierro.
La sobreprotección familiar también puede limitar innecesariamente sus capacidades. Evitar que una persona salga, estudie, trabaje o participe en actividades por el solo hecho de tener más edad puede acelerar su aislamiento y disminuir su independencia.
La académica planteó que estos antecedentes también abren una discusión sobre la democratización de la cultura. Para acceder a sus beneficios no basta con que existan museos, teatros o conciertos: estos deben estar disponibles en las regiones, ser económicamente accesibles y contar con condiciones de infraestructura adecuadas.
En zonas como el Biobío, agregó, también es necesario considerar el clima y promover actividades en espacios cerrados durante los meses de lluvia y bajas temperaturas.
Municipios y organismos públicos pueden cumplir un papel relevante mediante talleres de arte, música, danza, teatro y otras iniciativas gratuitas o de bajo costo. También se requieren espacios accesibles para personas que utilizan bastones, ayudas técnicas o presentan dificultades de movilidad.
Regada recordó que Chile experimenta un acelerado envejecimiento de su población, por lo que las políticas públicas deben avanzar más allá de la atención de enfermedades.
Entre los desafíos mencionó ampliar los programas preventivos de salud, facilitar el acceso a actividades culturales y físicas, fortalecer las viviendas tuteladas y considerar alternativas como las residencias colaborativas o cohousing.
También llamó a eliminar barreras que dificultan que las personas mayores continúen estudiando, trabajando, emprendiendo o desarrollando proyectos después de jubilarse.
La invitación, afirmó, es a comprender la vejez como una etapa activa de la vida. Nunca es tarde para asistir por primera vez al teatro, entrar a un museo, aprender una disciplina artística o participar en actividades comunitarias.

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